Estados Unidos ya no es un país excepcional; se parece más a Italia

Ambos han dejado de atacar la corrupción, el populismo es similar y el mercado laboral favorece más a las personas mayores

Un informe muestra a ambas naciones con un mayor retroceso democrático en los últimos años. AP
Rana Foroohar
Nueva York /
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Estos días se juega en Nueva York un curioso juego de salón: ¿qué hábitos económicos cuestionables adoptó Estados Unidos de otros lugares? ¿Acaso el clientelismo político endémico de Malasia? ¿La tolerancia de Nigeria hacia los sobornos en efectivo como práctica habitual en los negocios? ¿O la desigualdad de Brasil, donde los ultrarricos disfrutan de una vida de lujo junto a los que viven en la miseria?

En la actualidad, Estados Unidos presenta rasgos propios de estos y otros mercados emergentes (aunque el término parece poco apropiado en estos días, dado que muchas naciones en desarrollo superan a sus homólogas ricas en términos de desempeño económico y gobernanza). Sin embargo, yo plantearía una comparación distinta. Creo que EU empieza a parecerse más a Italia, otra nación occidental con una historia convulsa.

Esto se debe a tres razones. Primero, aunque la corrupción flagrante tal vez no sea tan grave en EU o Italia como en otros mercados, ambos han dejado de combatirla. Segundo, el populismo político se manifiesta de forma similar en ambos. Por último, y más importante, el mercado laboral estadunidense se empieza a parecer cada vez más al italiano en un aspecto crucial: las personas mayores conservan buenos empleos, mientras que los jóvenes tienen dificultades para encontrar trabajos dignos.

Empecemos por la economía política. El Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional otorgó a EU una calificación de 64 sobre 100, la más baja hasta la fecha. Italia obtuvo una cifra inferior, con 53 puntos, pero el informe señaló a ambos países por haber rebajado la intensidad de sus esfuerzos contra la corrupción. Por ejemplo, la resistencia de Italia a tipificar como delito el abuso de poder de los funcionarios públicos y la decisión de la administración Trump de debilitar la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero forman parte de un mismo patrón de comportamiento.

Entonces, no causa ninguna sorpresa que la democracia se debilite en ambos lugares. En un informe de 2026 de V-Dem, proyecto académico que mide la democracia, se señaló a Italia y a EU como dos de los países occidentales que han experimentado un mayor retroceso democrático en los últimos años. Del mismo modo, Freedom House constató que ambos registraron cambios significativos hacia una economía política más autocrática respecto a otras naciones clasificadas como “libres”.

EU ya no es una nación excepcional en ningún sentido positivo. Siento que mis compatriotas empiezan a considerar la corrupción como algo endémico, algo ante lo cual la gente común poco puede hacer. Esto me recuerda a esa actitud en el que se encogen de hombros y piensan “¿qué se le va a hacer?”, frente a las malas prácticas políticas o las economías de mercado negro que se observan en otros lugares. Según una encuesta reciente de Gallup, el porcentaje de estadunidenses que dice que la corrupción gubernamental es generalizada, aumentó de 60 por ciento en 2006 a 89 por ciento actual.

El cinismo económico también va en aumento, sobre todo entre los jóvenes. Uno de los aspectos más llamativos de la economía estadunidense es cómo el mercado laboral empieza a reflejar ese sistema de dos niveles y dividido por edades que pesa sobre las naciones como Italia, obligando a los jóvenes a vivir más tiempo con sus padres o a emigrar en busca de mayores oportunidades de ascenso social.

En el último informe sobre empleo en EU, publicado a principios de septiembre, se revela que la tasa de desempleo se encuentra en 7.1 por ciento para el grupo de edad de 20 a 24 años, frente a 3.6 por ciento de las personas de entre 25 y 54 años y 3 por ciento de los mayores de 55 años. En Italia, el desempleo juvenil es mucho más elevado: alcanza la alarmante cifra de 20 por ciento. No obstante, las proporciones son similares, ya que el desempleo entre los jóvenes duplica aproximadamente al de los trabajadores de mediana edad.

Parte del problema de este mercado laboral de dos niveles tiene que ver con la edad, pero otra parte depende de quiénes son tus padres. Si eres insider (es decir, que formas parte del sistema), tienes oportunidades; si eres un outsider (externo o estás fuera del sistema), ya sea por raza o clase social, tienes menos oportunidades. Como han demostrado académicos como Raj Chetty, Estados Unidos se parece cada vez más a la “vieja Europa” en términos de movilidad: el lugar y la familia en los que naces influyen enormemente en si prosperas y en qué medida lo haces.

Es posible que estas tendencias se vean amplificadas por la inteligencia artificial (IA), la cual, paradójicamente, parece que favorece no a los jóvenes nativos digitales, sino a los trabajadores de mayor edad; estos poseen la experiencia sectorial necesaria para aprovechar la tecnología y no se enfrentan al mismo riesgo de disrupción que los que buscan empleos de nivel inicial. En un artículo publicado en septiembre, la Oficina del Censo estimó que los graduados en los sectores más expuestos a la IA van a sufrir una caída de 5 puntos porcentuales en la probabilidad de conseguir un primer empleo y percibirán ingresos 13 por ciento inferiores a los de aquellos que se incorporan a sectores menos expuestos.

Si bien existen motivos para pensar que la tecnología puede beneficiar a los jóvenes en el futuro, a medida que se adapten más rápido a los nuevos empleos y sectores que genere la IA, es probable que, en el corto plazo, el resultado sea un mayor descontento entre la juventud.

Esto, a su vez, puede alimentar el populismo que ya resulta tan evidente en Estados Unidos, Italia y muchos países europeos más. Una situación de este tipo puede frenar el crecimiento económico, perjudicando aún más a los más jóvenes y a los más pobres, y avivando las divisiones políticas entre la generación de los baby boomers y los votantes más jóvenes, así como entre centristas y extremistas.

Italia, por supuesto, ha vivido este ciclo en repetidas ocasiones durante su larga historia y atraviesa actualmente un momento más favorable, con cifras sólidas de exportación y empleo. Estados Unidos, en cambio, apenas empieza a comprender qué sucede cuando un imperio se desmorona bajo el peso de su propia economía política disfuncional.


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