Comer sano no te vacuna: la ilusión de invencibilidad

Ciudad de México /

Durante años, las vacunas nos regalaron tranquilidad. Le permitieron a nuestros papás vernos crecer sin miedo a enfermedades que antes llenaban hospitales y cobraban la vida de niños en cuestión de días. Y cuando algo funciona así de bien, es fácil darlo por hecho… hasta que se rompe. Nuestra generación no vio ese daño de cerca y, entre decisiones personales y fallas de continuidad, el sistema de vacunación que México construyó con tanto esfuerzo se fue debilitando.

Así el sarampión volvió a encender focos. Al cierre de estos días, el país acumula cerca de 10 mil casos confirmados y decenas de muertes. El sarampión no es “una gripa fuerte”. Es un virus altamente contagioso que viaja por el aire y puede quedarse en un espacio cerrado lo suficiente para contagiar incluso después de que la persona enferma ya se fue. Puede complicarse y causar daño permanente o muerte, sobre todo en bebés, embarazadas y personas con el sistema inmune comprometido (cáncer, trasplantes).

Y aquí viene la cruda realidad: hay padecimientos donde el estilo de vida, por más impecable que sea, no alcanza. Puedes comer “perfecto”, dormir ocho horas, tomar suplementos, hidratarte y hacer ejercicio… y aun así, si te expones a un virus y no estás vacunado, tu cuerpo no compite en igualdad de condiciones. El estilo de vida te fortalece, no te vuelve invencible. 

A veces actuamos como si por ser humanos fuéramos superiores a toda especie. Y lo somos… solo en una cosa: en nuestra capacidad de anticiparnos. Los virus también son “depredadores” —sin garras, pero con estrategias biológicas— y nosotros aprendimos a ir un paso adelante, por eso creamos las vacunas. Piensa en ellas como lo que son: inteligencia aplicada a la supervivencia. 

Entonces, ¿por qué estamos retrocediendo? Existen muchas teorías, pero yo lo veo así: nos confiamos. Nuestra generación creció pensando que el sarampión “no existía” porque no vimos de cerca las complicaciones y las muertes; la amenaza se volvió invisible y el cerebro la archivó. A eso súmale el ruido informativo que confunde, las decisiones ideológicas de no vacunar (que yo no comparto) y las fallas del Gobierno. La vacunación no solo depende de querer, depende de acceso, abasto, campañas, seguimiento y continuidad. Cuando baja la cobertura, se rompe la inmunidad colectiva, el virus encuentra huecos… y el sarampión no los perdona: los aprovecha.

¿Qué puedes hacer hoy?

• Revisa tu esquema: muchos adultos no saben si tienen dos dosis.

• Si tienes hijos, confirma que su SRP esté en tiempo.

• Si convives con bebés o con personas vulnerables, asegúrate de estar protegido: es tu forma de cuidarte y de cuidarlos.

• Si no encuentras cartilla, acércate a tu centro de salud y pregunta qué sucede en tu caso.

• Si dudas por miedo o información contradictoria, busca fuentes confiables. La ciencia no es de opiniones: es de evidencia.

Y un recordatorio práctico: ante fiebre alta, erupción en piel, ojos rojos, tos intensa o si hubo contacto con un caso, consulta y avisa para que te orienten y protejas a quienes te rodean.

Vacunarnos no es un acto de “obediencia”, es un acto de cuidado. Es decirle a tu cuerpo: “No te voy a dejar solo contra algo que no se controla con fuerza de voluntad, pero sí se puede prevenir”. Y también es un acto de comunidad: tu decisión protege a quien hoy no puede vacunarse. Recuerda lo siguiente: las vacunas fueron la primera estrategia que nos llevó a vivir más, mientras que tu estilo de vida te ayuda a vivir mejor.

ALFREDO SAN JUAN

  • Ale Ponce
  • Experta en ciencia e investigación de la nutrición con destacadas habilidades en el campo de la nutrigenómica y los alimentos funcionales. Vasta experiencia en el área de nutrición clínica y administración educativa. Publica su columna Vive más y mejor todos los lunes.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite