¿Qué anticipan los bonos?

Ciudad de México /
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A principios de año, el consenso esperaba que la Reserva Federal mantuviera una postura restrictiva durante buena parte de 2026. La combinación de una economía sorprendentemente resiliente, un mercado laboral sólido y las incertidumbres geopolíticas, impedía cantar victoria sobre la inflación. Sin embargo, las últimas semanas agregaron un nuevo elemento a la discusión: un repunte significativo en las tasas de largo plazo. La reciente reunión de la Fed reforzó la percepción de que los riesgos inflacionarios siguen presentes y que el margen para relajar la política monetaria continúa siendo limitado. El resultado ha sido un ajuste en toda la curva de rendimientos y una pregunta que surge cada vez con más frecuencia entre los inversionistas: ¿qué tan altas pueden llegar las tasas?

En un primer escenario de tasas más altas, los rendimientos podrían continuar subiendo si se mantiene la combinación actual de crecimiento sólido e inflación persistente. Si la economía estadunidense sigue creciendo por encima de la tendencia, el consumo permanece fuerte y las presiones derivadas de energía, cadenas de suministro o conflictos geopolíticos vuelven a trasladarse a los precios, entonces el mercado podría comenzar a descontar una política monetaria todavía más restrictiva. No necesariamente nuevas alzas inmediatas de la Fed, pero sí una permanencia más prolongada en niveles elevados. Bajo este escenario, los rendimientos largos tendrían espacio para seguir ajustándose.

El segundo escenario es igualmente plausible y quizá más interesante desde una perspectiva de inversión. La inflación continúa convergiendo gradualmente hacia los objetivos de los bancos centrales, mientras las condiciones financieras restrictivas comienzan por fin a moderar la actividad económica o empieza a verse una disipación de las presiones en energéticos en las métricas de inflación. No sería la primera vez que el efecto de las tasas aparece con retraso. El mercado podría volver a incorporar recortes o simplemente eliminar parte del premio que hoy exige en los bonos de largo plazo. En ese caso, las tasas tenderían a retroceder desde los niveles actuales.

Desde esta óptica, los niveles actuales de rendimiento comienzan a lucir atractivos para incorporar duración de manera gradual. No porque sea evidente que las tasas ya alcanzaron su máximo, sino porque el balance riesgo-beneficio se ha vuelto más favorable. Si el escenario de crecimiento resiliente continúa, el inversionista recibiría un rendimiento atractivo. Si las tasas terminan generando la desaceleración que buscan los bancos centrales, los bonos largos podrían beneficiarse de una futura compresión en rendimientos.

En México, la dinámica es distinta. Banxico no necesariamente está siguiendo a la Reserva Federal y el mercado continúa observando una convergencia inflacionaria favorable. Sin embargo, los bonos locales no operan de manera aislada. Cuando las tasas estadunidenses suben, los rendimientos mexicanos suelen acompañar parte del movimiento aun cuando las expectativas para la tasa de referencia local permanezcan estables. Por ello hemos visto ajustes en la curva mexicana que responden más a factores globales que a cambios fundamentales en la trayectoria esperada de Banxico.

Más allá de las decisiones de los bancos centrales, existe otro factor que podría mantener presión sobre las tasas de largo plazo: la situación fiscal. En Estados Unidos, los déficits elevados y las crecientes necesidades de financiamiento del gobierno han aumentado la oferta de bonos en el mercado, obligando a los inversionistas a exigir una mayor prima para prestar a plazos más largos. En México, aunque la dinámica es distinta, el frente fiscal también se ha convertido en un elemento de atención para los mercados. La trayectoria de las finanzas públicas y la necesidad de preservar la confianza de inversionistas y agencias calificadoras seguirán siendo variables relevantes durante los próximos años. Incluso en un escenario donde la inflación continúe moderándose y los bancos centrales adopten una postura menos restrictiva, es posible que las tasas largas no retrocedan con la misma velocidad observada en ciclos anteriores.

Por todo lo anterior, más que intentar anticipar el próximo movimiento de la Reserva Federal o de Banxico, el reto para los inversionistas es adaptar sus portafolios a un entorno donde las tasas probablemente permanecerán más altas que el promedio de la última década. En un mercado donde gran parte del optimismo sigue descansando en la continuidad del crecimiento económico, el consumo resiliente y la expansión de temas como la inteligencia artificial, incorporar elementos de diversificación y protección dejan de ser una postura defensiva para convertirse en una decisión estratégica. La pregunta ya no es sólo cuánto más pueden subir las tasas, sino si los portafolios están preparados para un escenario en el que finalmente comiencen a hacer su trabajo.

Especial



  • Alfonso Jarquín
  • Director de Inversiones en Valmex
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