‘Alguien tiene que morir’

Ciudad de México /

Agárrese fuerte de donde pueda porque hoy se estrena, en Netflix, Alguien tiene que morir, la nueva miniserie de Manolo Caro.

Ojo: no estamos hablando del mismo Manolo Caro de La casa de las flores, sino de un creador mucho más maduro, fuerte, consolidado.

El resultado es un melodrama increíblemente intenso que coincide con muchas de las más importantes tendencias del espectáculo internacional.

Ver Alguien tiene que morir es como regresar a las legendarias telenovelas de la época de oro de la televisión mexicana, pero sin salir del modelo que este importante director ha desarrollado a lo largo de su carrera.

Una vez más tenemos una historia de familia donde el eje es la mamá, interpretada por una primerísima figura de la actuación. En ese caso por la inmensa Carmen Maura.

Y también tenemos los amores imposibles, los matrimonios disfuncionales, los enredos de pareja y, por supuesto, la diversidad sexual.

No le voy a vender trama para no arruinarle la experiencia, pero estoy convencido de que este material es obligado para la comunidad LGBT.

¿Por qué? Porque sólo entendiendo cómo eran las cosas en el pasado, podremos apreciar lo que tenemos en el presente.

Alguien tiene que morir es una producción de época que se desarrolla en la España de los años 50.

Para muchos, la nota es que Manolo Caro hizo la serie allá, lo cual es fabuloso.

Yo creo que hay otros asuntos igual de importantes que tenemos que poner sobre la mesa si queremos entender la importancia de esta obra de tan sólo tres episodios de menos de una hora.

En este momento, la industria de los sistemas de distribución de contenidos en línea vive una guerra muy ruda por la llega de nuevos competidores al mercado como la poderosa Disney+.

Alguien tiene que morir se puede interpretar como una muy atinada reacción corporativa de Netflix a esto.

Los mensajes son claros: Netflix también es poderosa, puede estar al mismo tiempo en México y en España, toca temas que no cualquiera se atreve a tocar, le da trabajo a toda la región y tiene su Star System.

No es casualidad que en esta miniserie estemos viendo a “viejos amigos” de otras producciones originales de esta compañía como Élite, Oscuro deseo y La casa de las flores, ¿o usted qué opina?

Por si esto no fuera suficiente, aquí hay otro mensaje fundamental: el regreso al origen, a lo tradicional, a la certeza.

Alguien tiene que morir pudo haber sido la comedia negra más delirante del universo, pero no, es melodrama puro.

Están los buenos y los malos, los ricos y los pobres, los blancos y los morenos, los chairos y los fifís, los heterosexuales y los homosexuales, y mil secretos, mil truculencias.

Muchas personas, de mi generación, van a tener cualquier cantidad de arrebatos de nostalgia y otras, de las nuevas generaciones, van a descubrir y a atesorar técnicas narrativas que hace mucho tiempo que no se veían, especialmente en esta clase de plataformas.

Está de más que le diga que las actuaciones son perfectas, que la belleza de Cecilia Suárez aquí es deslumbrante (además de su acento), que Alejandro Speitzer es un dios, que no hay villana más villana que Ester Expósito y que Isaac Hernández va que vuela para ser la revelación del año.

Ni hablar de la parte de producción, de la reconstrucción de la época, de la música o de esos destellos muy Manolo Caro, entre palomas, cepillos y otros elementos, que se cuelan de vez en cuando para invitarnos a la reflexión.

Alguien tiene que morir es una gran miniserie. Punto. Mi recomendación es que vea capítulo y medio. A partir de ahí, no la va a soltar jamás. Le va a encantar. Se lo juro. ¡Felicidades!


alvaro.cueva@milenio.com

  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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