Centros de datos en Medio Oriente, una apuesta audaz

Los complejos en Dubái y Abu Dabi, que dan servicio a las firmas más valiosas de EU, pueden sufrir daños por la guerra

La unidad de Amazon en Emiratos Árabes Unidos fue alcanzada por un ataque con misiles iraníes. REUTERS
Rana Foroohar
Nueva York /

Esta semana, empiezo con una pregunta obvia, que es una que tengo pensando desde hace años. El centro de datos de Amazon en Emiratos Árabes Unidos, alcanzado por un ataque con misiles iraníes, es otro ejemplo de cómo empresas y países están concentrando demasiado de un único insumo económico crítico en una zona de riesgo. Es un ejemplo muy similar al problema de Taiwán con los microprocesadores. Así como no fue bueno para EU, China, Europa ni cualquier otra región concentrar 92 por ciento de todos los chips de alta gama del mundo en un solo lugar, parece un error evidente concentrar tanta potencia de los centros de datos en una zona de gran riesgo en Medio Oriente.

Me sorprendió mucho, después del ataque, descubrir que gran parte de la propuesta de construcción de centros de datos en Estados Unidos se encuentra en Medio Oriente, región que a lo largo de los años ha subsidiado gran parte de la inversión, haciéndola considerablemente más barata, pero que también ha permitido a EU evitar el arduo trabajo de modernizar su propia red y descifrar las políticas y la economía del intercambio de energía a escala nacional. Me parece absurdo que nos preocupe más cortar el suministro de petróleo a China desde Irán, pero no nos preocupe poner infraestructura tecnológica importante y datos sensibles en una zona del mundo con una geopolítica altamente conflictiva.

Por cierto, esto no solo es cosa de la administración Trump. En septiembre de 2024, cuando Joe Biden aún ocupaba la Casa Blanca, EU y los Emiratos Árabes Unidos acordaron profundizar la cooperación en tecnologías avanzadas como semiconductores y energías limpias, con el objetivo de reforzar la capacidad en inteligencia artificial (IA). Microsoft y OpenAI se encontraban entre las compañías estadunidenses que comenzaron a invertir en la región o a recibir financiamiento por parte del Golfo. Parte del acuerdo consistía en intentar atraer a más países a la órbita tecnológica estadunidense, en un momento en que China también los cortejaba. Pero un problema más significativo, en mi opinión, fue el poder de cabildeo de las compañías de tecnología, que estaban y siguen desesperadas por aprovechar los enormes subsidios y la energía barata que ofrecen los países del Golfo que buscan desarrollar una industria de IA.

Así que ahora empiezan a cosechar lo que sembraron, tanto en geopolítica como en geoeconomía. Donald Trump inició una guerra contra Irán que probablemente se prolongará y creará grandes disrupciones tanto en los mercados como en la economía global (lean mi columna de hoy sobre el tema). Irán tiene pocas razones para no seguir atacando cualquier infraestructura de energía o de tecnología que pueda en la región. Así que, mientras las tasas de interés y el riesgo económico aumentan debido a la guerra, los problemas en los mercados financieros pueden agravarse porque los centros de datos en lugares como Dubái y Abu Dabi, que podrían verse afectados, prestan servicio a las empresas que representan la mayor parte del valor de mercado en Estados Unidos.

Hablando de un problema de concentración. Hoy me acompaña en el artículo de Swamp Notes mi colega de San Francisco y columnista de tecnología, Richard Waters. Richard, mis preguntas son las siguientes: ¿Por qué demonios se nos ocurrió que instalar centros de datos en un lugar tan vulnerable geopolíticamente era una buena idea? Incluso en ausencia de una guerra, ¿qué hay de otros riesgos, como el hecho de que esos centros requieren enormes cantidades de agua y refrigeración, y estamos hablando de un desierto? ¿Es este un problema ampliamente conocido y del que se habla en los círculos de tecnología? ¿O los mercados aún tienen que contemplarlo y tomarlo en cuenta? Y, por último, ¿qué ocurrirá cuando lo hagan?

