La competencia por vivir más y mejor

Ciudad de México /

En redes sociales apareció una palabra para nombrar algo que muchos ya estamos viendo: healthmaxxing. Viene de “maximizar” la salud: optimizar sueño, alimentación, ejercicio, suplementos, glucosa, estrés y hasta la forma en que respiramos. En principio suena bien. ¿Quién no quiere prevenir enfermedades y llegar a la vejez con fuerza?

El problema empieza cuando vivir más y mejor se convierte en competencia.

Hoy vemos rutinas diseñadas más para ser admiradas que para ser sostenidas: despertar a las 4:30 de la mañana, medir el sueño, revisar frecuencia cardiaca, contar pasos, calorías, gramos de proteína y minutos de zona 2. Leer cada etiqueta como si el supermercado fuera un campo minado: que no tenga gluten, lactosa, colorantes, conservadores o azúcar. Entrenar aunque el cuerpo pida descanso. Organizar cada comida, cada horario y cada decisión como si la salud dependiera de no fallar nunca.

Y quiero ser clara: muchas de estas acciones no son malas. Dormir bien importa. Hacer fuerza es una de las mejores inversiones para envejecer con independencia. Comer alimentos reales, moderar el alcohol, conocer nuestros genes y medir algunos datos puede ayudarnos a decidir mejor.

Pero algo cambia cuando cuidarnos empieza a afectar la salud emocional, las relaciones, el trabajo o la familia. Cuando dejamos de salir porque “rompería” nuestro horario de sueño. Cuando evitamos convivir porque nada debe interferir con la dieta. Cuando una cena con amigos se vuelve una amenaza. Cuando el ejercicio deja de ser herramienta de salud y se convierte en deuda diaria. Cuando el cuerpo no se escucha, se administra.

Entonces aparece una pregunta incómoda: ¿para qué?

¿Para qué despertar a las 5:00 de la mañana si eso implica dormir menos? La ciencia no dice que levantarse temprano, por sí solo, compre años de vida. Sí sabemos que dormir muy poco o demasiado se asocia con mayor riesgo de mortalidad, y que el punto saludable suele estar entre siete y ocho horas. El cronotipo importa: para algunos despertar temprano es natural; para otros, forzarlo puede ser estrés.

Lo mismo pasa con el ejercicio. Moverse salva vidas, pero no hay que entrenar diario para merecer salud. Las guías recomiendan al menos 150 minutos de actividad moderada por semana y fuerza dos o más días. Incluso concentrar el ejercicio en cuatro o cinco días puede dar beneficios importantes si se alcanza la dosis semanal. La constancia importa más que la perfección.

A veces creemos que cada decisión saludable nos compra ciertos años de vida a futuro. Como si una cena “perfecta” sumara años y una cena fuera de rutina los restara. Pero el cuerpo no funciona así. La salud es acumulativa, sí, pero también es resiliente. Un cuerpo bien cuidado puede rebotar de una noche distinta, una comida fuera de casa o una semana pesada. Lo que afecta nuestra longevidad no suele ser la excepción, suele ser el patrón que repetimos sin conciencia.

No estoy en contra de vivir más y mejor. Cada semana escribo sobre eso. Estoy en contra de que una buena intención se convierta en una búsqueda rígida de perfección. Vivir mejor también es poder cenar sin miedo, celebrar sin culpa, descansar sin sentir que perdemos productividad y confiar en que la salud no se destruye por ser lo que somos: humanos imperfectos.

Tal vez la verdadera longevidad no está en maximizarlo todo, sino en sostener lo importante sin dejar de vivir. Como dije en el pódcast “Cracks”, de Oso Trava: la clave es ser constante en todo aquello que te hace bien y flexible cuando sea necesario.

ALFREDO SAN JUAN


  • Ale Ponce
  • Experta en ciencia e investigación de la nutrición con destacadas habilidades en el campo de la nutrigenómica y los alimentos funcionales. Vasta experiencia en el área de nutrición clínica y administración educativa. Publica su columna Vive más y mejor todos los lunes.
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