Crítica a 'Timbiriche'

Ciudad de México /
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M+.- Estas cosas no se hacen o no se hacen así. ¿De qué le estoy hablando?

De esa cochinada inmunda titulada “Timbiriche” que se preestrena hoy por la noche en Las Estrellas y que millones de personas van a poder ver a partir de mañana en VIX, y que no es otra cosa más que un imperdonable acto de odio.

La gran pregunta es: ¿en contra de quién? ¿De quiénes? Y lo más importante de todo: ¿Por qué?

En los países más civilizados del mundo, cuando se hacen contenidos biográficos, se hacen para honrar leyendas, para inspirar a las multitudes, para mantener vivo un sueño.

No importa si esos libros, si esas películas o si esas series tocan asuntos dolorosos como abusos, vicios o delitos. Al final, lo que queda es el mito, el ídolo, la estrella.

Y, lo más importante de todo, cuando se crean estos contenidos, se consulta a las fuentes oficiales, se piden los permisos correspondientes, se habla con las personas involucradas, con sus familias.

¿Por qué? Por el más elemental respeto. Se tocan vidas. Se abren heridas. Se afectan intereses. ¡No estamos jugando!

No es ético que usted agarre a la figura que se le antoje, del contexto que usted quiera, guste y mande, y que haga negocios. Y peor tantito, que las perjudique. Mucho menos cuando hay asuntos que se están resolviendo.

“Timbiriche” es un acto de oportunismo sensacionalista, un error desde todas las perspectivas.

Es como si la Iglesia Católica produjera una serie sobre sacerdotes pederastas.

Si lo que Televisa quería, autorizando esto, era ofrecerle una disculpa a todas esas personas que vivieron tal o cual situación en sus viejas administraciones, el camino era otro. No éste.

Puesto en pantalla como lo pone esta serie, es una agresión todavía mayor. Cinismo. Un “me lavo las manos”. ¿Sí me entiende?

¿Qué necesidad había de sacar esto, de sacarlo así, de sacarlo hoy?

“Timbiriche” no es como “Luis Miguel, la serie” donde el mismísimo Luis Miguel estuvo detrás de todo o como “Chespirito” donde la familia de don Roberto Gómez Bolaños cuidó hasta el más mínimo detalle.

Aquí jamás se habla ni del talento, ni del trabajo ni de la preparación que convirtió a los integrantes del grupo Timbiriche en una parte fundamental de nuestro imaginario colectivo.

Todo es sucio. Todo es pecado. Todo es destrucción.

Y no se vale porque todas y cada una de esas personas le regalaron fortunas enteras a Televisa dejando el alma en cada ensayo, en cada grabación, en cada concierto y en cada una de las muchísimas actividades que desarrollaron durante décadas.

Estamos hablando de telenovelas, películas, obras de teatro, conducciones.

Así no se le paga a una estrella. Así no se le paga a una agrupación que, además, llenó de felicidad y de alegría a muchas generaciones de niñas, de niños y de jóvenes de un montón de países.

Esto no está bien. Esto ofende, victimiza, revictimiza y toma posiciones en conflictos morales y legales que están vivos, lo cual puede afectar procesos, lo cual puede arruinar vidas.

Compare con las películas de Michael Jackson, de Elvis Presley, de Elton John o de Freddie Mercury.

No entiendo lo que pasó aquí o no quiero entender, porque si entendiera me llevaría la peor de las decepciones de una entidad que ha nutrido nuestras almas desde hace muchísimos años.

Por si todo lo que le estoy diciendo no fuera suficiente, “Timbiriche” (que no se llama “Timbiriche, la serie”) es muy mala.

Está escrita con las patas. Cero dimensión estructural. Pésima construcción de personajes.

Toda la parte audiovisual es confusa. No hubo un trabajo de caracterización real.

En contraste con las series de agrupaciones como Bronco o Menudo, aquí no se entiende quién es quién, por dónde van las tramas. No se entiende nada, sólo el chisme.

Hay escenas dirigidas en un tono. Otras, en otro.

La fotografía es oscura. La música de fondo es como de terror.

Siento que estoy en un “True Crime” cuando debería estar en un poema como “Hasta que te conocí”. ¿Se acuerda?

Creo que es peligrosísimo intercalar imágenes reales de personalidades como Miguel Bosé, René Casados o Janett Arceo con los actores de esta aberración.

Y luego está ese ejercicio de doble moral de cerrar los episodios invitando a que las personas que han sido víctimas de abuso se metan a una página de internet.

¡No! ¡No! No puedo. Me duele. Me afecta. Me molesta.

Mire, yo no sé lo que vaya a pasar aquí. La gente de Timbiriche, que se merece todo mi amor, admiración y respeto, sacó un comunicado.

Y peor tantito, todo esto coincide con el debate sobre lo que sucedió con el libro “Todo a la luz” de Karla de la Cuesta, que es un escándalo monumental.

Lo que sí sé es que estas cosas no se hacen o no se hacen así. ¿O usted qué opina?


  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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