En estos días empieza el Tour de Cine Francés 2026 que festeja sus orgullosos 30 años. Para los cinéfilos es una visita muy esperada ya que la selección de películas nos permite imaginar viajes, conocer otros mundos, vidas, anhelos y conflictos de personajes a los que acompañamos por un par de horas. La selección del Tour también nos actualiza en cuanto a los temas, estilos e innovaciones que caracterizan el cine francés de hoy.
Para recordarnos que la visita del Tour de Cine Francés ha enriquecido la cartelera de Guadalajara desde hace treinta años, a la selección de películas actuales se les agregó el programa “Lo Clásicos del Tour”, siete obras fílmicas que formaron parte de ediciones anteriores donde destacaron por su tema y su calidad narrativa y estética. Los títulos son “Chicos y Guillermo ¡a comer!” (Guillaume Galienne, 2014), “Delicioso” (Eric Besnard, 2021), “El encanto del erizo” (Mona Achache, 2009), “El viñedo que nos une” (Cédric Klapisch, 2017), “En la casa” (François Ozon, 2012), “La Delicadeza” (David Foenkinos y Stephane Foenkinos, 2011), y “En el nombre de mi hija” (Vincent Garenq, 2014).
Por razones del espacio me limitaré a comentar brevemente a dos que, después de haberlas visto en el Tour, guardé en mi memoria y archivo personal como favoritas.
“En la casa” de François Ozon me sigue gustando - e intrigando - cada vez que la vuelvo a ver y comentar. Mi gusto se nutre de los personajes y sus roles que Ozon describe con detalles y un enorme interés por sus motivaciones y capacidad comunicativa hacia el espectador. La historia se teje alrededor de un maestro y un alumno talentoso que lo atrapa con su poder imaginativo y su maestría en la descripción escrita de la vida y familia de un compañero de clase.
Sorprende e impresiona la manera cómo el chico de 16 años engancha la atención y admiración del maestro a través de textos seriados que ficcionan y dramatizan la vida de su compañero, Lo que nos intriga como espectadores es el poder de manipulación que el alumno descubre y ejerce sobre el maestro. Sin embargo, es obvio que Ozon no sólo tematiza la relación de interdependencia entre alumno y maestro. Su filme habla del poder de la narración que seduce y crea adicción.
Nos recuerda a Hitchcock y su tema del suspenso, a Pasolini y su “Teorema” dónde un personaje seduce a los integrantes de una familia y a otros muchos filmes con protagonistas que se nutren y apropian de la vida de otros. Ozon nos seduce, intriga y hace reflexionar sobre la fascinación por la fantasía como escape de la realidad.
En su doceavo largometraje “El viñedo que nos une” de 2017, Cédric Klapisch juega con el motivo del regreso del hijo perdido para narrar el reencuentro de tres hermanos después de la muerte de su padre. La ausencia de diez años del mayor dejó recuerdos pero también creó distancia y resentimientos. Cada uno de los dos hermanos y la hermana tiene sus propios problemas y lucha contra obstáculos que dificultan encontrar un consenso en cómo trabajar y administrar el viñedo, la herencia común que el padre les dejó. El filme describe la cultura del vino de antaño y en el presente, muestra la fuerza de la naturaleza, la importancia de las estaciones y la relación del humano con la tierra, el clima y la vegetación.
La supuesta ligereza con la que fluyen los relatos del programa “Los Clásicos del Tour” no esconde la profundidad con la que describen y tratan temas que nacen del ámbito y la cultura francesa para volverse universales. La selección de clásicos con la que el Tour de Cine Francés celebra sus 30 años, despierta la curiosidad y el interés por conocer el programa con películas actuales.