Los recursos, para redes y transporte eléctricos y reducción de emisiones
Bienvenidos. Mientras el primer ministro británico, Keir Starmer, viaja hoy a Pekín, el proveedor de energía doméstica más grande de su país hace un llamado a Gran Bretaña a que adopte la tecnología china en su impulso al crecimiento ecológico.
La preocupación internacional por el dominio chino en la cadena de suministro de tecnologías limpias es un factor importante que complica la transición hacia una economía baja en carbono. Sin embargo, los últimos datos muestran que los niveles globales de inversión verde crecen con fuerza a pesar de una inusual caída en China.
Modelo en evolución
Durante gran parte de la última década, la narrativa imperante en torno a la inversión verde hizo prosperar a China a gran velocidad mientras el resto del mundo se tambalea a su paso. El año pasado la situación se complicó un poco más.
La inversión china en la transición de energía bajó 4 por ciento el año pasado, la primera caída desde 2013, de acuerdo con un informe publicado por el grupo de investigación BloombergNEF. Pero el resto del mundo —en especial Europa— compensó por mucho la inversión, impulsando la inyección global total 8 por ciento, con lo que se alcanzó un nuevo récord de 2.3 billones de dólares.
Esto difícilmente representa una amenaza para la posición de China como el mayor participante en el sector de las energías renovables. El año pasado sus cifras de inversión representaron un tercio del total mundial, más que los seis países que le siguen en conjunto. Sin embargo, sí sugiere que la inversión mundial en energías bajas en carbono puede encaminarse hacia un crecimiento más amplio, con menor dependencia de un mercado único para impulsar la expansión.
La definición de BloombergNEF de “inversión en transición de energía” va más allá de la que es baja en carbono e incluye la inversión en redes y transporte eléctricos y la reducción de emisiones de la industria y los edificios.
La desaceleración china del año pasado se concentró en el sector de las energías renovables, ya que el gobierno intentó frenar algunos años de crecimiento caótico que provocaron el desperdicio de grandes cantidades de electricidad generada por energía eólica y solar, y una capacidad de fabricación de paneles solares que superó por mucho la demanda actual.
Pekín abandonó un sistema según el cual las centrales eléctricas renovables recibían tarifas fijas a un precio superior por la electricidad que suministraban. El ritmo de despliegue de nuevas plantas se fue desplomando a medida que el sector se adaptaba a la crisis.
La inversión en la fabricación de paneles solares también se desplomó, en parte como respuesta a la presión gubernamental, y en gran medida como resultado de las fuerzas del mercado después de que el exceso de capacidad generara una sangrienta guerra de precios.
Las cifras de China del año pasado parecen más un bache que el inicio de una recesión. En septiembre, Xi Jinping prometió que el país aumentaría más del doble su capacidad en energía eólica y solar instalada, alcanzando 3 mil 600 gigavatios para 2035. El próximo plan a cinco años, que se dará a conocer en marzo, ofrecerá detalles cruciales sobre cómo se alcanzará este objetivo.
Mientras, la inversión verde en la mayor parte del resto del mundo continuó creciendo el año pasado, sobre todo en Europa, donde la iniciativa REPowerEU para reducir la dependencia del bloque del gas ruso está dando sus frutos.
La inversión de la Unión Europea en energías renovables aumentó 12 por ciento, hasta 126 mil millones de dólares, y el capital en “transición de energía”, en general, aumentó 18 por ciento, hasta 455 mil millones de dólares.
Los coches eléctricos superaron en ventas a los de gasolina en Europa por primera vez en diciembre, de acuerdo con datos del sector publicados esta semana.
Esa medida de inversión baja en carbono creció en otras grandes economías, a tasas de 44, 36, 15 y 6 por ciento en Japón, Reino Unido, India y Brasil, respectivamente. La tasa para los mercados emergentes, excluyendo a China, fue de 19 por ciento. Incluso EU registró un alza de 3.5 por ciento, a pesar de varias medidas antiecológicas de la administración Trump.
Si bien el mundo puede ser menos dependiente del despliegue de capital chino para impulsar la inversión verde, ésta en otros países aún depende de las aportaciones de firmas chinas, que controlan grandes franjas de la cadena de suministro baja en carbono.
Y toda esta inversión en energía verde es una buena noticia para las emisiones de carbono solo en la medida en que está eliminando los combustibles fósiles de la mezcla energética mundial. La pregunta de si estamos viviendo una adición de energía, en lugar de una transición, es real.
Los nuevos datos proporcionan nueva evidencia de la persistente necesidad mundial de energía fósil. Diez años después del acuerdo de París, el mundo invirtió 1.19 billones de dólares en combustibles fósiles, lo que hace que el objetivo del acuerdo de limitar el calentamiento global a menos de 2 grados Celsius parezca cada vez menos factible. Sin embargo, los optimistas notarán señales de que la tendencia podría estar empezando a cambiar.
Además de las cifras generales de “inversión en transición”, Bloomberg Proporcionó cifras de inversión en suministro de energía limpia, que abarcan fuentes de energía verde, almacenamiento de energía e inversión en redes eléctricas, sectores que denomina “la columna vertebral de un sistema de electricidad descarbonizado”.
Por segundo año consecutivo, la inversión en suministro de energía limpia superó la cifra de combustibles fósiles, que disminuyó ligeramente a partir de 2024. Por primera vez, la inversión en energía limpia superó la inversión en energía fósil en América del Norte, a pesar de los esfuerzos de Trump por impulsar la producción de petróleo y acabar con la “nueva estafa verde”. La evolución de esta proporción en los próximos años tendrá importantes implicaciones para la economía global y el planeta.
Lecturas inteligentes
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-La industria petrolera canadiense prospera gracias a las ventas a los mercados asiáticos, mientras el primer ministro Mark Carney promociona al país como una “superpotencia de energía”.