La crisis de identidad política en Estados Unidos

Las encuestas confirman un descenso en el apoyo a Trump entre votantes religiosos y la clase trabajadora, lo que revela que muchos simpatizantes de MAGA lo ven ya como un charlatán rico

Protesta en Washington contra el fomento al glifosato, el herbicida que Monsanto comercializa como Roundup. AFP
Rana Foroohar
Nueva York /

Otra parte de la coalición de Donald Trump —el movimiento Make America Healthy Again (Hacer a Estados Unidos Saludable de Nuevo o MAHA)— se fragmenta. Activistas MAHA, que temen a los químicos y defienden la alimentación orgánica, protestaron en Washington contra el apoyo al glifosato, el herbicida que Monsanto comercializa como Roundup. El producto tiene una demanda por responsabilidad civil.

Bayer, la matriz de Monsanto, niega que Roundup cause cáncer. Pero las “mamás MAHA” se muestran escépticas (como muchos otros), como lo demostraron con sus gritos de “el pueblo contra el veneno” frente a la Suprema Corte la semana pasada.

Vale la pena destacar que el orador de más alto perfil del evento no fue el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., que rechaza las vacunas, sino el senador demócrata Cory Booker, escéptico de la agroindustria. Para las mamás MAHA, muchas de las cuales desconfían tanto de los intereses de las grandes corporaciones como de cualquier demócrata progresista, la salud familiar es más importante que la lealtad partidista. La protesta también evidencia el distanciamiento de la base de Trump, como parte de una realineación más amplia que puede transformar la política partidista en Estados Unidos.

Trump inició su segundo mandato prometiendo un Estados Unidos más próspero (gracias al auge de fabricación), más saludable (ver MAHA), más devoto (ganó el voto evangélico y la mayoría de los católicos), precios más bajos y el fin de las guerras en el extranjero. Hasta ahora, la situación ha sido mala. No sólo cayeron los empleos en el sector fabricación y aumentó la inflación (gracias a la guerra que Trump decidió librar contra Irán), sino que el presidente logró ofender a los fieles al enfrentarse al papa y publicar fotos en las que se representa a sí mismo como Jesús. “No sabemos con certeza qué piensa”, dijo Bunni Pounds, organizadora de un evento nacional de lectura bíblica la semana pasada. ¡Bien dicho!

Las encuestas previas a la elección de mitad de mandato muestran un descenso en el apoyo entre los votantes religiosos y la clase trabajadora, lo que indica que muchos en la base de MAGA ven a Trump por lo que es: un charlatán rico, congraciado con las empresas que trasladan sus empleos al extranjero o contaminan sus aguas, y que parece dispuesto a enviarlos a luchar en guerras extranjeras. Esto es un hecho, no una ficción. MAGA Inc., el grupo de recaudación de fondos, o Super PAC, que apoya a Trump, obtiene la mayor parte de su dinero de las grandes compañías de tecnología, empresas financieras, compañías de defensa y de energía. Esto es un anatema para el ala populista del Partido Republicano.

Pero no sólo la base es la que se siente alienada. Hay muchos temas en los que los votantes conservadores discrepan del presidente. Si bien muchos apoyan los derechos de los estados, esta administración ha intentado impedir que aprueben sus propias regulaciones sobre IA. Trump también ha dado un giro de 180 grados en materia de privacidad, algo que preocupa a los republicanos libertarios, impulsando la renovación de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA), que permite a las agencias consultar información digital sobre ciudadanos sin una orden judicial. Se opuso a esto antes.

Resulta significativo que la disputa por la reautorización de la Ley FISA, que se lleva a cabo actualmente, involucre a una coalición de derecha e izquierda que nos acompaña desde el ascenso de Trump y del veterano senador de izquierda Bernie Sanders. Ambos apelaron a votantes que rechazaban la sabiduría centrista convencional sobre la concentración del poder económico, los intereses creados, el libre comercio, la corrupción gubernamental y la globalización.

Los miembros del Caucus de la Libertad de la Cámara de Representantes, el ala más conservadora del Partido Republicano, quieren cerrar la laguna legal de la “Sección 702”, que permite las “investigaciones encubiertas o por la puerta trasera” de las comunicaciones de los ciudadanos estadunidenses, al igual que los populistas económicos y los escépticos de la tecnología, incluido el senador republicano Josh Hawley. Esta idea también cuenta con el apoyo de progresistas como Ron Wyden, Elizabeth Warren y, por supuesto, Sanders. Mientras, muchos centristas de ambos lados apoyan una reautorización “limpia” de la ley en su forma actual, citando los problemas habituales como la prevención del terrorismo y la seguridad nacional.

En este tema, como en un número cada vez mayor de cuestiones, los extremos de los partidos se traslapan. Veamos a los políticos conservadores de Indiana, defensores de los derechos de los estados, oponiéndose a la manipulación electoral de la Casa Blanca. O a progresistas como el senador demócrata Chris Murphy, que hablan sobre temas espirituales. También está Graham Platner, criador de ostras de Maine, veterano y candidato demócrata al Senado, quien aboga por una política exterior menos intervencionista que la que los liberales apoyaron en el pasado. En todos estos ámbitos, los intereses personales cobran prioridad sobre las lealtades partidistas.

Este tipo de realineamiento no carece de precedentes. En la década de 1850, el populismo antisistema provocó el colapso del Whig Party, dividido por la esclavitud, y el auge del Partido Republicano. Pero la transformación más allá de las líneas partidistas también puede ocurrir sin alterar por completo la estructura del partido. En la década de 1930, Franklin D. Roosevelt utilizó un discurso de el poder contra el pueblo para integrar a demócratas, republicanos y activistas sindicales en la coalición del New Deal.

Aún no apuesto por el colapso de alguno de los dos partidos. Pero es evidente que estamos en otro periodo de gran agitación y cambio político. Sospecho que los populistas de ambos extremos del espectro político obtendrán más apoyo en las elecciones de mitad de mandato y, probablemente, también en las presidenciales de 2028. Las líneas partidistas se van a seguir difuminando y cambiando, y el resultado final puede ser un candidato centrista/proempresarial por un lado y un populista económico por el otro. La gran incógnita es a qué partido van a representar.


LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite