Quiero ser muy honesto, tengo severos problemas con El color de la pasión, la telenovela de las 18:20 de El Canal de las Estrellas.
Muchas personas me cuentan maravillas de ella y no estoy hablando nada más de fans. He tenido buenos debates con gente que sí sabe de este negocio por culpa de esta emisión.
¿Qué pasa? ¿Por qué no puedo disfrutar de este producto? ¿Por qué no puedo ponerme eufórico como todos esos hombres y mujeres con los que he estado platicando?
Me queda claro que El color de la pasión es un éxito y que es millones de veces mejor que propuestas como Siempre tuya Acapulco o La malquerida.
Además, es una historia original. Yo soy el defensor número uno de que se hagan telenovelas originales en este país.
Se supone que debería estar de fiesta con este melodrama seriado, pero no. Al contrario, si lo veo es porque lo tengo que ver. Si no fuera así, ni lo grababa.
¿Qué pasa? Y no, no es una cuestión personal. Yo no tengo nada a favor ni contra alguien, de un canal o de una empresa. ¿Qué pasa?
Cuando uno se dedica a la crítica, desarrolla un paladar diferente y se involucra con la cosas de una manera muy, pero muy intensa.
El color de la pasión no era una propuesta para las 18:20. Se debió de haber guardado para que entrara después de Lo que la vida me robó en el horario más importante de toda Televisa.
Por lo mismo, se debió haber grabado con otro presupuesto y bajo otras condiciones. Es demasiado texto para tan poca realización.
Si usted la ha observado desde el principio con cuidado, seguramente también ha tenido tiempo de detectar que atrás de esta obra hay una gran estructura dramática.
Un punto, de un capítulo, de una semana tiene que ver con otro punto, de otro capítulo de otra semana, para generar emociones, para que los personajes crezcan.
Y ya que estoy hablando de personajes, igual, no se necesita ser un especialista para detectar que todas las piezas de este ajedrez literario son redondas, tienen un pasado, una justificación, una evolución.
Supongo que los actores que participan en esta joya de Cuauhtémoc Blanco y María del Carmen Peña (Cadenas de amargura, 1990) bajo la producción de Roberto Gómez Fernández (Alma de hierro, 2008) deben estar particularmente felices.
Para ellos esto debe ser un manjar. No es común que en esta industria se puedan interpretar personajes con esas dimensiones.
La bronca es que la puesta en pantalla no concuerda con el rigor dramático de este concepto.
El color de la pasión se ve barata. Si usted viene de La rosa de Guadalupe o de Como dice el dicho, parpadea y agarra esta pieza, no siente la diferencia.
Y La rosa de Guadalupe y Como dice el dicho son programas que se hacen bajo un esquema de absoluta austeridad. Eso no se tendría que sentir cuando miramos otro tipo de televisión, cuando miramos telenovelas.
Yo puedo entender que en La rosa de Guadalupe una superestrella no tenga más remedio que trabajar con un muchachito desconocido sin tablas, pero no lo puedo entender cuando monitoreo El color de la pasión.
No se vale. Se debió haber tenido más cuidado a la hora de seleccionar el reparto.
Igual, yo puedo entender que en Como dice el dicho una toma esté iluminada a la carrera, porque esa pobre gente está sujeta a muchas presiones de tiempos y movimientos.
Pero no lo puedo entender cuando observo El color de la pasión.
A usted le consta, hay unas escenas muy bien hechas en locación, pero cuando pasamos a las que siguen, nos encontramos con unas secuencias como de video casero.
La sombra toda horrible, la recámara grabada sin profundidad, la dirección de arte inexistente.
Por lo mismo, El color de la pasión, que es una telenovela nueva, se ve más vieja que las telenovelas viejas que se están volviendo a grabar. ¡No es justo!
A lo mejor estoy pidiendo demasiado, pero yo creo que usted se merece lo mejor y que esos actores, también.
¿Sabe lo que he tenido que hacer en algunas ocasiones para no enojarme cuando estoy viendo este título?
Cierro los ojos. De veras, cierro los ojos, escucho a esos actores, especialmente a los que sí son figuras, y me empiezo a imaginar una cosa preciosa, tipo radionovela, pero del más alto nivel.
A veces no lo logro, porque en El color de la pasión cada estrella maneja su propio tono, pero me funciona más que distraerme con cuestiones con las que no me tendría que distraer.
Yo esperaba mucho de esta telenovela. A lo mejor ahí está el problema. A lo mejor, en esta industria, nunca hay que esperar nada de nadie.
Luche por ver los últimos capítulos de El color de la pasión y dígame si está de acuerdo con lo que acabo de escribir.
¿A usted no le hubiera gustado más ver esto antes de El noticiero con un derroche de producción y un tono más cuidado que a las 18:20 y en barato como está ahora? A mí, sí.
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