M+.- El atardecer rompe en Willow Brook. Un sol rojizo ilumina las casas, las calles y a los perros callejeros que, tras la deportación de sus dueños, se volvieron un foco rojo, un peligro. Para enfrentarlo, la comunidad llamó a Topos Azteca, la organización de rescatistas mexicanos que abrió un grupo en Nueva Orleans.
Puede parecer un trabajo menor para una organización enfocada en rescates por colapso de edificios e inundaciones, pero no lo es: capturar perros forma parte de proteger a una población que, por miedo de recurrir a las autoridades, ha encontrado en este colectivo una alternativa confiable.
“Por las redadas y las leyes contra los inmigrantes, muchas familias fueron deportadas o auto deportadas y dejaron a sus mascotas. Ahora hay demasiados perros: se están reproduciendo, no sabemos si están vacunas y nos pueden atacar”, dice Cristiane desde el interior de las oficinas de la organización Pueblo de Mola.
Entre pañales, frutas, hortalizas y otras donaciones para familias afectadas por el acoso de ICE, Cristiane Rosales se abre paso para recibir a cinco integrantes de Topos Nueva Orleans encabezados por Salomón Paniagua, el fundador, un michoacano de 53 años, quien vio en la dureza del entorno una oportunidad filantrópica.
“Debería haber Topos en todas las comunidades de Estados Unidos. Son el 911 de los latinos: no nos van a denunciar con el gobierno federal y no nos cobran por la captura de los animales—la ciudad sí lo hace—. Lo hacen de corazón y enseñan a la gente”, dice mientras aprieta la mano de los rescatistas.
Paniagua y su equipo llevan los trajes color naranja distintivos de los Topos en las manos. Overoles impermeables en cuya espalda se lee el nombre de la organización con la variante del país de origen de quien lo porta. Esta tarde hay voluntarios de México, Honduras y Nicaragua.
El trabajo de rescate de Topos es muy respetado entre latinos. No solo por su origen en el sismo de 1985, sino por su trabajo internacional con técnicas especializadas de rescate en espacios reducidos, priorizando la vida incluso en condiciones extremas.
Topos Azteca, al que pertenece Paniagua y el más internacional, ha estado en 40 países con 78 misiones. En América Latina y más lejos, Turquía, España, Italia, Japón, Indonesia, Irán, entre otros.
En Estados Unidos se les tiene presente desde el colapso de las Torres Gemelas en Nueva York y recientemente por su participación durante las inundaciones en Texas causadas por el desbordamiento del río Guadalupe que dejó más de 120 muertos y decenas de desaparecidos, convirtiéndose en una de las emergencias más graves en la región.
Las lluvias cubrieron comunidades enteras en pocas horas. Muchas víctimas eran migrantes que no pedían ayuda por miedo a ser deportados.
“Encontramos familias que habían perdido todo, no tenían qué comer y había niños, pero no salían. Cuando nos vieron con el uniforme naranja de Topos, que es muy llamativo, nos reconocieron y se acercaron”, recuerda Paniagua mientras se coloca su propio overol sobre su ropa del día: ahora está listo para capturar perros en Willow Brook.
“No solo respondemos a emergencias, también generamos confianza en la comunidad”.
Junto a él está su hijo Jeanpierre, los hondureños Carla Castellanos y Anael Tejada, y la veracruzana Olga Tiburcio, voluntarios desde agosto del 2025, cuando se extravió el niño latino de espectro autista Bryan Vázquez. La policía lo buscó infructuosamente por cuatro días y luego dejó la misión. No se reactivó hasta que llegaron los Topos.
El caso de Nueva Orleans: un sueño por cumplir
En agosto de 2025, tras ayudar en Texas a repartir víveres en los centros de acopio; de buscar desaparecidos y extraer cuerpos inertes de entre los lodazales, Paniagua fue a Nueva Orleans para visitar a algunos de los amigos que hizo cuando Topos formó parte de los equipos de rescate del huracán Katrina, dos décadas atrás.
