No, usted no votó por Mariana Ochoa. No se haga tonta. No se haga tonto. Usted votó por usted misma. Usted votó por usted mismo. ¡Grábeselo!
El domingo 4 de octubre, más o menos a las 22:45 horas, Galilea Montijo gritó el nombre de Mariana Ochoa como ganadora de la cuarta temporada de “La Casa de los Famosos México”.
10 millones 825 mil 542 votos. Cuatro millones de pesos. 71 días de encierro. Mucho confeti. Coronita bonita. Llanto. Y 48 millones de votos totales que le callaron la boca a todos los que juraban y perjuraban que ese “reality” estaba muerto y que ya nadie veía televisión abierta.
Y su primera frase, en la postgala con Wendy Guevara, fue una confesión brutal, desarmada, que ningún asesor de imagen le hubiera permitido: “No sé qué hice bien”.
Ahí está todo. En esa frase está la televisión mexicana de 2026. Mariana no hizo nada bien. Hizo todo humano. Todo torpe. Todo de verdad. Y eso le dio la victoria.
Usted, señora. Usted, señor. No le dio el triunfo a la integrante de OV7. Se lo dio a la mujer que corrieron la primera semana y que regresó por la muy humillante puerta de “El exilio”.
Se lo dio a una mamá luchona, honesta, bonita, que dijo: “me quisieron hacer menos, tuve que dejar de posar y defenderme”.
Se lo dio a la que no supo jugar, a la que lloró en el confesionario, a la que no entendió el juego de las alianzas y que por eso lo ganó.
¡Fue como un capítulo de “La rosa de Guadalupe”! ¡Como la mejor de las telenovelas!
¡Ganó el bien! ¡Volvió a ganar el bien! Como cuando Aldo, como cuando Mayito, como cuando Wendy. Aquí hay muchos mensajes muy poderosos. ¿Hasta cuándo vamos a entender que “La casa de los famosos México” es nuestra mejor telenovela?
Durante 39 años he visto todos los realities que he podido. He visto “Big Brother”. He visto “Operación triunfo”. He visto sobrevivientes comiendo cucarachas en una isla y llorando por un pollo. He visto a gente encuerarse por “rating”.
Pero nunca había visto una ganadora tan incómoda con su propia victoria como Mariana. Y eso, en un país harto de la soberbia, harto de los “influencers” gritones y de los “coaches” de vida que venden puro humo, es revolucionario.
Es casi un acto político, un voto de castigo… ¡contra el cinismo!
TelevisaUnivision nos quiso vender polémica y el público le compró decencia. Nos quiso vender jóvenes gritando “contenido”. Quiso acabar con los “muebles”.
¿Y qué hicieron las audiencias? Le compraron a una mujer de casi 50 años que hablaba de sus hijos y de pagar la renta. ¿Así o más hermoso? ¡Quítate, “Mirada de mujer”!
¿Mariana fue la mejor jugadora? No. Yo diría que fue la peor estratega de la casa. ¿Fue la más popular en TikTok? Tampoco. Karina Torres la triplicaba en menciones y hasta en gritos de “fraude”.
Pero Mariana entendió, “sin querer queriendo”, la regla de oro que llevo 39 años gritándole aquí, en radio y en televisión: en México, el melodrama siempre le gana al formato. Siempre. El corazón le gana al algoritmo.
Su historia es “Cuna de lobos” pero invertida. No es Catalina Creel. Es Leonora. La buena a la que le hacen maldades. La buena que sufre. La buena que aprende y al final se empodera.
Y México, aunque diga que ama a los villanos, siempre, siempre, siempre salva a la buena cuando la buena no posa de buena, cuando es buena de verdad.
Que tiemble la industria: ganó la que no posó. Y ganó por usted. Por su voto de señora encabronada, por su voto de señor haciendo lo correcto. ¡Bien ganado, Mariana! ¡Te amo!
EN UN PAÍS DE CIEGOS…
El 13 de octubre de 1986, a las nueve de la noche, por el legendario Canal de las Estrellas, México se paralizó. No por un temblor. No por un partido de futbol. Por una mujer con un parche en el ojo que servía té envenenado y que marcó a toda una generación.
Ayer lunes 5 de octubre, a casi 40 años de aquel crimen fundacional, el canal TLNovelas estrenó la versión remasterizada en PLUS, con una imagen y un sonido que por fin le hicieron justicia a la producción de Carlos Téllez y a la música de Pedro Plascencia Salinas.
La van a poner a las 11:40 y a las 19:50, en el mismo mes en que nació. Se le digo tal cual: ¡Véala! Aunque ya la haya visto. Aunque se la sepa de memoria.
Porque “Cuna de lobos”, escrita por el inmenso Carlos Olmos, no es una telenovela. Es una tesis sobre el capitalismo salvaje mexicano, sobre la herencia como arma, sobre la familia como empresa criminal y sobre el poder que mata sin despeinarse.
Carlos Larios (Raúl Meraz), patriarca de los Larios, muere envenenado por su esposa, Catalina Creel (María Rubio), y deja en su testamento una cláusula perversa: su fortuna será para el primer nieto que le den.
Pero sus hijos están perdidos entre el vicio y la esterilidad, entre la culpa y la corrupción.
Y ahí, en esa miseria moral, empieza la tragedia griega más mexicana que se haya escrito jamás.
María Rubio no interpretó a Catalina Creel. La inventó. La parió. Antes de ella las villanas gritaban. Catalina susurraba. Antes de ella las villanas cacheteaban. Catalina envenenaba con una gotita en el té, con una sonrisa, con educación. Con ese parche que no era discapacidad, era poder absoluto.
Era el símbolo brutal de que en este país el que mira con un solo ojo, ve mejor que todos los demás.
Durante 39 años he defendido esta telenovela contra idiotas, contra ejecutivos, contra críticos de moda que dicen que ya está vieja, que ya no se puede ver.
No, señora. No, señor. Viejo es su mal gusto, su algoritmo y su serie que ni siquiera es serie.
“Cuna de lobos” es más moderna que cualquier serie de Netflix. Es “Succession” antes de “Succession”. Es la historia de una familia que se destruye por una herencia. La de dos figuras maternas que luchan a muerte por su descendencia. La de la derecha y la izquierda. ¡Es México!
Y aquí viene lo rudo, lo que nadie en TelevisaUnivision se atreve a decir: ¿por qué hoy no se puede hacer nada como “Cuna de lobos”?
Por miedo. Miedo a lo que pudiera pasar cuando el algoritmo detecte a una villana asesina de ese calibre. Miedo a lo que se pudiera decir de la promoción del delito.
Miedo a la reacción de los anunciantes. Miedo a la crítica de la élite empresarial. Miedo al riesgo de crear cuando nadie crea. ¿Le sigo?
La remasterización PLUS de “Cuna de lobos” no es nostalgia. No es un homenaje. Es una cachetada con guante blanco para muchas instancias, para muchas personas.
Nos está diciendo: “miren lo que hacíamos cuando no teníamos miedo, cuando teníamos escritores y no generadores de contenido, cuando teníamos actrices y no influencers con parches comprados en Amazon”.
Catalina Creel cumple 40 años y sigue viva. Más viva que todas las protagonistas de este 2026 juntas. Más viva que todas las ganadoras de realities de todos los tiempos.
Luche por verla. Le va a gustar. De veras que sí. Ponte el parche, México. Te hace falta para ver claro. Para verte. Para vernos. ¿A poco no?