Para los operadores de bonos, nunca llegó la habitual calma en la carga de trabajo en el verano. La venta masiva de deuda soberana mundial, que durante meses se desarrolló como una montaña rusa, se intensificó a medida que los rendimientos en las economías avanzadas alcanzaban nuevos y preocupantes máximos. En Japón y Reino Unido los costos de endeudamiento en bonos del gobierno a largo plazo rompieron récords de varias décadas; el del Tesoro de Estados Unidos a 10 años (referencia global para la deuda) se disparó a su nivel más alto desde enero de 2025.
Existen varias explicaciones para este desplome. Para empezar, el recrudecimiento de la guerra con Irán en los últimos días reavivó el temor a que los bancos centrales tengan que subir las tasas de interés para combatir los precios más altos de la energía. El viernes, durante el simposio de Jackson Hole, el presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, adoptó una postura inesperadamente de línea dura en materia de tasas. La competencia en las emisiones de deuda por parte de empresas que impulsan el auge de la inteligencia artificial (IA), sumada al cambio hacia inversionistas con un enfoque más cortoplacista en el mercado de bonos soberanos, también contribuyeron a presionar el aumento de los costos de endeudamiento. Sin embargo, la causa subyacente es mucho más prosaica: los gobiernos gastan por encima de sus posibilidades.
Desde la pandemia, la relación promedio de deuda pública sobre el PIB en las economías avanzadas se estabilizó por encima de ciento por ciento. Ahora la tendencia parece empeorar. Las perturbaciones en los precios de la energía y los alimentos se sumaron a las presiones de gasto que ya soportaban los gobiernos debido al envejecimiento de la población y al aumento de los compromisos de defensa.
La falta de disciplina fiscal empeoró la situación. El año pasado Reino Unido evitó reformar su generoso sistema de prestaciones sociales. En Japón, la primera ministra Sanae Takaichi aplica una política fiscal expansiva justo cuando parece que regresan las presiones inflacionarias. En EU, los recortes fiscales incluidos en la ley Un grande y hermoso proyecto de ley del presidente Donald Trump contribuyeron a agravar el problema de la deuda desbocada del país.
A medida que el aumento de los costos de endeudamiento engrosa unas montañas de deuda soberana ya de por sí enormes, la probabilidad de que se produzcan ventas masivas y desordenadas de bonos lo único que hará es aumentar. A los líderes políticos les preocupa la reacción negativa del electorado ante recortes sustanciales del gasto o aumentos de impuestos. Mientras, cualquier repunte del crecimiento de la productividad, y, por ende, de la recaudación fiscal, impulsado por la IA tardará en materializarse, y los bancos centrales tienen capacidad limitada para contener las presiones inflacionarias derivadas de perturbaciones en la oferta mundial.
A su vez, como destacan investigaciones del FMI, existe riesgo de que los gobiernos recurran a la represión financiera, incluidas intervenciones directas en los mercados de bonos para mantener las tasas de interés artificialmente bajas. Los inversionistas atribuyeron esta intención al secretario del Tesoro de EU, Scott Bessent, cuando anunció un plan para aumentar la recompra de deuda de gobierno a largo plazo. (El deseo de proteger los bonos del Tesoro también se encuentra detrás de sus recientes esfuerzos por apuntalar el yen).
Otras herramientas incluyen modificaciones en las normas de capital bancario, exigiendo a las instituciones nacionales que mantengan más deuda pública.
En el mejor de los casos, la ingeniería financiera permite a los gobiernos ganar tiempo, pero a costa de desestabilizar aún más los mercados de bonos.
Los intentos de contener las tasas perjudican a los ahorradores, complican la labor de los banqueros centrales, ocultan señales de precios vitales y socavan la confianza en la deuda pública.
Independientemente de las herramientas que utilicen, los ministerios de Finanzas corren el riesgo de librar batallas inútiles y pérdidas de antemano contra unos mercados de capitales interconectados a nivel mundial.
Los gobiernos deben resistir la tentación de las soluciones rápidas. La forma más sostenible de reducir el riesgo de turbulencias en el mercado de bonos consiste en atender las señales en lugar de ignorarlas o reprimirlas. Esto implica afrontar el aumento de los costos de bienestar social y pensiones, así como evitar concesiones o recortes fiscales que no cuenten con planes de financiamiento. Evitar el costo político hoy no desaparecerá el problema; solamente acumula inestabilidad en los mercados de bonos, lo que obligará a tomar decisiones económicas más dolorosas en el futuro.