• El Pato Merlín estrena tenis con Panam y alista demandas por piratería; dueña nos cuenta los planes para la marca

Tras el Mundial 2026, el Pato Merlín obtuvo el registro de su marca ante el IMPI, inició su estrategia de licenciamiento con Panam y prepara acciones legales contra quienes utilizan su imagen sin autorización.

Erika Rocha
Ciudad de México /
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M+.-Pocos fenómenos nacidos en el Mundial 2026 siguen generando conversación semanas después del torneo. Merlín, el pato pekín que se volvió viral durante la Copa del Mundo, busca ahora hacer algo aún más difícil: convertir esa popularidad en un negocio.

Una de las primeras alianzas es con la firma mexicana de calzado Panam, que lanzó una edición limitada de tenis inspirada en el personaje mundialista y que representa uno de los primeros productos oficiales desarrollados tras la protección legal de la marca.

En entrevista con MILENIO, Karla Ivette Gómez, dueña del Pato Merlín, precisó que el objetivo ya no es aprovechar la popularidad que dejó el Mundial, sino construir una marca mexicana que perdure.

“Nos ha beneficiado a la familia, a los que realmente conformamos lo que es Merlín. Entonces ya basta de estar beneficiando a empresas que lo único que estaban haciendo era beneficio propio, sin pensar en los demás”, condenó.
“Nosotros lo que estamos haciendo es, con la marca de Merlín, ayudar y apoyar a empresas mexicanas y apoyarnos entre todos”, añadió.

El Pato Merlín: de fenómeno viral a propiedad intelectual

El registro de la marca representó un punto de inflexión para Merlín, pues durante semanas fue utilizado por cientos de personas y comercios en publicaciones, playeras y distintos productos; sin embargo, ahora cuenta con protección legal y abre la puerta a un modelo formal de licenciamiento.

Panam fue una de las primeras empresas en acercarse a la familia con la intención de construir una colaboración bajo ese esquema.

Merlín viene de la calle, igual que Panam nace en las calles. Estamos muy felices de poder cerrar con broche de oro esta temporada mundialista, con esta colaboración y muy agradecidos con Karla, que tuvo también esta bandera de decir: ‘sí apoyo a las marcas mexicanas’. Hace muy buena sinergia”, explicó Paola Reglin, directora de Panam, en entrevista con MILENIO.

La ejecutiva garantizó que, desde el inicio, la empresa buscó evitar cualquier aprovechamiento indebido del fenómeno viral y decidió negociar directamente con la familia una licencia oficial.

“Buscamos el canal indicado para llegar con ellos y evitar cualquier percepción de que estábamos aprovechándonos comercialmente de la imagen de Merlín. Queríamos hacerlo de una manera transparente y completamente legal para que ellos estuvieran cómodos con el acuerdo”, expresó.
“Lo que queremos nosotros no es lucrar con su imagen, es darles un porcentaje de la venta. Lo toman o lo dejan y, si no, no pasa nada. Porque Panam así trabaja desde hace muchísimo tiempo”, añadió.

Para Reglin, el partnership también simboliza el nacimiento de una nueva marca mexicana.

“Ellos dijeron: ‘jalamos (sic), somos marcas mexicanas’. Porque al final Merlín ya se convierte en una marca mexicana… y hay que hacerlo bien y lo hicimos bien”, sostuvo.

Independientemente a la colaboración comercial, el acuerdo refleja una tendencia cada vez más visible entre las empresas de consumo: convertir fenómenos nacidos en redes sociales en propiedades intelectuales capaces de generar ingresos mediante licencias, en lugar de depender exclusivamente de la venta de mercancía propia.

Karla Ivette Gómez, dueña de Merlín, dijo que tras el Mundial, el objetivo es construir una marca mexicana. | Foto: Especial

Primero México, después el mundo

Aunque la popularidad de Merlín trascendió fronteras y ya existen acercamientos con empresas extranjeras interesadas en colaborar con el personaje, la familia apoderada decidió priorizar el mercado nacional.

“Está Cooperativa Pascual, que también vamos a hacer algunas colaboraciones con ellos. Está Panam y hay varias empresas que se van mirando poco a poquito”, adelantó Gómez.

La intención, explicó, es construir una marca que conserve el cariño que despertó durante el Mundial y que permanezca como un referente mexicano.

“Básicamente que vayan conociendo más de Merlín, que vean su imagen, porque es una imagen muy querida. Es un pato muy amado. La vibra que él emana se ha transmitido a nivel mundial, la verdad. Ha habido muchos países que también están interesados en colaborar con él”, comentó.

Pese a ello, aseguró que la prioridad seguirá siendo México.

