¿Los centros de datos son ahora el nuevo 'fracking'?

El año pasado se detuvieron complejos por 156 mil mdd debido a las temores por el precio de la electricidad, la escasez de agua y la pérdida de empleos, igual a la oposición que generó la fractura hidráulica

El senador Mark Warner asegura que la IA es más impopular entre los estadunidenses que el ICE. AP
Rana Foroohar
Nueva York /

¿Los centros de datos se están convirtiendo en la nueva fracturación hidráulica (fracking)? Es una pregunta que vi planteada por primera vez en un informe de investigación de Strategas en febrero. Desde entonces, la creciente reacción negativa contra la inteligencia artificial (IA) me hace pensar que la respuesta es sí. Si bien se espera que Amazon, Meta, Alphabet, Microsoft y otras compañías inviertan alrededor de 700 mil millones de dólares en la construcción de centros de datos en Norteamérica este año, estos hiperescaladores encuentran resistencia por las implicaciones de la tecnología. Las consecuencias económicas y de mercado pueden ser significativas.

De acuerdo con el proyecto Data Center Watch, el año pasado se detuvieron proyectos de centros de datos de IA por valor de 156 mil millones de dólares debido a preocupaciones sobre todo tipo de temas, desde el aumento de los precios de la electricidad (estos complejos son grandes consumidores de energía) hasta la escasez de agua y la pérdida de empleos relacionados con la tecnología. Del mismo modo que la oposición al fracking generó preocupaciones del tipo “no en mi patio trasero” sobre las implicaciones ambientales y para la salud, lo que paralizó la perforación, las preocupaciones sobre la IA ahora desaceleran el despliegue de centros de datos.

En un informe de Jefferies se señala que, a mediados del año pasado, 47 estados consideraban nuevas leyes para regular la tecnología, y más de 30 promulgaron leyes que van desde la protección de los denunciantes hasta requisitos sobre el consumo de energía y seguridad.

Resulta significativo que, luego del fracaso de la moratoria federal impuesta por la administración Trump el año pasado sobre la regulación estatal de la IA, la Casa Blanca intente ahora alinearse con la opinión pública. Según Pew, los estadunidenses tienen una visión más negativa de la IA que los ciudadanos de cualquier otro país encuestado, por lo que la administración exige ahora a las grandes compañías de tecnología que firmen un “compromiso de protección al contribuyente” que, en teoría, mantendrá bajo control las facturas de electricidad y otros servicios públicos, que en muchos lugares se incrementaron debido al crecimiento de los centros de datos.

El compromiso es voluntario. Por el momento no existen normas vinculantes que obliguen a las grandes compañías de tecnología a compensar al público por el aumento de precios, la sobrecarga de una red eléctrica ya obsoleta y saturada, ni por otras externalidades negativas derivadas de los centros de datos, como mayores niveles de ruido o una menor calidad del aire.

Pero a medida que empresas que no pertenecen al sector de tecnología se suman a la opinión pública para expresar sus preocupaciones, esto puede cambiar. El Grupo de Usuarios de Energía de Luisiana —que incluye a ExxonMobil, Chevron y a importantes fabricantes de productos químicos— se opone a lo que consideran un trato preferencial para los nuevos centros de datos construidos por compañías como Meta. Algunas grandes corporaciones (como Diamondback y Devon Energy) incluso comenzaron a desarrollar su propia infraestructura de energía y servicios públicos como medida de protección contra el consumo excesivo de energía por parte de la IA, algo que avivará la preocupación sobre una carrera armamentista de electricidad en torno a la IA.

No es de extrañar que los demócratas conviertan la oposición a la IA en un tema central de su campaña de cara a las elecciones de mitad de mandato. Populistas como el senador Bernie Sanders y la representante Alexandria Ocasio-Cortez hacen un llamado para una moratoria en la construcción de nuevos centros de datos. Incluso demócratas afines a las grandes empresas, como el senador Mark Warner, señalan que la IA es más impopular entre los estadunidenses que la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

Warner, junto con el senador republicano populista de derecha Josh Hawley, presentó un proyecto de ley bipartidista que obligará a las grandes empresas y agencias federales a informar al Departamento de Trabajo sobre los despidos y cambios en los puestos de trabajo relacionados con la IA. Si los demócratas obtienen la mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado, como indican algunas encuestas, no me sorprendería ver una reacción negativa populista más fuerte contra esta tecnología.

Esto pondrá contra las cuerdas a los republicanos moderados y al presidente. Siempre han existido grandes tensiones entre los intereses creados en Silicon Valley (representados por la prominencia de los gigantes de la tecnología en la segunda toma de protesta de Trump) y la base MAGA, que sufrirá pérdidas de empleo e inflación en los servicios públicos. También puede generar más dudas en los mercados sobre si las grandes tecnológicas pueden justificar el precio de sus acciones. A pesar de la enorme expectativa que genera la salida a bolsa de OpenAI, resulta significativo que las entidades de crédito que buscan financiar la construcción de nuevos centros de datos tengan dificultades para obtener seguros para estos proyectos de gran envergadura.

Las firmas que buscan tranquilizar al público y a los inversionistas sobre sus perspectivas pueden inspirarse en la experiencia y utilizar el manual del fracking y mejorar su argumentación sobre las ventajas de los centros de datos. Hace unos quince años, las compañías de energía, con el fin de tranquilizar al público sobre la fracturación hidráulica, lanzaron campañas que ensalzaban los beneficios de la disminución del precio del gas, los empleos bien remunerados en la industria petrolera y las ventajas en política exterior de la seguridad energética. Si estos esfuerzos hubieran fracasado, “la producción de petróleo de EU sería un tercio de la actual”, según Strategas.

Convencer a los estadunidenses de los beneficios de la IA será cada vez más importante, dado que al menos algunos de los nuevos centros, para evitar la latencia de datos —el tiempo de espera entre una solicitud y una respuesta— tendrán que construirse cerca de las grandes ciudades, que suelen tener más normas y regulaciones en materia de construcción.

Sería conveniente que las compañías dejaran de lado su habitual desdén libertario por el gobierno y encontraran maneras de difundir los beneficios potenciales de la IA. A corto plazo, esto puede incluir inversiones en mejoras de la red eléctrica, capacitación laboral y acuerdos de beneficio comunitario en las zonas donde se construyan centros de datos.

A largo plazo necesitaremos un dividendo de datos para el público que refleje la riqueza soberana generada por los ingresos de los combustibles fósiles. Si EU quiere ganar la carrera de la IA, el público debe obtener beneficios.


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