La élite empresarial estadunidense es “lenta” para alzar la voz

Los líderes deben cuestionar a la Casa Blanca sobre el clima de miedo que existe en el país para migrantes, consumidores, comercio e inversión

Ciudadanos protestan contra la presencia de agentes migratorios y redadas del ICE en Minneapolis. AP
Rana Foroohar
Nueva York /

Donald Trump ha creado todo tipo de problemas para los directores ejecutivos estadunidenses, desde políticas de aranceles en constante cambio hasta la politización de las tasas de interés y ataques personales contra las personas que lo contradicen o lo hacen enojar. Sin embargo, los líderes empresariales se muestran lentos para alzar la voz. Las razones van desde la creencia oportunista de que los recortes de impuestos y la desregulación justifican el caos, hasta una confianza errónea en su propia capacidad para manejar al presidente, y un temor legítimo a estar personalmente en la mira de Trump.

Pero los horrores de Minneapolis cambian ese cálculo. Un día después de que agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) dispararon y mataron a Alex Pretti, un enfermero que protestaba contra las redadas migratorias en la ciudad, 60 líderes de grandes empresas de Minnesota —entre ellas Target, Best Buy, 3M, General Mills, UnitedHealth Group, US Bancorp y Cargill— emitieron una carta pública pidiendo una “desescalada inmediata de las tensiones” en su estado. En cuestión de horas, el director ejecutivo de la Business Roundtable (Mesa Redonda Empresarial), Josh Bolten, anunció su apoyo a la carta.

Casi al mismo tiempo, cientos de ejecutivos e inversionistas del sector de tecnología iniciaron una campaña de protesta contra el ICE.

 “Todos fuimos testigos de cómo el ICE asesinó brutalmente a un ciudadano en las calles de Minneapolis”, decía la publicación en redes sociales firmada por profesionales de compañías como Google, Amazon, Salesforce y Uber. “Cuando Trump amenazó con enviar a la Guardia Nacional a San Francisco en octubre, los líderes de la industria de tecnología llamaron a la Casa Blanca. Funcionó: Trump dio marcha atrás. Hoy hacemos un llamado a nuestros directores ejecutivos para que… cancelen todos los contratos de sus empresas con el ICE… (y) se pronuncien públicamente contra la violencia”.

Por desgracia, justo antes de que su personal comenzara a protestar, varios directores ejecutivos de Silicon Valley estaban en Washington para asistir a la proyección de Melania, un documental de Amazon sobre la primera dama. Fue un incómodo recordatorio de la forma aduladora en que demasiados titanes empresariales en Estados Unidos se han comportado con un presidente que está erosionando la confianza en la economía política del país.

La pregunta ahora es si Minneapolis será un punto de inflexión tras el cual más líderes empresariales comiencen a alzar la voz sobre el daño causado por esta administración. Debería ser ese momento, no solo por razones morales, sino también por interés propio.

Comencemos con el tema de la inmigración en sí. Las nuevas cifras de la Oficina del Censo muestran que la población estadunidense creció solo 0.5 por ciento entre julio de 2024 y 2025, gracias en gran medida a que la migración neta se redujo de 2.7 millones a 1.3 millones. Se prevé que esa cifra tenga una caída de 321 mil este año. Nativistas como Stephen Miller, subjefe de gabinete de Trump y asesor de seguridad nacional, pueden pensar que esto es algo positivo. No lo es: el PIB es la suma de la población y la productividad. Reducir la fuerza laboral crea tanto un factor favorable para la inflación como un posible obstáculo para el crecimiento.

Como expresó Atakan Bakiskan, economista de EU de Berenberg, en una nota reciente para inversionistas: “Por primera vez desde la gripe española de 1918, la Segunda Guerra Mundial y la pandemia de covid-19, la población residente en EU en edad laboral puede disminuir en una base interanual. Con una inmigración neta cercana a cero o negativa en 2025 y 2026, es poco probable que la economía estadunidense alcance aumentos del PIB cercanos a los que se registraron en el segundo y tercer trimestre de 2025”. Los directores ejecutivos deben llamar a la Casa Blanca a diario para preguntar por qué el presidente intenta con tanta agresividad eliminar una de las ventajas económicas más importantes del país.

También deben quejarse del clima de miedo que Trump está creando, no solo entre los migrantes, sino también entre los consumidores. Es posible que el mercado esté en niveles récord, pero el oro también lo está, lo que pone de manifiesto la preocupación de la gente por el futuro. La confianza del consumidor está en su nivel más bajo en 12 años. La gente es más pesimista ahora que durante la pandemia, lo que limitará el gasto. Más directores ejecutivos de empresas minoristas deben quejarse por esto. Deben preguntarle al presidente qué está haciendo para bajar el precio de la energía y los abarrotes, además de presionar a los ejecutivos petroleros para que inviertan en Venezuela o decirles a los agricultores afectados por los aranceles que bajen sus precios.

Las élites empresariales de EU también deben estar muy preocupadas por cómo las acciones del presidente provocaron profundos cambios en el futuro comercio internacional y los flujos de inversión. La Unión Europea acaba de firmar un acuerdo comercial con América Latina y está estrechando lazos con India. Países más pequeños, como Reino Unido y Canadá, están cortejando a China para hacer negocios, ya que EU se considera menos confiable.

En respuesta al reciente acuerdo canadiense que permite la entrada de miles de vehículos eléctricos chinos al país, la directora ejecutiva de General Motors, Mary Barra, dijo a sus empleados: “No puedo explicar por qué se tomó la decisión en Canadá”. Yo sí puedo. El primer ministro canadiense, Mark Carney, y muchos políticos más a escala mundial saben que no pueden contar con Trump (como lo demuestran las amenazas de la Casa Blanca de imponer aranceles de 50 por ciento a las aeronaves canadienses, lo que perjudicará a las empresas de EU que dependen de ellas). Los líderes empresariales estadunidenses deben estar preocupados. Sí, hay algunas compañías de EU que lucran con los nuevos contratos de la Casa Blanca. Pero los ejecutivos que creen que otros tres años de exenciones fiscales compensarán el debilitamiento de tantos fundamentos se están engañando a sí mismos. Sus utilidades al final van a sufrir si no expresan su rechazo. Sus conciencias también deben hacerlo.


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