Reflexiones sobre el examen PISA

  • Apuntes pedagógicos
  • Alfonso Torres Hernández

Hidalgo /
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El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, Programmefor International EstudentAssessment, en inglés) se ha realizado desde el año 2000 en diferentes países del mundo y tiene la intención de evaluar los que los estudiantes al término de su educación secundaria saben y pueden hacer, particularmente en situaciones donde apliquen sus conocimientos referentes a la lectura, matemáticas y ciencias. Se aplica cada tres años y en la última edición de 2025 participaron 91 países (13 de América Latina, y México entre ellos)  donde se evaluaron alrededor de 760 mil jóvenes entre 15 y 16 años.

Los resultados de PISA 2025 para América Latina muestran una tendencia global en retroceso en lectura y matemáticas y una mayor estabilidad en ciencias. En el resto de los países, también se refleja una caída en el desempeño en las tres áreas, incluyendo a países como Finlandia, Alemania, Noruega y Países Bajos. En el caso de México, la caída en lectura fue de 7 puntos respecto a 2022 y de 12 puntos en relación a 2018; en matemáticas de 7 y 21 respectivamente; y en ciencias aumento 4 puntos respecto a 2022 y cayó 5 en relación a 2018. Esta caída en el desempeño desató una “jauría mediática” que colocó al proyecto de la Nueva Escuela Mexicana en la mira de culpabilidad. En este sentido es necesario plantear algunos factores que nos pueden ayudar a tener un juicio más amplio ante estos resultados.

En primer lugar, es pertinente revisar cómo fue el proceso de adquisición de la lengua escrita y desarrollo del pensamiento matemático en los estudiantes evaluados, eso nos llevará a replantear cuestiones y elementos de orden metodológico-pedagógico-didáctico que quizá los planes de estudio anteriores y el actual, no poseen. En segundo lugar, es importante tener en cuenta los vacíos formativos que dejó la pandemia del Covid-19 en todos y cada uno de los estudiantes. La reducción de tiempos y ajustes de contenidos que fue necesario realizar, además de las condiciones de educabilidad, son factores que impactaron de manera negativa en la formación. En tercer lugar, el uso indiscriminado que hoy en día se hace de los dispositivos digitales por parte de adolescentes y jóvenes que hace que el desarrollo del lenguaje y el pensamiento se vea afectado y/o desplazado. Actualmente lo vemos con el uso de inteligencia artificial para resolver múltiples actividades escolares.

Por lo anterior, es que los resultados de PISA deben ser problematizados de manera integral, no con el afán de identificar “culpables” sino de repensar los procesos, prácticas y políticas educativas de una manera seria, que permita plantear estrategias pedagógico-didácticas pertinentes y contribuir a generar mejores condiciones para que ello suceda en materia de formación docente, saber profesional, condiciones institucionales, colectividad docente, entre muchas otras. Más allá de una discusión política “vana” es necesario colocar al centro del análisis la formación de los estudiantes y la práctica de los docentes.


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