Trump se extralimita en Minneapolis y deja una ola de temor y ansiedad

Este es el momento que muchos en Estados Unidos temen desde que el presidente fue elegido por primera vez; ahora cuenta con su propia fuerza paramilitar en la figura del ICE

La gran mayoría de los arrestados por el ICE no tienen antecedentes penales. | Reuters
Rana Foroohar
Nueva York /

Espero que los lectores de Swamp Notes de ambas tendencias políticas sepan que no soy propensa a la exageración cuando se trata de describir a la administración Trump. Intento criticar al presidente cuando hace cosas terribles (como comprometer la ética de maneras que, al final, degradarán los mercados estadunidenses) y darle crédito cuando hace algo que considero correcto en términos de política (como impulsar una norma industrial en sectores estratégicos).

Por desgracia, lo que está ocurriendo en Minneapolis en este momento cae en la primera categoría y debe hacernos reflexionar a todos. Luego de las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) en la ciudad, durante las cuales un manifestante que parecía abandonar un lugar de protesta según las instrucciones recibió un disparo a quemarropa (el decimotercer tiroteo del ICE desde julio), Donald Trump ahora evalúa invocar la Ley de Insurrección, un conjunto de leyes de los siglos XVIII y XIX que le permitirán enviar al ejército estadunidense a la ciudad para sofocar las protestas.

Este es el momento que muchos en Estados Unidos hemos temido desde que el presidente fue elegido por primera vez. Trump ahora cuenta con su propia fuerza paramilitar en la forma del ICE. Los agentes tienen instrucciones claras de no usar fuerza excesiva, sobre todo porque gozan de inmunidad legal frente a procesos penales, pero Trump, Stephen Miller ―el subjefe de gabinete― y otros miembros de la administración los elogian y aparentemente los alientan a seguir comportándose como lo están haciendo.

Como publicó Miller en redes sociales: “Tienen inmunidad para cumplir con sus deberes y nadie ―ningún funcionario municipal, ningún funcionario estatal, ningún inmigrante ilegal, ningún agitador izquierdista o insurgente nacional― puede impedirles cumplir con sus obligaciones y deberes legales”.

De acuerdo con personas de Minneapolis que he escuchado, el ICE está en todas partes ―acechando, apareciendo repentinamente, llevándose a la gente― y está creando una sensación de temor y ansiedad generalizados. El gobernador Tim Walz acaba de cerrar las escuelas durante dos días para tratar de evitar que los niños sufran daños.

Pero recurrir al ejército estadunidense para usarlo contra su propio pueblo será un horror aún mayor, incluso para Trump. La última vez que se utilizó la Ley de Insurrección fue para sofocar disturbios en Los Ángeles después de la absolución de policías blancos tras la paliza a Rodney King. (Para ver una lista de las otras ocasiones, consulten el sitio web del Centro Brennan).

En ese tiempo yo estaba en el último año de la universidad y hacía prácticas en una revista en Nueva York, a unas 120 manzanas del campus. Ese día nos dejaron salir temprano del trabajo, ya que muchos negocios y funcionarios públicos temían que los disturbios se extendieran a otras ciudades importantes (no fue así). Con el metro y los autobuses prácticamente sin funcionar, caminé de regreso a la escuela.

Temo que esta vez la situación se extienda. Sobre todo si se recurre al ejército. Pero la triste cara opuesta de este argumento es que los estadunidenses están acostumbrados a tanta violencia. Como escribí en una columna hace un tiempo, la violencia armada en Estados Unidos se ha normalizado de tal manera que la hemos llegado a ver como algo más que ocurre a diario, no como algo escandaloso e inaceptable. Diría que esto hace que EU parezca cada vez más un mercado emergente, pero lo cierto es que muchos mercados emergentes se están volviendo menos violentos, mientras que EU lo es cada vez más.

