¿Y si el problema no es tu resiliencia?

Tamaulipas /
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Una persona dice que está agotada. Su jefe le recomienda organizarse mejor, hacer ejercicio y aprender a manejar el estrés. Al día siguiente, le asigna otra responsabilidad.

El pasado 10 de octubre se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha que nos invita a plantear una pregunta incómoda: ¿cuántas veces pedimos a las personas que aprendan a soportar aquello que, como líderes, deberíamos transformar?

La resiliencia es una fortaleza. El problema comienza cuando la convertimos en una obligación de resistirlo todo. Hemos normalizado admirar a quien nunca descansa, responde a cualquier hora y acepta responsabilidades adicionales, como si el agotamiento fuera sinónimo de compromiso.

Entonces, establecer límites parece falta de disposición y reconocer el cansancio se interpreta como debilidad.

Una organización puede promover conferencias sobre bienestar y, al mismo tiempo, mantener prácticas que deterioran la salud emocional de sus colaboradores. La contradicción surge cuando el discurso invita a hablar, pero las decisiones enseñan que guardar silencio es más seguro.

Hemos aprendido a medir la productividad, el cumplimiento de metas y los resultados, pero pocas veces nos preguntamos cuál es el costo humano de alcanzarlos. Una gestión puede ser eficiente en sus indicadores y profundamente deficiente en el cuidado de las personas. Porque no todo lo que produce resultados representa necesariamente una buena forma de liderar.

Quienes ejercemos el liderazgo debemos cuestionarnos: ¿reconocemos los resultados o premiamos la disponibilidad permanente? ¿Escuchamos para comprender o únicamente para exigir soluciones?

La salud mental tiene múltiples dimensiones, pero las condiciones que generamos desde el liderazgo también importan. Dirigir implica reconocer que la exigencia debe acompañarse de recursos, claridad y sensibilidad humana.

Quizá la pregunta más importante sea: ¿qué sucede con alguien de nuestro equipo después de atreverse a decir que no está bien?

Ahí comienza la verdadera congruencia del liderazgo.

Antes de exigir más resiliencia, preguntémonos por qué hemos construido entornos que obligan a demostrarla todos los días.


  • Alicia Ivette Sierra Sosa
  • alicia.sierra@mailune.mx
  • Directora de Liderazgo Académico de la Universidad del Noreste Lic. Filosofía y Letras Máster en Gestión Universitaria Máster en Dirección de Instituciones Educativas
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