Medirte no siempre es cuidarte

Ciudad de México /

Vivimos en una época curiosa: parece que para estar “bien” hay que traer un dispositivo en la muñeca que nos diga si dormimos, si nos estresamos, si nos recuperamos, si caminamos lo suficiente… como si la salud dependiera de una calificación en una pantalla, más que de cómo te sientes al despertar, cómo te acompaña tu energía durante el día o qué tan en paz está tu mente.

Y ahí nace una idea equivocada: como si la salud estuviera reservada para quienes pueden comprar todo —dispositivos, pruebas, membresías, suscripciones— y para quienes pueden darse el lujo de convertir su bienestar en un proyecto permanente. Pero tu cuerpo no te pide una compra, te pide atención. Y eso, aunque a veces lo olvidemos, está al alcance de cualquiera.

No me malinterpretes: estos dispositivos pueden ser útiles. El problema empieza cuando el aparato se vuelve juez y parte. Cuando aparece esa voz: “Dormí mal según el reloj, entonces mi día ya está perdido.” Y sin querer cedemos el control: dejamos que un número decida nuestro ánimo, nuestras decisiones y hasta nuestra confianza.

Vale la pena recordar algo que la investigación en estilo de vida lleva décadas repitiendo: lo esencial nunca ha sido un dispositivo que te mida sin parar. Lo esencial es aquello a lo que todos tenemos acceso y es gratuito: sueño consistente, comida real, hidratación, manejo del estrés y movimiento. Lo valioso no es la tecnología; es la constancia y el regreso a lo simple.

Si no tienes acceso a estos dispositivos, o si te has sentido excluido de lo que hoy se habla sobre salud por no usarlos, quiero decirte algo claro: tu cuerpo también te da información. Solo necesitamos reaprender a observar. En el sueño, por ejemplo: despertar cansado, levantarte varias veces en la noche o depender del café para arrancar suelen ser señales de que algo se desordenó (horarios, pantallas, cenas tardías o estrés). Con el estrés pasa igual: no siempre se siente como “nervios”; a veces se manifiesta como irritabilidad, mente acelerada o tensión en la mandíbula. Y con la glucosa también hay pistas sin necesidad de monitoreo continuo: sueño pesado después de comer, bajón de energía a media tarde, ansiedad por dulce, o esa “hambre urgente” cuando pasas muchas horas sin comer.

Y si decides usar un dispositivo, mi sugerencia es simple: úsalo por un par de meses como herramienta para detectar patrones. Observa qué cambia cuando cenas tarde, cuando caminas, cuando tomas alcohol y cuando no lo tomas, cuando vives acelerado y cuando eliges ir más lento. Después guárdalo. Regresa a él solo para recalibrar cuando lo necesites. Medir todo el tiempo no siempre es salud; a veces es otra forma de vivir en alerta.

Lo digo con empatía: si hoy sientes que dependes de estos números para estar tranquilo, no es tu culpa. Vivimos saturados, con el estrés normalizado y el cuerpo en modo alerta. En ese contexto, cualquier cosa que parezca certeza se siente como salvación. Pero hay un riesgo: que la medición nos desconecte de lo más importante, que es la capacidad de sentirnos y entendernos. Porque la salud no empieza en el reloj: empieza en tu cuerpo.

Al final, no se trata de estar en contra de la tecnología. Se trata de que la tecnología no te robe la conexión contigo. Si tienes dispositivo, que sea brújula, no juez. Y si no lo tienes, que no te hagan sentir que vas tarde: tu cuerpo ya trae el sistema más sofisticado. Vivir más y mejor no es tener más datos… es tener más vida. Y, sobre todo, es volver a sentirla.

ALFREDO SAN JUAN


  • Ale Ponce
  • Experta en ciencia e investigación de la nutrición con destacadas habilidades en el campo de la nutrigenómica y los alimentos funcionales. Vasta experiencia en el área de nutrición clínica y administración educativa. Publica su columna Vive más y mejor todos los lunes.
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