¿A quién le habla el Presidente?

Ciudad de México /

Aunque digamos que no lo hacemos por eso, siempre esperamos una reacción a lo que decimos o hacemos. De ahí que, a veces, solo decimos lo que decimos para provocar una respuesta. Para que alguien se llene de alegría o para que estalle de rabia. Se trata de una ley de física encarnada, social, humana. 

Desde ese punto de vista es que me interesa la presentación que hizo el Presidente el lunes pasado de su paquete de 20 propuestas constitucionales. ¿De quién está esperando una respuesta? ¿A quién le está hablando?  

A sus biógrafos.Consciente como siempre está nuestro Presidente de su paso por la Historia, en primerísimo lugar le habla a ese grupo de memoriosos que escogerán como destino propio la vida de otro: la de él. Por eso escogió el 5 de febrero para hacer el anuncio. Fecha histórica, día de la Constitución, un marco para que la efeméride sea patinada en dorado desde su concepción y ayude con ello a la memoria. El día de la Constitución, el Presidente presentó su Constitución. Imposible que algún biógrafo se equivoque. Y por si alguno trastabillea en el recuerdo, para eso está el discurso que precede a la presentación. Si alguien no sabe qué pensar sobre las reformas, el discurso dice lo que tienen que pensar. ¡Esto es lo que todos anhelábamos! No, ni discuta que algunas ideas ya están plasmadas en la Constitución y otros temas son regresivos y antidemocráticos. El marco que precede hace que cualquier cuestionamiento haga lucir al que pregunta como un desalmado. Así que no pregunte de dónde va a salir el dinero, qué pasa cuando todos los legisladores, jueces y ministros sean elegidos por el Presidente o cuando ese mismo hombre decida la revocación de la nueva mandataria. Remítase al marco del discurso. No hay nadie más bueno y justo que el Presidente en turno.

Lo cual nos lleva al segundo destinatario de lo presentado el lunes: los futuros decepcionados de la 4T. Importante hacer notar que no me refiero a los decepcionados de hoy. Aquéllos que pensaban que la transformación era para ellos y resultó que no. Los científicos, los artistas, la clase media. Los que esperaban un cambio y no lo vieron llegar. Me refiero a los que se desilusionarán en un par de años. Esos que se darán cuenta que ese segundo sexenio, esa continuidad, no tenía los pilotes bien puestos y no solo se tambalea, hay cemento, dovelas y rieles que se están cayendo. 

El evento de la semana pasada es también para ellos. Para recordarles que el Presidente tenía un sueño de paladín incuestionable, que el legado aunque en papel, ahí estaba. Que aunque lo que hizo el Presidente durante su sexenio en algunos casos se quedó a la mitad o fracasó, no quiere decir que no lo soñó. Solo que Claudia, la que ese mismo día aseguró que hacía el proyecto suyo, no pudo, no lo logró.  

Es Claudia, podrá cualquiera decir, no fue él. Es ella la que falló. Con lo cual el Presidente nunca, ni hoy ni en el futuro, cometerá un error. Genial. Es Claudia la que no pudo. Da igual si las cosas no quedaron amarradas, si el dinero faltó: él no falló.

Y para los que dicen que la campaña es de ella. Claro que lo es. Ahí la tienen. Muchas propuestas para hablar de ellas, para que ella hable de él y una soga para ponérsela al cuello a la primera que le salga mal.


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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