Liderazgo directivo

  • Apuntes pedagógicos
  • Alfonso Torres Hernández

Ciudad de México /

Una de las tareas esenciales que requiere especial atención en la consolidación del enfoque, propuesta curricular y modelo de gestión de la Nueva Escuela Mexicana es la del director y directora de educación básica. En esta función hay nuevas exigencias que tienen que ver con la apropiación de un marco de referencia analítico que les permita a estos actores un desempeño más pertinente ante las situaciones que se le presentan de manera cotidiana. Las directoras y directores tienen frente a sí un abanico de ámbitos de acción que hacen más compleja su tarea: lo técnico-pedagógico, las tareas administrativas, la relación con las madres y padres de familia, la gestión comunitaria y social, los requerimientos de la autoridad educativa superior, el desarrollo profesional de los docentes y su propia formación, entre muchos otros. Esta complejidad se sintetiza en la búsqueda, ya añeja, de generar condiciones para que fortalezcan su liderazgo en la comunidad educativa.

En la búsqueda de liderazgo, las directoras y directores se enfrentan a la tensión entre el cumplimiento de la norma y la autonomía en su trabajo profesional. Un manejo adecuado de esta tensión contribuye a que la escuela que esté bajo su responsabilidad transite hacia prácticas más innovadoras y vinculantes con el entorno social y se perciba como una institución situada en el camino de la transformación. El liderazgo directivo se constituye entonces en un dispositivo para hacer escuela.

Los líderes escolares guían a sus instituciones educativas en el establecimiento de direcciones claras para la búsqueda de oportunidades de desarrollo, supervisan que se cumplan los objetivos de la escuela y promueven la construcción y el mantenimiento de un ambiente de aprendizaje efectivo y de un clima escolar positivo (Mullins, Martin, Ruddock, O’Sullivan y Preuschoff 2009). Las directoras y directores como líderes escolares, se asumen como protagonistas principales para desarrollar una acción gestiva que articula los distintos procesos al interior de la escuela.Su liderazgo es capaz de generar ambientes donde los docentes encuentren motivación para el desarrollo de sus capacidades, condición que invariablemente repercutirá en la mejora de sus prácticas pedagógicas y los niveles de aprendizaje de sus alumnos.

Construir un liderazgo directivo con estas características, implica ruptura con la tradición pedagógica de gestión que ha dominado la vida en las escuelas. La tendencia a la disciplina administrativa, orientada por acciones de rigidez autoritaria y de exceso burocrático deben abandonarse. De igual manera, la apatía e indiferencia para atender puntualmente las problemáticas escolares, que muchas veces se acompaña de la ineficiencia e ignorancia de los sujetos responsables. La ruptura implica sentar nuevas bases para la acción directiva que entonces tenga como propósito construir escenarios de participación más colectiva, de desarrollo de las individualidades y ambientes institucionales propicios para mejorar la enseñanza y los resultados académicos.

La articulación que logre una directora y director entre el ámbito de acción administrativo y ámbito de acción pedagógica, le facilitará la construcción del proyecto escolar como el dispositivo que integra las actividades de planificación, organización, coordinación, ejecución, dirección y evaluación como cuestiones permanentes para contribuir a la mejora de los aprendizajes, y no solamente para el cumplimiento ante la autoridad. Un liderazgo directivo que trabaja por proyecto pensando en hacer escuela, no solo es capaz de iniciarlo, sino de continuarlo y sostenerlo. Es decir, no se trabaja para la inmediatez de las demandas sino para construir una visión de escuela.

Las directoras y directores que desarrollen liderazgo en sus escuelas son capaces de mirar lo posible, tienen como foco el ámbito pedagógico y particularmente el aprendizaje del alumnado. Son capaces de establecer estrategias para la comunicación asertiva con los docentes y demás miembros de la comunidad educativa. Son capaces de tener la claridad suficiente en su proyecto escolar y en el proyecto educativo y curricular de la política vigente, pero, sobre todo, son capaces de tener la sensibilidad para comprender que la educación es un proceso humano y su liderazgo es ante personas, que piensan y sienten, y que sin ellos, su función pierde sentido.


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