Lo que comenzó como una protesta por las condiciones de las escuelas se extendió por Francia y ahora representa un desafío para el gobierno del presidente Emmanuel Macron.
Las movilizaciones surgieron en la región de París y para el 29 de septiembre ya afectaban a más de 330 escuelas secundarias, de acuerdo con datos del Ministerio de Educación citados por Reuters. Los estudiantes reclamaban más profesores, aulas menos saturadas y mejores condiciones en los edificios escolares.
La protesta creció durante los días siguientes y también aumentaron los episodios de violencia. Se registraron incendios en escuelas, enfrentamientos y daños a instalaciones, mientras alrededor de 400 escuelas permanecían cerradas.
La movilización también se cruzó con el debate sobre el presupuesto educativo de 2027. El Gobierno contempla aumentar 1.7 por ciento los recursos para educación, hasta 65 mil 530 millones de euros, sin contar las pensiones de los profesores. El incremento está por debajo de la inflación, mientras persisten las críticas por la falta de docentes y el deterioro de las instalaciones.
La escalada también se reflejó en las detenciones. En un corte anterior, cerca de 2 mil personas habían sido detenidas durante las movilizaciones. Al 3 de octubre, la cifra ya rondaba las 5 mil, en su mayoría adolescentes, según Reuters.
La crisis adquirió además una dimensión política. Una fuente cercana al primer ministro dijo que los servicios de inteligencia atribuían la organización del movimiento a La Francia Insumisa y grupos de extrema izquierda. El partido de Jean-Luc Mélenchon rechazó la acusación.
Al 3 de octubre, más de 600 policías habían resultado heridos. El jefe de la Policía de París pidió que las movilizaciones regresaran a formas pacíficas. Las organizaciones estudiantiles preparan ahora una nueva jornada nacional para el 6 de octubre.
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