Un mal diagnóstico

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

Por fin, el pasado fin de semana nos dieron el diagnóstico. Años de dolores de cabeza provocados por aquellas declaraciones enfermizas que acusaban de golpistas a los padres de los niños con cáncer por exigir medicamentos. Tolerando la inflamación en la garganta por la congestión de lamentos y reclamos, que no quedaba más remedio que tragarse con pastillas de mentol y eucalipto. Soportando el vértigo y la náusea de ver un sistema de salud enfermo mientras el gobierno insistía en que estaba sano. Historia clínica llena de padecimientos hasta que, por fin, la Presidenta descubrió cuál era la causa de los males en nuestro sistema de salud: la burocracia.

No fue fácil obtener el diagnóstico. Ya sabe cómo son las doctoras, siempre dicen que uno no tiene nada grave. El expresidente, en cambio, decía que habíamos logrado un sistema de salud como el de Dinamarca. Entre filas para conseguir una consulta, cirugías imposibles de programar y desabasto de medicinas, debimos haber pagado una consulta oftalmológica en el privado. Con eso nos habríamos dado cuenta que el enfermo era él y que nuestro país de nórdico no tenía nada. Hasta en una megafarmacia gastó, la cual no solo no sirvió, sino que hoy está abandonada.

Nuestra relación con Morena se está volviendo enfermiza. Aguantamos sin decir nada.

Los trabajadores de la salud salieron a protestar en varios estados del país. Sus demandas hablan de la escasez de materiales, las malas condiciones para atender enfermos y un incipiente incremento de salario del 2.9 por ciento. La Presidenta mostró imágenes de drones para discutir cuántos manifestantes había. Habló de bots y de oportunismo político. Es decir, examinó la manifestación antes que al paciente, haciendo de cuenta que el termómetro fuera el culpable de la fiebre.

Lo bueno es que a partir de ahí, nuestra mandataria decidió hacer una investigación a fondo. Piso por piso de los hospitales y centros de salud —dijo—. Aunque ocho años son una eternidad para cualquier paciente. Se agradece. A partir de esas primeras visitas es que la Presidenta declaró que el principal problema era la burocracia y que iba a modernizar el sistema.

Sin embargo, los números de nuestro sistema no admiten ningún tipo de analgésico. En 2018, cuando llego el expresidente al poder, había una gran carencia: 20.1 millones de mexicanos no tenían acceso a servicios de salud. Lo devastador es que hoy son 44.5 millones sin servicios de salud. Más del doble. A partir de eso, los mexicanos han tenido que aumentar 41.4 por ciento de su bolsillo en gastos de salud privados.

El problema no es solo burocrático. Sencillamente, porque la burocracia no tomó las decisiones. No desapareció el Seguro Popular, no inventó el Insabi ni decidió enterrarlo después y tampoco cambió el sistema de compra y distribución de medicinas. Detrás de cada decisión hubo un gobierno con un problema en el oído: no escucha.

La Presidenta ha decidido recorrer los hospitales piso por piso. Bienvenida la visita. Y justo ahora que se empeña en construir el segundo piso de la 4T, haría bien en esmerarse en revisar el primero. Y, sobre todo, los cimientos. Una cosa es heredar un edificio con grietas y otra construir sobre ellas.


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite