Justo cuando crees que la financiarización no puede ir más allá, lo hace. Esta semana, el Senado podría votar la Clarity Act (Ley de Claridad del Mercado de Activos Financieros), el histórico proyecto de ley sobre criptomonedas del presidente Donald Trump. Hay muchos aspectos que no nos gustan de la “innovación” cripto relacionada con Trump en la economía estadunidense. Pero un tema que no ha recibido suficiente atención es cómo la Clarity Act forma parte de una tendencia más amplia hacia una especie de distorsión holográfica de los mercados estadunidenses.
A lo que me refiero aquí es al crecimiento de nuevos productos financieros que reproducen el precio, el rendimiento, la liquidez o la función de pago de algún instrumento financiero existente (como las acciones), pero sin todas las reglas en torno a la propiedad, la divulgación, el apalancamiento, la identidad y otro tipo de información que se requeriría si vas a operar el activo subyacente. Un holograma financiero, por así decirlo, creado por activos que tienen una equivalencia económica, pero no necesariamente institucional o regulatoria, con aquello que pretenden imitar.
Esta película la hemos visto muchas veces. Es la base del sector bancario en la sombra. Este tipo de empaquetado complejo suele aumentar al final de un gran mercado alcista. La mayoría de los participantes del mercado lo que dirían es que nos encontramos en esa situación. Al fin y al cabo, el sector financiero actualmente es aproximadamente seis veces mayor que la economía real, frente a unas tres veces y media antes de la crisis financiera.
En nuestro nuevo y audaz mundo de las criptomonedas, la tokenización de activos del mundo real y los mercados de predicción, las oportunidades para operar hologramas financieros de segundo o tercer orden, como por ejemplo un contrato para la entrega de vehículos Tesla o los resultados electorales, ya alcanzaron niveles nuevos y más distorsionadores.
Pensemos, por ejemplo, en el ascenso de los “futuros perpetuos”, que nunca expiran y permiten a los operadores especular sobre el precio de un activo sin poseerlo. Los operadores intradía los adoran, mientras que los defensores de los consumidores los consideran “el producto más peligroso del mundo de las criptomonedas”. Pero no cabe duda de que están en auge. En un evento del Consejo de Relaciones Exteriores la semana pasada, Robert DeNault, jefe de cumplimiento normativo de Kalshi, dijo que las operaciones de futuros perpetuos en Kalshi ya alcanzaron los 17 mil 500 millones de dólares (mdd) desde su lanzamiento en mayo, y que el interés de los inversionistas institucionales crecía rápidamente.
Una cosa es que un inversionista minorista utilice un mercado de predicción para apostar una pequeña cantidad al resultado de un partido de los Yankees o al precio de las acciones de Amazon. Otra muy distinta es que las grandes instituciones financieras se involucren. Pero es evidente que hacia ahí se dirigen las cosas, y las lagunas regulatorias creadas por estos nuevos hologramas de mercado son enormes.
Cabe destacar que el borrador de Clarity, que se publicó la semana pasada, no incluye ninguna cláusula que exija que las normas de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) se apliquen a la tokenización de acciones. Esto abre la puerta a que las empresas de criptomonedas permitan a los participantes del mercado comprar y vender versiones virtuales de acciones que podrían estar mucho menos reguladas que las reales. El presidente parece que lo que quiere es esto. Aunque el proyecto de ley no se apruebe, es posible que la SEC utilice su “exención por innovación” para eludir ciertas partes del marco regulatorio en lo que respecta a los valores tokenizados.
¿Por qué es importante esto? Porque podría hacer más difícil la identificación de los propietarios en un momento dado (sin mencionar la cuestión de cómo gravar las ganancias de capital de manera justa). Si bien la Clarity Act otorga a la SEC jurisdicción sobre los productos tokenizados y establece que deben tratarse como valores, no exige que todos los productos tokenizados, como los derivados tokenizados liquidados en efectivo o los tokens sintéticos, se tengan en cuenta para los requisitos de divulgación de la titularidad real.
Según las normas actuales de la SEC, los inversionistas que poseen el 5 por ciento o más de las acciones de una empresa deben revelar su participación. Sin embargo, en un mundo tokenizado, un inversionista podría poseer directamente, por ejemplo, el 3 por ciento de las acciones de una empresa, junto con tokens de terceros o futuros perpetuos en varias plataformas de negociación de criptomonedas. Esto podría generar una exposición superior al umbral de la SEC, pero no necesariamente se divulgaría de la misma manera que una participación accionaria tradicional, lo que permitiría a los participantes del mercado ocultar sus posiciones completas y apalancarse de formas potencialmente peligrosas.
Pensemos en una versión cripto del colapso de Archegos Capital Management en 2021, cuando la firma de inversión privada con un apalancamiento excesivo fue liquidada después de no poder cumplir con las llamadas de margen (los prestamistas perdieron 10 mil millones de dólares). Archegos había utilizado intercambios (swaps) de rendimiento total, que quedaban fuera de las normas de divulgación de propiedad directa, para apalancarse y obtener préstamos de varios bancos para comprar posiciones concentradas de una manera que habría sido imposible si hubiera comprado acciones de la empresa directamente. Los bancos aceptaron menos garantías de las que normalmente aceptarían, porque no podían ver quién más estaba prestando.
La mayoría de las lagunas legales que permitían ese desastre se cerraron para los swaps, pero no para los productos tokenizados. El 9 de julio del año pasado, la comisionada de la SEC, Hester Peirce, calificó los valores tokenizados de “fascinantes, pero no mágicos”. Advirtió que, si bien “facilitan la formación de capital y mejoran la capacidad de los inversionistas para usar sus activos como garantía”, no “tienen la capacidad mágica de transformar la naturaleza del activo subyacente”, y advirtió que los contratos con terceros presentan riesgos especiales. Los valores tokenizados “siguen siendo valores”, dijo, y deberían regularse como tales.
¿Se van a regular? No sin una legislación clara que lo exija. Y lo más probable es que no lo haga esta administración. En el segundo mandato de Trump, la regulación, al igual que el mercado mismo, es cada vez más holográfica.