“Estamos manejando muchos filtros. ¿Por qué? Porque yo le estoy dando más prioridad a nuestro país. Queremos dejar algo, queremos dejar huella aquí”, afirmó.
“Gracias a las demás empresas y demás. Pero sí, estamos viendo muchos filtros porque no queremos que Merlín pase más allá. Queremos que Merlín deje huella aquí”, agregó.

La colaboración también coincide con una nueva etapa para Panam. Reglin adelantó que la compañía alcanzó 45 tiendas propias con la apertura de una sucursal en Toreo y prevé inaugurar dos puntos de venta adicionales antes de finalizar el año, uno de ellos en el Centro Histórico, en Ciudad de México.

La fama no siempre vende

Convertir millones de reproducciones en ingresos ha resultado ser uno de los principales retos para la familia de Merlín.

Pese al enorme alcance que logró el pato durante el Mundial, Gómez reconoció recientemente que la línea de ropa inspirada en el personaje estuvo muy lejos de las expectativas comerciales.

“Es increíble ver a tanta gente comentar, compartir y decir que ama al pato, pero cuando lanzamos la ropa, muy pocos compran. La fama en redes no se ha traducido en dinero real”, admitió Karla Ivette en una publicación.

La experiencia visibiliza uno de los mayores desafíos de la llamada economía de los creadores: una audiencia masiva no necesariamente se convierte en consumidores.

Especialistas en marketing digital coinciden en que el éxito en redes sociales genera notoriedad y afinidad con una marca, pero difícilmente garantiza ventas sin una estrategia comercial que agregue valor, genere exclusividad o se apoye en alianzas con empresas consolidadas.

En ese contexto, el modelo de licenciamiento aparece como una alternativa para monetizar una propiedad intelectual sin depender únicamente de la venta directa de mercancía propia.

La marca “pato Merlín” también se defiende

La obtención del registro ante el IMPI, además de abrir la puerta a nuevos negocios, también marcó el inicio de una estrategia para proteger legalmente la imagen de Merlín.

Durante los meses de mayor popularidad del personaje, cientos de publicaciones, productos, prendas y artículos utilizaron su imagen sin autorización. Ahora, la familia asegura que ese periodo terminó.

“Hemos visto que están lucrando con la imagen de Merlín. Vamos a tomar cartas en el asunto, es un hecho”, afirmó Gómez.

La empresaria sostuvo que el registro de la marca les da herramientas para impedir que terceros continúen explotando comercialmente la imagen del pato.

“Si yo tengo registro, no se vale que hagan este tipo de cosas. ¿Por qué? Porque están abusando de eso. Tanto en redes sociales, como en ropa, en marca y demás. Lo están utilizando sin ni siquiera consultarlo con nosotros. Entonces, claro que vamos a proceder legalmente”, señaló.

Incluso, adelantó que preparan una ofensiva jurídica contra quienes ya fueron identificados.

“Estamos haciendo un listado, en los cuales vamos a empezar a hacer una demanda masiva para que a todos les vaya llegando. Y, obvio, tienen que ver, tienen que hablar con nosotros”, explicó.

Aunque evitó revelar cuánto vale actualmente la marca Merlín o cuánto factura el proyecto, dejó claro que esa información permanecerá reservada.

“Por cuestión de seguridad, pues no podemos hablar de eso”, respondió a pregunta expresa de MILENIO.

Más que un negocio

Para Gómez, el crecimiento comercial de Merlín no pretende desplazar el mensaje con el que el pato se volvió conocido.

Asegura que, más allá de las licencias y los productos oficiales, el personaje busca fomentar el respeto hacia los animales y cambiar la percepción que muchas personas tienen sobre los patos.

“Amor y respeto hacia las mascotas. Que no vean a un pato pekín nada más como para uso comestible. Que se den cuenta que un pato puede dar más que estar en una olla, estar en un plato o estar en una granja. O sea, un pato da más”, externó.

Por esa misma razón, pidió que las personas no adquieran un pato únicamente porque Merlín se volvió famoso durante el Mundial.

“No es tanto por eso. La verdad es que no. Yo más bien voy por el lado de conciencia. O sea, es muy complejo tener un pato. No todos tienen ese amor, no todos tienen esa paciencia. Y tampoco tienen el conocimiento de poder mantener un pato en casa. Entonces, es muy complicado”, subrayó.

Mientras la conversación sobre el Mundial comienza a diluirse, la incógnita no es si Merlín volverá a ser tendencia, sino si logrará lo que pocos fenómenos digitales consiguen: transformar la atención masiva en un negocio sostenible.

La marca "Pato Merlín" pertenece a la familia de Karla Ivette Gómez. | Foto: Araceli López

MRA

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