La piel tiene memoria

Ciudad de México /
ALFREDO SAN JUAN

Con la llegada de los meses de más sol, muchas personas piensan en la piel desde lo estético: que no se manche, que no se reseque, que no envejezca antes de tiempo. Pero vale la pena verla desde un lugar más importante: la piel es un órgano que nos protege y que también guarda memoria de nuestros hábitos. Cada hora bajo el sol sin protección, cada quemadura que parecía “sin importancia”, cada vez que olvidamos el bloqueador en cara, cuello o manos, se va sumando con los años.

Por eso, cuidar la piel no debería empezar cuando aparecen las primeras manchas o arrugas, sino mucho antes. De hecho, la protección debe empezar desde la infancia. La piel de los niños se daña, aunque el efecto no siempre se note en ese momento. Y en los adultos ocurre algo parecido: como el daño suele acumularse poco a poco, muchas personas creen que no pasa nada, hasta que un día aparece una mancha nueva, un lunar distinto o una zona que ya no se ve igual.

Proteger la piel no significa únicamente ponerse protector solar antes de salir de casa. Significa entender que el cuidado real combina varias acciones: evitar la exposición en horas pico, buscar sombra, cubrir la piel con ropa ligera, usar sombrero y lentes, o incluso un sombrilla que amortigüe los rayos. Y, por supuesto, aplicar protector solar en todas las zonas expuestas, incluyendo cara, cuello, orejas y manos, que con frecuencia olvidamos. También conviene reaplicarlo si pasamos varias horas afuera, sudamos mucho o estamos en contacto con agua.

Pero cuidar la piel no es solo prevenir: también es observar. Así como revisamos presión, glucosa o colesterol, vale la pena aprender a mirar nuestros lunares y manchas. Aquí entra una herramienta sencilla que puede ayudarnos a detectar cambios importantes a tiempo: el ABCDE. 

A de asimetría: cuando una mitad del lunar no se parece a la otra. 

B de bordes: cuando son irregulares o poco definidos. 

C de color: cuando hay varios tonos en un mismo lunar o mancha. 

D de diámetro: cuando mide más de seis milímetros, aunque también hay lunares pequeños que merecen atención. 

E de evolución: cuando cambia de tamaño, forma, color o relieve, o cuando comienza a picar o sangrar.

Ese último punto, la evolución, suele ser de los más importantes. Un lunar o mancha que cambia no debe ignorarse. Nuestro médico de cabecera puede orientarnos, pero ante un lunar sospechoso, una mancha nueva que llama la atención o una zona de la piel que empieza a verse diferente, el dermatólogo es quien tiene la preparación específica para revisarlo a profundidad. Muchas veces una revisión a tiempo hace toda la diferencia.

También vale la pena recordar que la piel refleja parte de lo que hacemos por dentro. Dormir mal, vivir deshidratados o llevar una alimentación pobre en calidad puede afectar su barrera, su salud y su aspecto. Comer suficientes proteínas, frutas, verduras y grasas de buena calidad, así como tomar agua durante el día, ayuda a mantener una piel más fuerte. Pero aquí hay que ser claros: comer bien e hidratarse ayuda, sí, pero no sustituye la protección contra el sol.

Cuidar la piel no es vanidad. Es prevención. Es aprender a observarnos. Es enseñarles a nuestros hijos que el protector solar no es opcional. Es recordar que las manos también se protegen, que la sombra cuenta y que un lunar que cambia merece atención. Porque vivir más y mejor también implica cuidar la piel que nos acompaña y no minimizar lo que lleva tiempo intentando decirnos.


  • Ale Ponce
  • Experta en ciencia e investigación de la nutrición con destacadas habilidades en el campo de la nutrigenómica y los alimentos funcionales. Vasta experiencia en el área de nutrición clínica y administración educativa. Publica su columna Vive más y mejor todos los lunes.
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