¿Te meterías al agua hirviendo?

Ciudad de México /
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Si hoy te borraran la memoria y mañana alguien te presentara la lista de actividades de tu día normal, ¿las aceptarías? Juntas interminables, tráfico, conflictos, deudas, cuidado de hijos o de papás, pocas horas de sueño y, a veces, ni siquiera un horario para comer.

Probablemente muchas personas dirían que no. Lo curioso es que eso es justo lo que hacemos todos los días. No porque lo hayamos elegido con plena conciencia, sino porque nos acostumbramos. Porque “todos viven así”, porque “así son las cosas”.

Esto me recuerda al viejo cuento de la rana y el agua caliente. Dicen que si una rana cae en agua hirviendo, salta. Pero si la colocan en agua tibia y la temperatura sube poco a poco, al inicio no nota el peligro, hasta que ya no tiene fuerza para salir.

A veces vivimos igual que esa rana en agua tibia: la temperatura va subiendo sin darnos cuenta. Un café más porque duermes poco; te saltas la comida porque no hubo tiempo; estás sentado por horas. Otra noche en la que, en lugar de dormir, te quedas en el celular por horas.

El problema es que el cuerpo sí lleva la cuenta. Empieza enviando señales pequeñas: cansancio después de comer, más antojos, menos músculo, glucosa o presión arterial más altas, menos energía, más ansiedad, más niebla mental. Cambios que parecen normales porque les pasan a muchos, pero que son la primera señal de que necesitamos cambiar. 

Desde la medicina de estilo de vida, la prevención y la genética sabemos que la salud no se pierde de un día para otro. Se construye, o se deteriora, en decisiones repetidas relacionadas con lo que comemos, cómo dormimos, cuánto nos movemos y cómo

manejamos el estrés.

Por eso es tan importante notar cuándo nuestra “agua” empieza a subir de temperatura. Porque, como en el cuento de la rana, el riesgo no siempre aparece de golpe; se instala poco a poco. Ahí todavía hay espacio para corregir, tratar, evitar que algo empeore e incluso revertir parte del daño que se está desarrollando.

El primer paso suele ser una autoevaluación honesta: ¿tengo la salud que me gustaría tener? Escribe cómo quisieras vivir en energía, sueño, ejercicio, alimentación, estrés, fuerza y claridad mental; luego escribe cómo estás hoy. La brecha entre ambas no es culpa; es información.

Después viene una evaluación profesional; una historia clínica completa, estudios de sangre, imagen o genética ayudan a saber dónde estás parado en el mapa. Querer “estar mejor” es válido, pero entender qué necesita tu cuerpo es más útil que copiar la rutina de alguien más.

El tercer paso es establecer prioridades. No necesitas cambiar toda tu vida de un día para otro, es más efectivo elegir dos o tres cambios pequeños, sostenerlos durante tres semanas, reevaluar y después instalar uno nuevo, que intentar cambiar toda la rutina a la que estás acostumbrado y terminar dejándolo porque se siente imposible.

Si hoy sientes que el agua empieza a calentarse, date crédito por notarlo. No siempre es fácil mirar la propia vida desde afuera. Darte cuenta de esto es una oportunidad de pedir ayuda y cambiar.

No te meterías al agua hirviendo por miedo a quemarte. Entonces no esperes a que el agua esté hirviendo para salir del ciclo que poco a poco te está enfermando. El mejor día para empezar quizá fue antes, pero el segundo mejor día es hoy.

Vivir más y mejor siempre es posible, yo te acompaño. Encuéntrame en Instagram como @aleponce.healthyagingmx y en www.healthyaging.mx. 

Adlemi Vilchis



  • Ale Ponce
  • Experta en ciencia e investigación de la nutrición con destacadas habilidades en el campo de la nutrigenómica y los alimentos funcionales. Vasta experiencia en el área de nutrición clínica y administración educativa. Publica su columna Vive más y mejor todos los lunes.
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