La violencia se transmite con cuentagotas. La gente tiene miedo, así que se resiste, y la situación empeora de manera progresiva. Trump pone a prueba los límites, y mientras los que se preocupan por los excesos de la administración utilizan el sistema legal para intentar establecer límites, me temo que las cosas no están cambiando con la suficiente rapidez.

La semana pasada comprobé que mis pasaportes británicos y los de mi familia estuvieran al día. Me preocupaba (una vez más) qué tanto de mi base de activos estaba diversificada más allá del dólar (todavía no lo suficiente; trabajo en eso). Una conocida italiana me contó que sus amigos en su país le preguntaban si era seguro caminar en Hoboken, Nueva Jersey, donde vive. Tengo un millón de ejemplos más de personas que piensan de esta manera que podría compartir.

Mi interlocutor esta semana es Jonathan Derbyshire, editor de opinión de Estados Unidos de Financial Times. Jonathan, tengo curiosidad por saber qué sentimientos te evocan los acontecimientos de los últimos días como expatriado británico que vive en Nueva York, no solo como periodista, sino como persona que vive en EU.

También agradecería las opiniones de los lectores sobre esto. Me gustaría incluir ejemplos de ideas y acciones que la gente está tomando (o no) en relación con la situación en una nota en el futuro.

Lecturas recomendadas

-Hay un artículo muy importante de Big Read en Financial Times. Creo que veremos a Canadá acercarse mucho más a Europa, y como Fareed Zakaria planteó en su columna más reciente en The Washington Post, Europa se está acercando a América Latina.

-Respeto la forma de escribir y de pensar de Sebastian Mallaby, por lo que su opinión en The New York Times sobre cómo OpenAI puede quedarse sin fondos me hizo reflexionar.

-Y un artículo de la revista New York, “The Takeover of Kirk Country” (La toma de control del país de Kirk) es una excelente mirada a la mentalidad de los jóvenes conservadores, en particular de las mujeres.

Jonathan Derbyshire responde

Gracias, Rana. Llegué a Estados Unidos a principios del año pasado, poco más de un mes después de la segunda toma de protesta de Trump. Y, al igual que tú y otros amigos estadunidenses, llevo tiempo preparándome para un momento como este. Algo como lo que estamos viendo desarrollarse en Minneapolis ya estaba previsto.

Las escabrosas descripciones del presidente de ciudades de Estados Unidos, incluyendo Nueva York, como infiernos plagados de delincuencia, amplificadas con especial entusiasmo por Miller (quien parece estar dirigiendo la política nacional prácticamente por sí solo en nombre de Trump), sentaron las bases para el despliegue el año pasado de tropas de la Guardia Nacional en Portland, Los Ángeles, Chicago y Washington (donde permanecen).

La Guardia Nacional de California, por ejemplo, se federalizó para proteger a los agentes del ICE que operan en Los Ángeles. Todavía no vemos a la Guardia Nacional desplegada en Minneapolis, pero la magnitud del operativo de ICE allí, la impunidad con la que parece operar el personal federal (con el apoyo de Miller y otros en el gobierno) y los niveles de violencia, que culminaron en el asesinato de Renee Good, no se parecen a nada visto antes.

Y ahora el Departamento de Justicia investiga a Walz y al alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, por una presunta conspiración para interferir con las actividades de los agentes federales de inmigración. Es difícil no ver esto como una escalada deliberada por parte de la administración en una situación que ya está peligrosamente exacerbada.

No tengo idea de dónde termina todo esto, pero quisiera llamar la atención de los lectores sobre cómo parece estar manipulando a los votantes. Una encuesta nacional de la Universidad de Quinnipiac que se realizó la semana pasada reveló que 53 por ciento cree que los disparos contra Good no estaban justificados, mientras que 57 por ciento de los votantes desaprueba la forma en que ICE aplica las leyes de inmigración. Y recuerden, se supone que la inmigración es el tema en el que el apoyo al presidente sigue siendo más fuerte.


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