Lecturas recomendadas

-Me fascinó un artículo en The New Yorker sobre la sexóloga Shere Hite, de la era Reagan, que analiza cómo sus intereses y dificultades presagiaron algunos de los matices misóginos del clima político actual.

-La energía es, para mí, la industria más interesante del mundo (además de, tal vez, la tecnología, aunque incorpora mucho de ella). En el pódcast Spillover del Consejo de Relaciones Exteriores, Sebastian Mallaby, Rebecca Patterson y Natasha Kaneva (de JP Morgan) analizan cuánto ha cambiado la dinámica de la industria en los últimos años y qué implicaciones puede tener la guerra contra Irán a largo plazo.

-En Financial Times, Daniel Yergin, autor ganador del Pulitzer por The Prize, la historia definitiva de la industria petrolera, nos da su opinión sobre la guerra con Irán y su impacto. Y Simeon Kerr plantea la pregunta existencial que subyace a algunos de los temas que Richard y yo comentamos anteriormente: ¿Dubái tiene un futuro después de la guerra con Irán?

Richard Waters responde

Rana, debe ser una conmoción desagradable para los jefes del sector de tecnología descubrir que el presidente con el que estuvieron en el Golfo hace menos de un año, anunciando gigantescas inversiones en nuevos centros de datos, tal vez es el que acaba de desatar la inestabilidad en la región. Trump confesó estar sorprendido de que Irán haya puesto en la mira a los estados del Golfo, pero este es el tipo de latigazo que se debe esperar al invertir junto a un mandatario como este. Silicon Valley cree entender algo sobre disrupción: Bienvenidos a la disrupción al estilo Trump.

Sin embargo, el nivel de riesgo de concentración aquí es completamente diferente al de Taiwán. Sí, el proyecto Stargate de 1 GB de Emiratos Árabes Unidos es enorme, y solo la primera etapa de lo que algún día puede convertirse en una instalación de 5 gigavatios (GW). Pero hay que comparar eso con Estados Unidos, donde ya se presentaron planes para 150 GB de nuevos centros de datos, y donde 24 estados planean construir al menos 1 GW.

Con un costo de cada gigavatio estimado entre 40 mil y 50 mil millones de dólares, el riesgo en el Golfo es enorme; sin embargo, tal como están las cosas, los mercados tienen preocupaciones mucho más importantes, como si toda esa capacidad nacional de inteligencia artificial llegará a construirse.

Existen argumentos muy sólidos para establecer un centro regional de datos de inteligencia artificial en el eje de Europa y Asia, y Arabia Saudita y los países del Golfo aún tienen buenas razones (a pesar del desierto). La energía barata y los incentivos financieros son difíciles de ignorar. Los cables submarinos que atraviesan el Golfo sitúan a la región en el centro del mapa global de internet (aunque también son vulnerables a ataques).

Como mínimo, es necesario cierto grado de diversificación; no obstante, los planeadores de centros de datos viven para siempre de la redundancia y los respaldos. Lo que desconocemos es cuánto riesgo geopolítico ya tenían previsto.

Y lo más importante, desconocemos cuál será el resultado de la guerra contra Irán. Si Estados Unidos logra lo que dice ser su misión: debilitar a un régimen rebelde, podría traer un periodo de mayor estabilidad, aunque también es posible que suceda lo contrario.

Construir una nueva y vasta infraestructura de inteligencia artificial en un mundo conflictivo es complicado, y se ha vuelto aún más complicado. Hasta que encuentren la manera de poner los centros de datos en órbita, algo que el empresario multimillonario Elon Musk afirma querer hacer, es algo que simplemente es inevitable. Ahora hay un riesgo más que manejar: encontrar maneras de reforzar sus instalaciones contra ataques con misiles.


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