Ahí supo que un niño había desaparecido en Este de Nueva Orleans, Willow Brook, unas calles hacia el sur de donde en este momento los Topos preparan correas y croquetas para atraer a los perros que van de aquí para allá y escapan a la vista.
Para capturarlos se han sumado niños y vecinos con la misma curiosidad que el año pasado. Aunque son menos, menos de una docena frente a los 200 anteriores.
La localización del cuerpo del niño Bryan fue más compleja. Paniagua llegó con su equipo, revisó cámaras de seguridad de los alrededores, cotejó testimonios sobre hacia dónde había caminado el niño, ubicó el punto donde había sido visto por última vez: entre la laguna y los canales habitados por cocodrilos.
Fue hacia allá seguido por un séquito. Olga Escalante, entre ellos, quien se había enterado de toda la situación por televisión y, aunque vive en Kenner, una ciudad vecina, manejó por 40 minutos hasta llegar al lugar de los hechos, recuerda ella frente a Cheddar, una perrita capturada en días pasados que será enviada a Honduras para reunirse con sus dueños deportados tras una recaudación de fondos.
“Cheddar participó en la búsqueda de Bryan, fue entrenada y conmovió a todos cuando se quedó sola”, comenta Cristiane.
Olga asiente y recuerda aquellos días: “Anduvimos en el monte, entre serpientes, buscando pistas”. Así fue como, a sus 63 años, se convirtió en una voluntaria permanente de Topos.
Es una mujer fuerte, empujada en la madurez a esta ciudad, a la migración. Su tía tenía un comedor en Huejutla, Hidalgo, donde atendían a inmigrantes centroamericanos de paso. Con algunos de ellos hizo amistad y la invitaron a Nueva Orleans cuando ella se vio en apuros para pagar los estudios de sus tres hijos tras el abandono de su esposo.
“Cuando llegué, todo estaba desolado”, recuerda. “Había trabajo, pero no había comida; a veces tenías dinero, pero nada que comprar”, dice.
Desde entonces trabaja en construcción. Quitó escombros, sacó madera, puertas, ventanas. Luego aprendió a poner yeso, acabados, pintura y textura. Hoy trabaja en la compañía del único que emigró para seguirla “Es un trabajo muy pesado, pero lo aprendí bien”.
Con el dinero ganado compró una casa y dos terrenos en Hidalgo. A veces quiere regresar a Huejutla; otras, seguir ayudando, cuenta.
El ocaso se acerca. Un perro color café claro y pecho blanco merodea por el vecindario. A ratos parece un chacal. Una niña, Sofia, dice reconocerlo.”Se deja agarrar por ella”, confirma Cristiane.
Y advierte: “Es urgente capturarlos ya: hace dos días aquí a lado parió una perrita a ocho”.
Olga usa croquetas como señuelo, Paniagua toma una cuerda; los demás observan de cerca. Sofía, avanza con zancadas cortas, sacudiendo su cabello rizado, mulato.
La organización de Topos es clave. En la búsqueda de Bryan formaron grupos con líderes. Cada grupo tenía alrededor de diez personas y un líder. Salomón pidió a cada representante que tomara los nombre de los integrantes de su equipo y se aseguraran de que todos regresaran juntos al finalizar el día.
Dividió las zonas por calles y asignó áreas específicas de búsqueda. Explicó qué, cómo, cuándo y dónde revisar. Si encontraban algo, no debían tocarlo; dos personas debían quedarse en el lugar mientras el resto iba a avisar a las autoridades.
“Ponle la correa con cuidado”, ordena ahora a Sofía. El perro chacal intenta huir pero lo detiene una malla ciclónica. Gira a la derecha, corre detrás de una camioneta. La niña lo sigue hasta tocarlo: lo calma con caricias.
El animal se deja querer pero aún rehúye a la correa. Ladea la cabeza, esquivo. Ella insiste hasta que lo logra. Paniagua se acerca para tomar el control y al perro chacal no le queda más que saltar, impotente con el lazo en el cuello.
Lo encierran en una jaula. A ver si alguien lo quiere adoptar. En tanto, los Topos calculan que pueden seguir la búsqueda de otros. Casi oscurece pero aún hay un poco de luz para peinar otras calles.
