El arte de enfrentarse a crisis globales constantes

Pese a las conmociones de nuestra época, la economía mundial aún es una poderosa máquina de crecimiento impulsada por innovaciones notables, finanzas arriesgadas y una enorme suma de deuda.

Donald Trump y Vladimir Putin se reunieron en una antigua base militar en Alaska. (AP)
Martin Wolf
Londres /
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Los últimos días nos han registrado una de las dos principales realidades económicas contemporáneas: el presidente de Estados Unidos es un agente de destrucción. Sin embargo, esto es consistente con la otra realidad: a pesar de las disrupciones y las crisis de nuestra época, la economía mundial sigue siendo una poderosa máquina de crecimiento, impulsada por innovaciones notables, un sector financiero que asume riesgos y una enorme acumulación de deuda. ¿Esto puede durar? La razón para creer que así será es que el crecimiento ha sido la característica dominante de la economía mundial desde mediados del siglo pasado, pero debemos recordar siempre que una cosa es el crecimiento y otra muy distinta es un crecimiento estable.

¿Cuál es la última barbaridad de Donald Trump? Primero comenzó una guerra contra Irán, sin plan alguno, que elevó los precios del diesel tanto en EU como en el resto del mundo. Luego, hace unos días, llegó a un acuerdo con Vladímir Putin para liberar diesel ruso en los mercados mundiales, violando las sanciones impuestas después de la invasión ilegal de Ucrania. Trump también ordenó a Kiev que detuviera sus ataques contra las refinerías de petróleo rusas y amenazó con cortar el intercambio de información de inteligencia con Ucrania, así como el acceso a armas de fabricación estadunidense. Este “acuerdo” es insensato, porque su alcance es demasiado limitado para reducir los precios del diesel, y perverso, porque está dispuesto a sacrificar a un país que lucha heroicamente por liberarse de la tiranía.

La actual política estadunidense no sólo es imprudente e inmoral, también es una de las causas de la imprevisibilidad mundial. Así, el último informe Perspectivas de la economía mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI) comienza con el siguiente comentario de Silvana Tenreyro, la nueva consejera económica: “En menos de siete años, la economía mundial se ha visto sometida a una secuencia excepcional de acontecimientos”. Sin embargo, todas estas conmociones, con excepción de una, la pandemia, son obra del ser humano o, tal vez, de “hombres fuertes” (líderes autoritarios). Los otros son la guerra de Ucrania, la de aranceles y la de Medio Oriente. Putin desencadenó la primera en 2022. Trump inició las otras dos.

Estas crisis, como señala Tenreyro, “pusieron a prueba la resiliencia de los hogares, las empresas, los mercados financieros y los gobiernos. Por sí solo, cada uno de estos acontecimientos se habría considerado improbable. Su coincidencia en un espacio de tiempo tan breve resulta aún más extraordinaria”. Sin embargo, los pronósticos de crecimiento del informe para este año y el próximo — de 3.1 y 3.4 por ciento, respectivamente —, “se espera que el traslado a la inflación subyacente sea limitado”.

Las explicaciones de esta resiliencia son bastante conocidas. Entre ellas figura el reajuste de las exportaciones e importaciones para alejarse del comercio directo entre EU y China. Sin embargo, los factores predominantes han sido la flexibilidad de la economía mundial de energía —tema que se abordó aquí la semana pasada— y el auge de la inversión impulsada por la IA. No obstante, no hay garantías de que esta situación perdure. Como señala Nick Butler, las reservas de crudo y productos derivados son bajas después de seis meses de reducciones. Además, “las exportaciones de productos como el diesel y el combustible para aviones (desde el Golfo) siguen siendo mínimas”. También están en riesgo los suministros de nafta, urea y gas natural licuado (este último de especial importancia para Europa). El auge de la inversión en inteligencia

artificial también concentra riesgos. Incluso si la IA resulta exitosa, es probable que el nivel de inversión deje de crecer, o incluso disminuir, en algún momento. Es más, puede no generar los resultados financieros a la escala que se espera.

Existen otras vulnerabilidades evidentes, en particular las relativas a la situación fiscal. A pesar del fuerte aumento de las tasas de interés reales y nominales después de la pandemia, la mayoría de las grandes economías siguen registrando déficits fiscales primarios significativos (antes del pago de intereses). Destaca el caso de EU, con un déficit fiscal primario previsto de 4.8 por ciento del PIB para este año, una proporción de letras del Tesoro que representa 58 por ciento del endeudamiento bruto y un vencimiento promedio de apenas 5.9 años.

El informe del FMI subraya la importancia de recuperar el margen de maniobra fiscal. La buena noticia es que, en las circunstancias actuales, es probable que el impacto negativo de un endurecimiento fiscal estructural se vea compensado por unas tasas de interés reales y nominales más bajas. No obstante, también será fundamental corregir los desequilibrios de las cuentas corrientes a escala mundial. Para esto será necesario contar, por fin, con la participación de China.

El Fondo Monetario Internacional destaca otros riesgos a la baja, como los conflictos bélicos en curso, las amenazas cibernéticas (que es probable que se vean potenciadas por la IA) y las catástrofes climáticas. No se puede descartar un desplome bursátil ni un colapso de la inversión relacionada con la IA si sus rendimientos resultan decepcionantes. Entre los riesgos económicos alza se encuentra un avance aún más rápido de la tecnología, aunque esto puede acarrear consecuencias sociales devastadoras. Otro escenario positivo es una transición energética acelerada, dado que los acontecimientos recientes ponen de manifiesto la falta de confiabilidad de los combustibles fósiles. Dada su ubicación geográfica, es inevitable que esta situación persista para muchos países. El FMI señala que la capacidad de aprovechar la IA y satisfacer las necesidades energéticas de manera confiable será crucial para las perspectivas de crecimiento. Por desgracia, los países más pobres son vulnerables en ambos aspectos. Por eso, el FMI teme, con razón, que sus niveles de vida se alejan aún más de los de los más ricos.

Sería bueno creer que el mundo será menos propenso a sufrir crisis, pero probablemente no sea así. La mejor respuesta consiste en fortalecer los fundamentos, en particular, la flexibilidad y el dinamismo económico, junto con la resiliencia energética. En este contexto, como indica el FMI, es fundamental que el apoyo a las personas vulnerables ante ese tipo de conmociones sean específicas y temporales. Se terminó la época de despilfarrar dinero público. También ayudaría que las crisis cesaran. Sin embargo, dada la clase de líderes que tenemos, yo no apostaría que sucediera eso.


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