¿Los consejos directivos de las empresas están desaparecidos?

Se ha pedido a los líderes corporativos mantener un perfil bajo y no hacer nada que moleste al presidente ni a la administración; el temor es que las firmas sean sancionadas o perder acceso a Washington

Los directores de las principales compañías de tecnología estuvieron en la toma de protesta de Trump, el año pasado. REUTERS
Rana Foroohar
Ciudad de México /

La semana pasada, escribí un artículo en el que hice un llamado a tener más directores ejecutivos con agallas para alzar la voz contra la violencia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) en Minneapolis, así como otras acciones peligrosas que realiza la administración Trump. Mi argumento era que los beneficios que obtengan las empresas con los recortes de impuestos y la desregulación del presidente estadunidense no compensarán los perjuicios del capitalismo clientelista, el nativismo, las guerras de aranceles y el distanciamiento de los aliados de Estados Unidos.

Recibí comentarios en su mayoría positivos de líderes empresariales sobre mi argumento, así como algunos comentarios interesantes sobre cómo los consejos de administración también tienen la culpa. Un director ejecutivo me contó que experimentó un drástico aumento desde el comienzo del segundo mandato de Trump (pero que comenzó durante el primero) en la tendencia de los consejos de administración a pedir a los líderes corporativos a mantener un perfil bajo y no hacer nada que moleste al presidente ni a la administración.

“La única manera en que la mayoría de los directores ejecutivos pueden actuar es si lo hacen de manera colectiva”, me dijo. Las declaraciones o protestas individuales suelen cortarse de raíz en las reuniones del consejo de administración. El temor es que las compañías sean sancionadas de manera directa o que simplemente pierdan acceso a Washington, lo que —en la era de lo que incluso la página de opinión de The Wall Street Journal llamó “socialismo de cuates”— sería letal.

Para ser justos, hay varios directores ejecutivos que se han pronunciado de forma limitada sobre temas específicos, aunque principalmente durante la primera administración Trump, es muy conocido que Ken Frazier renunció al consejo de fabricación del presidente después del mítin de supremacistas blancos en Charlottesville en 2017 (que Jamie Dimon también criticó); Elon Musk y Bob Iger renunciaron al consejo asesor empresarial del presidente después de que Estados Unidos abandonó el acuerdo climático de París (aunque nadie acusaría a Musk ni a ninguno de los otros líderes del sector de tecnología de no tener una relación muy cercana con el presidente), y Howard Schultz se pronunció sobre inmigración, y así hay más ejemplos.

Pero la gente que se queja ahora suelen ser grandes inversionistas —como Ray Dalio (quien comparó este momento con la década de 1930) y Ken Griffin, quien recién criticó a la Casa Blanca por “enriquecer” a amigos y familiares— en lugar de directores ejecutivos corporativos que responden a los consejos de administración. Aparte de las protestas colectivas por los sucesos de Minneapolis, ha habido una cantidad mucho menor de críticas a Trump por parte de la comunidad empresarial de lo que uno podría esperar. Mi fuente, un director ejecutivo, dice que hasta que las juntas directivas (y los grandes gestores de activos a los que, en última instancia, responden) empiecen a quejarse con más vehemencia del riesgo de valor a largo plazo que representa esta administración, las cosas no cambiarán.

Desde una perspectiva exclusivamente como accionista, se puede ver desde ambos lados. Si eres miembro de un consejo de administración que trata de mantener altos los precios de las acciones (ojalá por el bien de la empresa, pero también porque te pagan en acciones) y te arriesgas a perder un importante contrato gubernamental o a quedar excluido de una negociación de aranceles, en este clima, es posible que tenga sentido a corto plazo mantener un perfil bajo. Pero a menos que una empresa esté en proceso de venta o de una escisión, los consejos de administración no tienen la obligación legal de maximizar el precio de las acciones a corto plazo. Sí tienen el deber de actuar con buena fe para garantizar la creación de valor a largo plazo. En mi opinión, esto implica serias preocupaciones sobre cuestiones como las limitaciones a la inmigración, que probablemente aumentarán los costos laborales, los aranceles que están creando graves disrupciones en la cadena de suministro, el capitalismo clientelista y la politización de la Reserva Federal por parte de esta administración. Entonces, ¿por qué no hemos oído ni pío de los consejos de administración en su conjunto?

