El desorden global actual es un regalo por parte de Trump

El republicano cree en un mundo en el que no hay aliados, sino satélites, donde únicamente EU puede tener poder, concentrado en manos de un solo hombre

El presidente estadunidense asegura tener una “muy buena relación” con Kim Jong-un, líder supremo de Corea del Norte. | AFP
Martin Wolf
Londres /
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El 16 de agosto Donald Trump anunció una reducción sustancial de los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur. El 19 anunció lo que, cinco días después, se denominó operación Marginado Económico, contra Irán, definida como un esfuerzo por “cortar los salvavidas económicos que sustentan al régimen iraní”. El 21 de ese mes, las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá fracasaron, después de que los estadunidenses presentaron nuevas exigencias que limitarían la libertad de Canadá para realizar acuerdos comerciales con otras naciones y mantener sus reglas de protección del idioma francés. El 28, Trump anunció “¡El mayor acuerdo petrolero en la historia del mundo!”, que otorgaría a EU 55 por ciento del control de la producción de una nueva compañía venezolana que desarrollaría 17 yacimientos con un “potencial comprobado” de 65 mil millones de barriles.

Es un esfuerzo asombroso en tan solo dos semanas. No es algo que sorprenda, pero sí revela el tipo de mundo en el que cree Trump. Uno en el que EU no tiene aliados, sino satélites; en el que Estados Unidos puede hacer lo que quiera, cuando quiera y a quien quiera; uno en el que sólo importa el poder; y, sobre todo, en el que Estados Unidos cree que sólo ellos tienen el poder, uno concentrado en manos de un solo hombre que, no por casualidad, es un bravucón.

Nunca fue así. En 1969, Dean Acheson, secretario de Estado de Harry S. Truman de 1949 a 1953, publicó Presente en la creación, en el que expuso la lógica de la política estadunidense posterior a la Segunda Guerra Mundial. En su prólogo describe “una historia de grandes concepciones, grandes logros y algunos fracasos… su héroe es el pueblo estadunidense, dirigido por dos hombres de calidad excepcional, el presidente Truman y el general Marshall”. Continúa explicando “la magnitud de la tarea que tenían por delante” como “crear un mundo, una mitad libre”, a partir del caos, “sin destruir el mundo entero en el proceso. Lo asombroso es todo lo que se logró”. Y sí, realmente fue así.

Gracias a lo que crearon, la entonces asediada “mitad libre” ganó la Guerra Fría, el último de los grandes imperios europeos, la Unión Soviética, cayó y gran parte del mundo soñó con la paz y la prosperidad. Espero que cuando Trump escriba su autobiografía la titule Presente en la destrucción. No porque él fuera personalmente responsable de la muerte de esos sueños, sino porque sin duda el hombre es ahora el que le pone los clavos a los ataúdes.

Sopesemos las cuatro acciones que emprendió en las dos semanas mencionadas. Vivimos en un mundo sin ley e impredecible. Trump no es el creador de ese mundo, pero sin duda es su principal impulsor. Empecemos con la historia de Corea del Sur y Corea del Norte. La guerra de Corea comenzó cuando Corea del Norte invadió Corea del Sur en 1950. El número total de bajas en este conflicto ascendió a alrededor de 5 millones. El mismo EU perdió 37 mil soldados durante los tres años de guerra. El armisticio actual, que no constituye una paz verdadera, fue el resultado.

Al explicar su decisión de reducir los ejercicios militares de este año, Trump cita su “muy buena relación con Kim Jong-un”, gobernante hereditario de un régimen comunista. Además, no se trata de un régimen comunista cualquiera: Corea del Norte es el país más totalitario del mundo. Corea del Sur, en cambio, es producto de uno de los mayores milagros económicos y una democracia que ahora recibe una calificación más alta por parte de Freedom House que EU. Los ejercicios militares nunca provocaron una guerra, pero aislar a Corea del Sur sí podría.

Pasemos ahora a la guerra comercial contra Canadá. Esto también resulta asombroso. Detrás de ella subyacen tres creencias trumpianas: que Canadá no es un país soberano, que los superávits comerciales son depredadores y que los cambios constantes no conllevan costos. El resultado es, inevitablemente, el desorden. Pero, para Trump, el caos es una oportunidad, no un problema. Le encanta. Una vez más, comparen esto con lo que elogiaba Acheson. Entre las grandes creaciones de la era Truman figuraban el Plan Marshall y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio. Sin embargo, para Trump, estos son disparates idealistas. ¿Funcionará su guerra comercial con Canadá? No. ¿Podrá conducir a un conflicto entre estos antiguos amigos y vecinos? ¿Quién sabe?

Luego está la guerra contra Irán. Tras la reciente reanudación de las hostilidades, volvemos a preguntarnos qué disrupciones seguirán. Lo cierto es que el resultado dista mucho de lo que se prometió cuando comenzó el conflicto en febrero. Cualquier reapertura del estrecho de Ormuz es frágil. Además, resulta difícil vislumbrar un desenlace positivo a largo plazo en esta guerra para EU o sus aliados, ya se encuentren en el Golfo o en cualquier otra parte. ¿Es probable que la operación Marginado Económico marque la diferencia? En mi opinión, no, por tres razones: en primer lugar, el régimen iraní ha sobrevivido a una hostilidad prolongada y ahora a la guerra; segundo, sus líderes saben qué les ocurrirá si pierden el poder; y, tercero, cuando Trump canceló el acuerdo nuclear de Barack Obama en 2018 prometió que su programa de “máxima presión” daría resultado. No lo logró. ¿Esta nueva variante conseguirá más? Como argumenta Paul Krugman, es probable que China se asegure de que no sea así.

Por último, tenemos el nuevo acuerdo sobre Venezuela, un ejemplo de colonialismo decimonónico tan clásico como cabe imaginar. Estoy seguro de que muchos venezolanos se alegran de que Nicolás Maduro esté en una prisión estadunidense, pero seguro esperaban el derrocamiento de la dictadura, no un nuevo amo colonial que controle su petróleo. ¿Esto funcionará para EU? Lo dudo. ¿Quién puede garantizar la seguridad de los nuevos inversionistas privados?

Al intentar comprender la visión del mundo de Trump, es imposible buscar ideas o principios. Ni siquiera se trata de un retorno al realismo de Palmerston. Más bien es la antítesis de lo que se creó después de la Segunda Guerra Mundial. Todos hemos sido testigos de la destrucción. El desorden actual es el regalo de Trump al mundo.


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