El dilema de la guerra contra Irán para los banqueros centrales

Si actúan con rapidez para contener los precios, corren el riesgo de agravar la economía, pero al mantener las tasas estables puede que hayan esperado mucho

KEVIN WARSH Nuevo presidente de la Fed
Consejo Editorial
Londres /

La guerra en Irán puso a los banqueros centrales en una situación difícil. Nadie sabe por cuánto tiempo estará la disrupción del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz y hasta qué punto pueden subir los precios mundiales de la energía; sin embargo, los hogares y las empresas ya están sufriendo las consecuencias del encarecimiento de los combustibles. El crecimiento anual de la inflación de Estados Unidos se disparó a 3.8 por ciento en abril, su nivel más alto en tres años, frente al 2.4 por ciento de febrero.

CHRISTINE LAGARDE Presidenta del Banco Central Europeo

Si los responsables de fijar las tasas actúan pronto para contener las presiones inflacionarias aumentando el costo del crédito, corren el riesgo de agravar la situación económica. Si, por el contrario, mantienen la estabilidad a la espera de la evolución del conflicto, corren el riesgo de esperar demasiado. Entonces se les podría culpar de un aumento vertiginoso de los precios, similar a lo que ocurrió después de la pandemia y la invasión de Rusia a Ucrania en 2022. Dicho esto, los banqueros centrales también son conscientes de que la política monetaria es un instrumento bastante impreciso para guiar los precios ante una crisis volátil en el suministro de energía.

Hasta ahora, la estrategia de los principales bancos centrales ha sido la de esperar, pero a medida que más se prolongue el conflicto, menor será la paciencia y la posición de los responsables de las políticas se volverá más de línea dura. La semana pasada el Banco de la Reserva de Australia y el Norges Bank rompieron la tendencia al subir las tasas de interés. Y en sus reuniones del mes pasado, la Reserva Federal de EU, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra expresaron su creciente preocupación por el impacto del aumento de los costos de la energía en la economía. Kevin Warsh, quien sustituirá al presidente saliente de la Fed, Jerome Powell, se enfrentará a una fuerte resistencia por parte del Comité Federal de Mercado Abierto, preocupado por la inflación, si presiona para que se reduzcan las tasas con el fin de complacer a Donald Trump.

Hay que tomar en serio a los responsables políticos de línea dura que están preocupados. Las naciones ricas dependen menos de los combustibles fósiles que en décadas pasadas, pero la guerra —que provocó la mayor crisis de suministro de petróleo de la historia— ya condujo a un notable aumento de los precios. En EU, exportador neto de energía, el precio de la gasolina registra un incremento de más de 50 por ciento. Esta última crisis de precios también puede provocar un aumento más prolongado de las expectativas de inflación, sobre todo en Estados Unidos y Reino Unido, donde los bancos centrales han tenido dificultades para que el crecimiento de los precios vuelva de forma sostenible a sus objetivos de 2 por ciento en los últimos años.

ANDREW BAILEY Gobernador del Banco de Inglaterra

No obstante, conviene contextualizar la preocupación de que los responsables políticos corran el riesgo de repetir los errores de 2022, cuando los bancos centrales endurecieron su política monetaria demasiado tarde y la inflación se disparó. Las circunstancias son diferentes esta vez.

En aquel entonces, las economías se recuperaban de los confinamientos y se veían estimuladas por un generoso apoyo político. Ahora, el dinamismo económico parece más débil y el apoyo fiscal, de forma sensata, ha sido más moderado. El aumento de los precios de la energía también está frenando la demanda, lo que puede contribuir a contener la inflación. Un mayor costo del crédito, además, corre el riesgo de presionar excesivamente a las economías. De manera similar, los mercados laborales en EU y Europa presentan hoy mayor holgura, lo que significa que es menos probable que las mayores expectativas de inflación provoquen un aumento significativo de salarios y precios. Las tasas de interés también son mucho menos expansivas que después de la pandemia.

Por ahora tiene sentido que la Fed, el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo mantengan su postura conservadora con un discurso restrictivo para contener las expectativas de inflación. Los responsables de la política monetaria deben vigilar hasta qué punto el conflicto afecta la demanda y con qué rapidez el aumento de los costos de la energía genera presiones inflacionarias más amplias. Al mismo tiempo, deben estar atentos a la evolución de la situación en el estrecho y al riesgo de que los gobiernos, bajo presión, se vean obligados a proporcionar más ayudas para el costo de la vida. Los banqueros intentan desenvolverse en un panorama económico ensombrecido por la incertidumbre de la guerra en Medio Oriente.



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