Caminan rápido, pero ya no hay más perros alrededor. Tendrán que volver otro día más temprano. Los voluntarios se dispersan. Paniagua sube a su camioneta de regreso al lugar que es su hogar desde octubre pasado, cuando decidió crear la sucursal de Topos Nueva Orleans.
Pasa por el punto exacto donde encontraron el cuerpo mutilado de Bryan el año pasado, donde hay una cruz, la foto del niño y su nombre.
Recuerda que después de 10 días de búsqueda, uno de los vecinos que no había querido mostrar la cámara aceptó mostrar las imágenes. Así él pudo comparar y establecer que Bryan había entrado directo al agua, confundido por la hierba que crece y tapa parte de las orillas de lagos y pantanos donde acechan los reptiles.
Sacarlo de ahí fue cuestión de persistencia.
Temporada de huracanes, donde los topos brillan
Durante Katrina, Paniagua conoció a Tod Torrel, fundador de la organización United Cajun Navy. Él había perdido su negocio de pesca de camarón, pero aún tenía lanchas que ofreció para ayudar a los rescates cuando se encontró con integrantes de Topos. Ofreció hacer trabajo conjunto: él manejaría las embarcaciones mientras los otros realizarían los rescates en el agua.
Torrel es republicano, abierto seguidor de Donald Trump, lo que genera desconfianza a la comunidad inmigrante, pero trabajar con Topos es otra cosa: los latinos dejan la suspicacia.
El año pasado colaboraron en Veracruz y Texas. “Ellos nos apoyan. Son una organización muy grande, cuentan con todo el equipo: embarcaciones, aviones y helicópteros, que se han puesto a nuestra disposición para apoyar a la gente”, dice Paniagua.
Así surgió la idea de crear Topos Nueva Orleans como una organización sin fines de lucro —non profit— para recibir fondos del Estado y en ese proceso están rumbo a la temporada de huracanes 2026.
“Elegí esta zona porque es una de las de mayor riesgo y desde Luisiana es más fácil desplazarse a lugares como Texas, Mississippi, Alabama y Florida en caso de emergencia. Es un punto estratégico para responder rápidamente”, dice Paniagua.
El grupo comenzó con alrededor de 15 personas, pero con el tiempo algunos se retiraron y otros están temporalmente en otros estados. Los que se quedaron practican los fines de semana para rescates sobre terreno pantanoso en el que no pueden cavar para practicar porque sale agua
“Para adaptarnos, construimos estructuras de práctica con andamios industriales. Simulamos distintos niveles, colocando tablas, cubiertas y obstáculos que recrean condiciones similares a un colapso. No es exactamente lo mismo que un escenario real, pero ayuda a que las personas experimenten la sensación y se preparen”, especifica Paniagua.
“En realidad, la práctica más realista ocurre en situaciones reales, como un terremoto, donde cada rescate es distinto y no hay una fórmula única. Ahora estamos practicando con drones para detectar desde el aire en qué casas hay gente y actuar de manera más rápida y eficiente”
Cuando se localiza a alguien, se llega en lancha, se le ayuda a subir y se le evacua.
Para hacerse de fondos, Anael Tejada, otro de los miembros de Topos Nueva Orleans, cuenta que un amigo suyo les permite vender fruta en canchas de fútbol. “Queremos comprar más herramientas, arneses y motosierras”.
Lo cierto es que una de las principales características de Topos es que no tienen problema en financiar sus objetivos de ayuda. Salomón, por ejemplo, trabaja en la supervisión de seguridad laboral, en una refinería, y parte de su sueldo, lo usa para integrar el equipo de Nueva Orleans.
Anael, por su parte, dice que cuando desapareció el niño Bryan vio una oportunidad de cumplir su sueño de ayudar y pertenecer a un grupo de rescate y por eso se unió a Topos.
“Yo puse cuatrimotos, motos, trabajadores y pagué de mi bolsa el combustible. “Nadie me lo pidió, eso nació de mí”.
Ese es el espíritu de Topos, sea en Estados Unidos, en México o cualquier parte del mundo.