Atacar al mensajero o la negación presidencial de la crisis de derechos humanos

Los señalamientos de Andrés Manuel López Obrador a la organización Artículo 19 fueron efectivos.

No es nueva esta técnica de señalar al denunciante. (Kathia Recio)
Nexos
Ciudad de México /

Por: Carlos Dorantes

Ilustración: Kathia Recio, cortesía de Nexos

Hay que nombrarlo tal como es: lo que está en juego cuando el presidente niega la crisis de derechos humanos y, además, estigmatiza a quienes la están denunciando, no es menor, pues impacta en los esfuerzos dirigidos a construir memoria, verdad y justicia. Por el contrario, es un hecho grave, ya que lejos de representar un cambio, tanto la negación de los agravios, como la estigmatización de los denunciantes, son mecanismos que dan continuidad a prácticas viejas de la faceta más autoritaria del Estado mexicano, algunas de las cuales se gestaron durante el período de represión estatal de los años setenta y ochenta —también mal llamado como “guerra sucia”—. Ni las disculpas públicas o actos simbólicos de reparación son suficientes sin verdad ni justicia. Pero tampoco lo son si la negación sigue operando a través de otros mecanismos.

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