La muerta que nadie quiso

Ciudad de México /
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“Con la sentencia firmada

fue la Muerte por Taddei,

y Morena, acorralada,

se hizo, como siempre, güey.

 

“¿No votaron sus bancadas?

“¡Fue la tómbola, señora!

La Flaca, a carcajadas:

¡Vaya tómbola traidora!

 

“¿Quién la sentó en la silla?

¿Quién le cedió el poder?

Todos miraron al techo,

nadie quiso responder.

 

“¿Por qué la niegan ahora?

¿y por qué la confusión?

“Ya vienen las elecciones,

quien estorba, al paredón.

 

“Qué breve es la gratitud

del poder y su fortuna:

la ensalzan como a ninguna,

la entierran sin ataúd.

SHUTTERSTOCK
 

“¿En qué fosa yace la honra?

¿En cuál tumba está el pudor?

¿Quién convirtió la vergüenza

en un trámite menor?

Sin árbitro ¿qué confianza?

Sin confianza ¿qué elección?

Perdida la regla, manda

la fuerza, no la razón.

 

“No asusta tanto el engaño

ni la trampa ocasional.

Asusta verlo normal

y aplaudir como rebaño.

 

“Al mirar tantos sepulcros,

la Huesuda se cimbró:

Yo vine buscando un muerto,

¿y a quién todos enterró?

 

“Nadie dijo una palabra

ni asumió la destrucción.

Se lavaron bien las manos

culpando a la oposición.

 

Siempre es culpa del pasado,

de algún complot extranjero,

de la prensa, de los otros

y hasta del sepulturero.

 

“Y en este Día de Muertos,

al contemplar tanta ruina,

la muerte miró a Palacio

con una sonrisa fina:

 

“Yo no tengo mañanera

ni otros datos que mostrar:

cuando yo mato, yo firmo.

Ustedes a maquillar”. 



  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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