Dejando a un lado el miedo, la avaricia o cualquier otra cosa más nefasta, una razón puede ser que, en los últimos años, las juntas directivas se han conformado con un enfoque en temas específicos: un miembro es experto financiero, otro aporta la “perspectiva femenina”, etcétera. Pocos miembros de los consejos de administración analizan las cosas desde una perspectiva integral, y aún menos son disruptores cognitivos. No recuerdo la última vez que conocí a alguien (al menos en Estados Unidos) con una visión profunda del negocio de una empresa y la capacidad de actuar como disruptor.

A pesar de todo lo que se habla de la independencia de las juntas de administración, seguimos necesitando más diversidad cognitiva (en lugar de la basada en la identidad). Necesitamos miembros que puedan desafiar, pero desde una perspectiva de profundo conocimiento del negocio. Y, por supuesto, con una sólida brújula moral.

Como la persona que responde hoy a mis comentarios en Swamp Notes, tengo la suerte de contar con Brooke Masters, quien no solo es la directora de Financial Times en Estados Unidos, sino también una veterana editora y reportera corporativa. Brooke, ¿qué opinas de mi análisis y de las fuentes de mis directores ejecutivos que se quejan de los consejos de administración? ¿Se está pasando la pelota? Y si no, ¿qué hace falta para que las juntas directivas empiecen a criticar a la actual administración?

Lecturas recomendadas

-John Authers, de Bloomberg, argumenta que la Suprema Corte es el nuevo modelo para la Reserva Federal. ¡Caramba!

-The New Yorker publicó un ensayo fotográfico sobrio y escalofriantemente hermoso desde Minneapolis que vale la pena leer. Parece algo de otro país, excepto que es del Medio Oeste.

-Hace poco vi un documental de Netflix sobre el año 1975, visto desde la perspectiva tanto del entretenimiento como de la política. Aunque en apariencia trata sobre la agitación, me hizo sentir un poco mejor sobre el presente: las cosas han ido mal antes y pueden cambiar.

-En Financial Times, no se pierdan el artículo de Big Read sobre cómo Jeffrey Epstein atrajo a las personas más poderosas del mundo a su órbita.

Brooke Masters responde

Hola, Rana. No suelo sentir mucha compasión por los consejos de administración de las grandes empresas que cotizan en bolsa. Están bien remunerados y a menudo no tienen que esforzarse mucho para ganarse sus tarifas. Pero puedo entender por qué se resisten a permitir que sus directores ejecutivos tomen una postura contra la administración Trump. Si bien tienen la responsabilidad de maximizar el valor para los accionistas a largo plazo (en lugar de preocuparse por las fluctuaciones diarias del mercado de valores), también se les puede demandar y que se les considere personalmente responsables si resulta que no tomaron medidas para evitar una enorme caída del precio de las acciones.

Así que, los consejos de administración —y sus directores ejecutivos— se enfrentan a una clásica tragedia de los bienes comunes. La mejor opción para el crecimiento a largo plazo es que los líderes corporativos colaboren para denunciar las políticas erróneas (o peores) y tratar de detenerlas. Pero la segunda mejor opción para cualquier institución es no hacer nada, porque se corre el riesgo de sufrir represalias si su director ejecutivo se expresa solo.

De hecho, creo que los consejos de administración de hoy son más reflexivos y menos propensos a doblegarse ante sus directores ejecutivos que los de hace 20 años, pero eso también puede hacer que se vuelvan más renuentes al riesgo.

No sorprende para nada que Ken Griffin, propietario y director de una firma de valores privada y un fondo de cobertura, sea el que destaque y asuma el riesgo. La pregunta es si eso le da la confianza suficiente a otros para seguir y emprender acciones colectivas por el bien común. Ocurrió cuando Frazier adoptó su audaz postura en 2017: los líderes de Intel, 3M y Campbell Soup lo siguieron al salir del consejo de fabricación y el grupo finalmente se disolvió luego de un éxodo masivo. Tal vez ocurra algo similar esta vez.


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