¿Cuándo termina realmente la universidad?

Tamaulipas /
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Durante años hemos medido buena parte del éxito universitario mientras el estudiante todavía está con nosotros. Observamos ingreso, permanencia, calificaciones, eficiencia terminal y titulación. Son indicadores necesarios, pero quizá la evidencia más importante de lo que hicimos bien aparezca cuando el alumno ya no está en nuestras aulas.

¿Qué ocurre cinco o diez años después de recibir un título?

Conseguir un empleo importa, por supuesto, pero no debería ser la única respuesta. Un egresado puede incorporarse rápidamente al mercado laboral y descubrir, poco tiempo después, que aquello que aprendió ya no es suficiente.

En un entorno profesional que cambia constantemente, el impacto de la universidad también debería observarse en la capacidad de sus egresados para adaptarse, seguir aprendiendo, tomar decisiones, reinventarse y responder ante problemas que nunca estudiaron de manera explícita.

Tal vez necesitemos ampliar nuestra definición de éxito.

No preguntarnos solamente dónde trabajan nuestros egresados, sino qué han sido capaces de construir con lo aprendido. Si continúan formándose. Si pueden moverse entre disciplinas. Si saben colaborar con personas diferentes. Si tienen criterio para decidir en escenarios inciertos. Si generan valor en sus organizaciones y comunidades.

Esto cambia también la manera de pensar el currículo. Formar para el egreso es distinto a formar para una trayectoria profesional de treinta o cuarenta años.

La universidad no puede anticipar cada tecnología, profesión o transformación que vivirán sus estudiantes. Pero sí puede desarrollar algo más duradero: la capacidad de continuar aprendiendo cuando aquello que aprendieron deje de ser suficiente.

Y quizá ahí esté también una responsabilidad esencial del liderazgo educativo: tomar decisiones que trasciendan los resultados inmediatos y pensar en las personas que nuestros estudiantes llegarán a ser. Liderar una universidad no es solo gestionar lo que ocurre en sus aulas, sino formar para un futuro que ellos mismos tendrán que transformar.

Recordemos, como señala Noam Chomsky, que “el propósito de la educación es mostrar a las personas cómo aprender por sí mismas”.


  • Alicia Ivette Sierra Sosa
  • alicia.sierra@mailune.mx
  • Directora de Liderazgo Académico de la Universidad del Noreste Lic. Filosofía y Letras Máster en Gestión Universitaria Máster en Dirección de Instituciones Educativas
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