Amada, odiada, la televisión es algo más que un medio de comunicación, es un estilo de vida, una manera de entender la realidad, de sentirla, de reproducirla.
Hay muchas maneras de ver cada una de las ventanas que conforman esta industria, desde la de la poderosa televisión abierta hasta los sofisticados sistemas de distribución de contenidos en línea.
Pasando, por supuesto, por la televisión pública, los cables y las antenas directas al hogar, la televisión premium, los contenidos de la internet, los servicios que viajan por nuestros teléfonos celulares y más, mucho más.
Hoy es un día de fiesta para la televisión nacional, porque este 1 de septiembre se cumplen 65 años de la primera transmisión oficial que se hizo en este país.
Supongo que la mayoría de nuestras grandes televisoras ofrecerán producciones extraordinarias dedicadas a recordar y a analizar los mejores momentos de cada uno de sus canales.
Yo lo único que quiero hacer es celebrar esta fecha y sensibilizar a las nuevas generaciones sobre la importancia de la televisión en México.
Y antes de que comiencen las polémicas, sí, debo aclarar que previamente a la supuesta transmisión número uno, a la del informe de gobierno del presidente Miguel Alemán del 1 de septiembre de 1950, no hubo una, sino muchas transmisiones.
Desde los legendarios experimentos de Guillermo González Camarena hasta la difusión de eventos de diferentes cortes que están documentados en cualquier cantidad de periódicos de la época.
Aquí, como en todo, se definió una fecha oficial y yo la respeto.
¿Cómo quiere que le cuente la historia de la televisión en México? ¿Desde una perspectiva técnica, política, empresarial, universitaria o de contenidos?
Aquí nos podemos pasar todo el día hablando de los grandes pioneros, de las aportaciones, las noticias, las telenovelas, los programas infantiles, las caricaturas, los deportes o de lo que usted quiera.
A mí lo que más me interesa es que se imagine a México sin televisión. Hay un antes y un después de la llegada de este invento.
La televisión consiguió algo que nadie más había conseguido hasta aquel entonces: unir con imágenes, en directo, a un país fragmentado en diferentes regiones.
Esta caja, que de tonta nunca ha tenido un pelo, le mostró México a los mexicanos, lo integró al mundo y lo catapultó a los cinco continentes.
Es una creación prodigiosa que metió la historia a los rincones más íntimos de nuestros hogares, que nos ha hecho vivir los acontecimientos más felices, y también los más tristes, de los últimos 65 años.
Desde la llegada del hombre a la luna hasta el terremoto de 1985 pasando por las elecciones del año 2000, la música de The Beatles, los Mundiales de Futbol y los Juegos Olímpicos.
Si alguien nos ha puesta a cantar, a bailar, a reír y a llorar en las últimas seis décadas ha sido la televisión con sus programas de revista, de variedades, con sus comedias y con sus melodramas.
¿De dónde sale el modelo de televisión que tenemos en México? De la asesoría que Guillermo González Camarena y Salvador Novo le dieron al presidente Alemán después de haber recorrido el mundo mirando lo que se hacía en otros países.
La televisión mexicana nació siendo privada, de empresas casi siempre derivadas de la radio o de los periódicos. Después surgió la televisión pública y cultural.
El resultado es una ensalada monumental donde hemos ido de Chespirito a Octavio Paz, de Verónica Castro a María Féliz, de Raúl Velasco a Pati Chapoy, de Jacobo Zabludovsky a Javier Alatorre y de José Vasconcelos a Werevertumorro.
Nuestra televisión es una de las más ricas de todo el planeta, pero no nada más en dinero. Es rica por todo lo que ha creado. Por todo lo que ha producido.
A lo mejor usted amaba las telenovelas históricas de don Ernesto Alonso, como Senda de gloria, o adoraba las didácticas de Miguel Sabido, como Ven conmigo.
A lo mejor a usted le fascinan los talk shows, como Laura y Cosas de la vida, o las revistas de entretenimiento, como Sabadazo y Raquel y Daniel.
No importa lo que a usted le guste o no, lo que importa es que desde 1950 todos hemos podido elegir y nos hemos quedado con quien hemos querido.
Incluso cuando hemos visto algo a través de internet o de los cables y las antenas directas al hogar.
Aunque hablemos de series de culto como Breaking Bad, de animaciones japonesas como Dragon Ball Z o de K-Dramas tan finos como Sonata de otoño, el sustento para su difusión siempre lo ha puesto alguien que de una manera u otra forma parte de la industria de la televisión nacional.
Por eso hoy es un día de fiesta. Por eso hoy es un día para recordar programas, rostros, canales.
¡Feliz cumpleaños, televisión mexicana! ¡Gracias por todo lo que nos has dado! ¡Vamos por más! ¡No te estanques! ¡No te detengas! ¡Te necesitamos! ¿A poco no?
alvaro.cueva@milenio.com