Hace unos años, un ejecutivo de WeWork planteó una idea pésima. Tal vez, le comentó a un periodista, se podrían instalar cámaras en los espacios de trabajo compartido de la compañía para monitorear el estado de ánimo de las personas.
Las cámaras observarían las “expresiones faciales”, mientras que se podrían utilizar dispositivos para escuchar para analizar la emoción en la voz.
Ya se había desarrollado un prototipo, aunque no era muy eficaz a la hora de identificar el aspecto de un trabajador feliz: bastaba con una sonrisa forzada para obtener una alta calificación.
La visión distópica de WeWork sobre el seguimiento de la productividad nunca llegó a despegar. El año siguiente a esa entrevista, la empresa tuvo que ocuparse de otros problemas más urgentes, como un intento fallido de salida a bolsa y, posteriormente, la bancarrota.
Sin embargo, la idea de recopilar datos sobre cómo se sienten las personas nunca desapareció del todo.
Si se consultan los registros de patentes, se puede apreciar el gran número de empresas interesadas en este tipo de información.
En los últimos años, Microsoft solicitó una patente para registrar el lenguaje corporal y las expresiones durante las reuniones; Amazon, solicitó una para rastrear emociones a través de la voz; y Nvidia, otra para inferir emociones a partir de datos de audio.
Este mes, el sitio de noticias tecnológicas 404 Media informó que Meta patentó un dispositivo wearable (ponible) de IA capaz de analizar las emociones del usuario mediante el registro de su voz y de su entorno.
Obviamente, esto plantea numerosos problemas, especialmente en el ámbito laboral. Dos de ellos son la falta de privacidad y la desventaja que representa para los que no tenemos una expresión alegre.
A esto se suma la dudosa premisa de que sonreír aporta información significativa. El mejor trabajo de oficina suele ser fruto de la concentración, el compromiso y la reflexión, actividades que no suelen ir acompañadas de una sonrisa. Ni siquiera los empleados que atienden al público necesitan sonreír todo el tiempo.
La mayoría de las patentes nunca llegan a comercializarse, pero constituyen un registro de ideas.
ella dice...“Cualquier sensación de privacidad que puedas
Tener mientras estás sentado en tu escritorio mirando la pantalla podría ser ya una ilusión”
Jeffrey Stanton, profesor de estudios de la información en la Universidad de Syracuse y coautor del libro The Visible Employee, opina que nos estamos acercando gradualmente a dar nuestro consentimiento para el uso de tecnologías de observación emocional en el trabajo y en otros ámbitos, ya que la experiencia del trabajo a distancia durante la pandemia nos acostumbró a ser monitoreados.
Ante la mirada de la IA
Cualquier sensación de privacidad que puedas tener mientras estás sentado en tu escritorio mirando la pantalla podría ser ya una ilusión.
Según la consultora Gartner, casi dos tercios de las grandes empresas de Estados Unidos (EU) monitorean a sus empleados de alguna manera. Esto puede abarcar desde el seguimiento de la ubicación y el registro de las pulsaciones del teclado hasta el análisis de mensajes o la captura de pantalla de lo que ven en línea.
Existe un rechazo hacia el software de supervisión de empleados, también conocido como bossware. Meta dice que redujo su plan de recopilar datos sobre movimientos del ratón, pulsaciones de teclas y otras acciones después de las quejas del personal este año.
Sin embargo, aún existe una industria en auge de servicios de monitoreo de empleados, con compañías como Teramind, Time Doctor y ActivTrak.
Y, aunque la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea prohíbe el uso de sistemas de IA para inferir emociones en el lugar de trabajo (a menos que sea por motivos médicos o de seguridad), no existe una prohibición equivalente en EU.
La Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) parece preocuparse sobre todo por la falta de transparencia y la ausencia de pruebas adecuadas.
A medida que más empresas recopilen datos biométricos en nombre de la seguridad o la comodidad, más pasivos nos volveremos a la hora de proteger nuestra privacidad.
Plataformas como Instagram ya realizan pruebas de tecnología de verificación visual de la edad (aunque hay informes de niños que la logran eludir al utilizar bigotes postizos). El año pasado, Gap instaló un escáner ocular en la caja de su tienda de San Francisco.
Si estás dispuesto a que te escaneen el ojo solo para comprar unos jeans, ¿por qué te opondrías a que den seguimiento a tus expresiones? Especialmente si eso pudiera ayudarte a conseguir trabajo.
Un informe de The Atlantic señala que la startup Imentiv AI, con sede en Cupertino, ya ofrece servicios para interpretar las emociones humanas a partir de las expresiones faciales y el tono de voz de los candidatos a un empleo.
¿Tiene alguna ventaja que nuestro nivel de amabilidad se convierta en datos registrados y analizados? No muchas. Las empresas suelen argumentar que supervisar a los empleados con mayor detalle es una forma de mejorar la seguridad y recompensar el desempeño.
Stanton opina que las probabilidades de rechazo disminuyen si los empleadores hacen partícipes a los trabajadores de los procesos de toma de decisiones. Las cámaras que rastrean expresiones podrían ser una herramienta útil, afirma, siempre y cuando no se utilicen para emitir “retroalimentación negativa”.
Que los trabajadores sean felices es un objetivo loable. Vigilar sus rostros no es la manera de conseguirlo. El seguimiento de las expresiones parece una vía rápida para provocar agotamiento, insatisfacción, desconfianza y una paranoia generalizada. Nada que nos de motivos para sonreír.
MGS