En vilo, futuro para 'huérfanos' del chavismo

Figuras del gobierno esperan su oportunidad, pero ninguna tiene control sobre las palancas clave del poder

Miembros de la guardia presidencial venezolana patrullan las calles de Caracas. Xinhua
Miembros de la guardia presidencial venezolana patrullan las calles de Caracas. Xinhua
Michael Stott
Londres /

El presidente Donald Trump puede haber capturado al líder del gobierno socialista revolucionario de Venezuela, pero sigue siendo posible que el régimen encabezado por Nicolás Maduro sobreviva bajo una nueva apariencia.

Tras la audaz operación militar estadunidense para capturar al autócrata venezolano, Trump afirmó que Washington “dirigirá” la nación sudamericana durante un periodo de transición de duración indeterminada.

Sin embargo, sin presencia de Estados Unidos —la embajada de Washington en Caracas cerró en 2019 y las tropas estadunidenses solo estuvieron por un tiempo breve en el terreno—, no estaba claro quién tomaría el mando de un país cuya economía está en ruinas y alrededor de 25 por ciento de su población ha huido al extranjero.

Trump ha atacado en repetidas ocasiones a Maduro tildándolo de “narcoterrorista” y líder ilegítimo, pero no ha dicho quién quiere que esté al mando de Venezuela. En su rueda de prensa del sábado hizo muchas referencias a la industria petrolera del país —la nación tiene las mayores reservas probadas del mundo—, pero apenas mencionó las nuevas elecciones o la democracia.

A través de una publicación en redes sociales, la líder de la oposición María Corina Machado pidió que Edmundo González, considerado por muchos gobiernos occidentales como el verdadero vencedor de las elecciones del año pasado, sea investido presidente de Venezuela, pero Trump no mencionó a González en su discurso del sábado.

La vicepresidenta Delcy Rodríguez es la sucesora más obvia de Maduro. Trump dijo que Marco Rubio, secretario de Estado de EU, ya había hablado con ella y que “ella está esencialmente dispuesta a hacer lo que creemos necesario”. Sin embargo, Rodríguez apareció más tarde en la televisión estatal venezolana para pedir la liberación de Maduro y su esposa. “No seremos colonia de nadie, lo que se le está haciendo a Venezuela es una barbaridad”, dijo.

Otras figuras poderosas del chavismo esperan su oportunidad. El ministro de Defensa, Vladímir Padrino López, y el ministro del Interior, Diosdado Cabello, que controlan el poder duro del régimen, aparecieron en distintos videos refiriéndose a los ataques estadunidenses y prometiendo resistencia. Ninguno de los dos tiene interés en una transición democrática y cualquiera de ellos puede salir victorioso en una lucha por el poder.

Los aliados de Venezuela: China, Rusia, Irán y Cuba, condenaron el ataque, pero hubo pocas señales de que alguno de ellos estuviera dispuesto a hacer mucho más que declaraciones oficiales.

Las alianzas de Maduro con esos enemigos de Estados Unidos suponían un claro desafío a la renovada Doctrina Monroe de Trump, según la cual Estados Unidos debe controlar su propio “patio trasero”. Ahora que se ha involucrado con una espectacular demostración de fuerza militar, el presidente estadunidense tiene la responsabilidad de lo que suceda a continuación.

Una mañana tranquila

Las calles del centro de Caracas estaban prácticamente desiertas el sábado por la mañana, con el transporte público paralizado y unos pocos venezolanos caminando para comprar suministros. No había señales inmediatas del gran despliegue de fuerzas de seguridad prometido en un comunicado del gobierno tras los ataques estadunidenses, ni de protestas callejeras de la oposición.

Los venezolanos han aprendido durante las últimas dos décadas que el régimen chavista no teme utilizar la fuerza letal para reprimir las protestas si es necesario. Tras varios levantamientos fallidos en el pasado, es poco probable que arriesguen sus vidas ahora, a menos que haya señales claras de que el ejército y la policía se unirán a ellos en lugar de atacarlos.

Los líderes supervivientes del régimen de Maduro también se enfrentan a un reto. Ninguna de las figuras gubernamentales de alto rango en Caracas tiene control sobre las palancas clave del poder de las que él disfrutaba.

Rodríguez ha actuado como zarina económica de Venezuela, negociando contratos petroleros y tratando de atraer inversiones, pero tiene poca influencia sobre las fuerzas armadas o el temido aparato de seguridad del régimen. Su hermano Jorge ha sido el principal mediador político y negociador internacional de Maduro, pero tampoco controla el poder duro.

Padrino López, por el contrario, ha sido durante mucho tiempo la máxima figura militar, pero tiene una influencia política limitada, mientras que Cabello, un temido partidario de la línea dura, controla las milicias nacionales creadas por Hugo Chávez, fundador de la “revolución bolivariana” de Venezuela, para defender el régimen.

Cautela con la oposición

Durante su primera administración, Trump reconoció al entonces líder de la oposición Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela, y consiguió que unos 60 países hicieran lo mismo. A pesar del respaldo internacional, el gobierno en la sombra de Guaidó nunca llegó al poder, lo que permitió a Maduro mantenerse en el cargo. Guaidó huyó al exilio.

Ahora Trump se ha mostrado mucho más cauteloso con la oposición venezolana. No se ha reunido con Machado, el sábado pareció descartarla como opción de liderazgo y, en cambio, se ha centrado en la destitución de Maduro.

Los objetivos parecen ser múltiples: como importante fuente de migración, gran nación petrolera, aliado clave de Rusia y China y país de tránsito para las drogas, Venezuela es el hogar de varias de sus preocupaciones. ¿Tendrá más éxito esta vez en resolverlas?

Alrededor de 8 millones de venezolanos en el exilio, la mayoría en otros países latinoamericanos, celebran hoy la salida del hombre cuyo mal gobierno les obligó a abandonar el país, pero también se preguntan si lo que vendrá después será el retorno a la democracia que anhelan o una nueva ola de represión por parte de un régimen que ya ha durado demasiado.

Después de utilizar la fuerza para derrocar y expulsar a Maduro, Trump ahora es responsable de una transición pacífica en Venezuela y del restablecimiento de la democracia. 


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