El calor también envejece

Ciudad de México /
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En muchas ciudades de México hemos aprendido a organizar la vida alrededor del calor. Buscamos sombra, cambiamos la hora de hacer ejercicio y esperamos a que baje el sol para salir. Aun así, vemos las altas temperaturas como una incomodidad. Hoy sabemos que también son un asunto de salud y longevidad.

Cuando hace calor, el cuerpo envía más sangre hacia la piel y produce sudor. Parece automático, pero exige agua y una respuesta adecuada del corazón, los riñones y el sistema nervioso. Si el ambiente permanece caliente por la noche, el organismo tiene menos oportunidad de recuperarse.

Con la edad, esta regulación pierde eficiencia. Podemos sudar menos, sentir menos sed y tener menor reserva cardiovascular y renal. Por eso, dos personas en la misma casa pueden vivir la temperatura de forma distinta: mientras una dice que “no está tan caliente”, otra puede acumular un estrés fisiológico.

Una investigación de 2026 en adultos de mediana y mayor edad mostró que una mayor exposición a olas de calor se asoció con aceleración de la edad biológica, calculada con indicadores de presión, glucosa, colesterol, función renal e inflamación. Esto no significa que un día caluroso nos agregue años ni demuestra causalidad; es un estudio observacional. Pero obligar al cuerpo a adaptarse una y otra vez podría alterar el equilibrio metabólico.

También importa lo que ocurre al dormir. Una habitación caliente dificulta que el cuerpo reduzca su temperatura y fragmenta el sueño. Al día siguiente puede haber fatiga, menor concentración y menos energía para movernos.

A ello se suman los medicamentos. Diuréticos, algunos tratamientos para la presión, antihistamínicos y ciertos antidepresivos pueden modificar la sed, la sudoración o el balance de líquidos. No deben suspenderse por cuenta propia. Conviene preguntar al médico si requieren vigilancia especial y reconocer mareo, debilidad, dolor de cabeza, confusión, náusea o disminución de la orina como signos de deshidratación.

¿Qué podemos hacer desde casa? Beber líquidos sin esperar a tener sed, salvo que exista restricción médica; usar ropa ligera; cerrar cortinas durante las horas más calientes; ventilar cuando la temperatura exterior descienda y mantener fresco el dormitorio. El ventilador ayuda, pero si el aire es extremadamente caliente puede no ser suficiente. También conviene hacer ejercicio en horas más frescas y no dejar sola a una persona vulnerable durante una ola de calor.

Pero cuidarnos no puede depender solo del aire acondicionado. El acceso a sombra, árboles, agua, viviendas ventiladas y centros comunitarios frescos también es salud pública. Una ciudad cubierta de concreto conserva calor después de ocultarse el sol. Quienes viven en zonas con poca vegetación o en casas que no logran refrescarse enfrentan un riesgo mayor.

En los días más calientes, además de revisar la temperatura, revisemos a las personas vulnerables. Una llamada puede prevenir una urgencia. Preguntemos si están tomando líquidos, si su casa logra enfriarse y si se sienten diferentes.

El calor no solo incomoda: obliga al cuerpo a trabajar para mantener su equilibrio. Preparar la casa, ajustar horarios, conocer nuestros medicamentos y cuidar a quienes tienen menos capacidad para adaptarse también son estrategias de longevidad. Frente a temperaturas cada vez más altas, vivir más y mejor requerirá decisiones personales, familias que se cuiden y ciudades preparadas para protegernos. 

Adlemi Romero


  • Ale Ponce
  • Experta en ciencia e investigación de la nutrición con destacadas habilidades en el campo de la nutrigenómica y los alimentos funcionales. Vasta experiencia en el área de nutrición clínica y administración educativa. Publica su columna Vive más y mejor todos los lunes.
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