Alice Guy reescribe la historia del cine

  • La pantalla del siglo
  • Annemarie Meier

Jalisco /

La semana pasada decidí agregar con letras de oro el nombre de Alice Guy a la historia del cine. La Alianza Francesa de Guadalajara invitó a un Cine-Concierto con un programa de cortometrajes que me obliga a completar lo que me habían enseñado como el origen del cine. Según aprendimos y leemos en libros sobre la historia del cine fueron los hermanos Auguste y Louis Lumière y Georges Méliés los inventores del lenguaje cinematográfico como arte expresivo y narrativo. Los Lumière con sus registros documentales y Méliés con su creatividad de mago para utilizar la técnica como máquina de efectos que sorprendían al público con breves situaciones e historias fantásticas. Había escuchado el nombre de Alice Guy hace un par de años pero no me imaginaba que, aparte de trabajar como secretaria en la empresa Gaumont que producía promocionales para vender cámaras de cine también se dedicó a la realización de escenas y relatos que ponía en escena con sus amigos y los trabajadores de la empresa. Obvio que, siendo una técnica y empresa dominada por hombres, las piezas rara vez llevaban su crédito lo que provocó que su nombre quedó en el olvido para la historia oficial del cine.

Alice Guy dirigía breves escenas y relatos silentes, de las que muchas registraban situaciones fijas mientras que otras narraban verdaderas historias con presentación, desarrollo del conflicto, clímax y desenlace. Muchas se perdieron pero todavía hoy se siguen encontrando piezas que se pueden atribuir a Alice Guy en archivos fílmicos de Europa y EUA. Creadas a finales del siglo 19 e inicio del 20 y asombran por la creatividad, el talento narrativo y la perspectiva femenina que distinguían a su creadora. Alice Guy fue, sin duda, la primera mujer que se convirtió en realizadora y llevó la perspectiva femenina a la pantalla. Junto a su esposo – también adscrito a la industria audiovisual - se mudó a Estados Unidos de Norteamérica en 1910 dónde siguió produciendo y realizando cine. Hoy se calcula que entre sus trabajos en Francia y EUA Alice dirigió unas 1000 películas de las que, desgraciadamente, conocemos únicamente un pequeño número.

Lo que pudimos observar en la Alianza Francesa fue un programa de trece cortos, un abanico diverso y rico que da fe de la consciencia de la autora que la técnica cinematográfica puede utilizarse para narrar y dar sentido a lo que se comparte con el espectador. Una escena, por ejemplo, muestra una calle de París con las personas, calandrias y caballos moviéndose en reversa. El plano general con el movimiento inusual dura varios segundos e invita a la reflexión. También sorprendente es la secuencia de un cantante frente a cortinas de color morado quien interpreta una canción francesa. Ya que el cine sonoro y el color se inventarían muchos años después, la realizadora recurrió a la coloración de la película y la sincronización de la imagen con un dispositivo sonoro que reproducía el sonido. Altamente significativo es el trabajo dramático que Alice Guy muestra en sus piezas que, por su narrativa y montaje, son verdaderos cortometrajes con historias que se desarrollan e invitan a la interpretación. Un corto que muestra los roles femeninos y masculinos invertidos, es bastante transgresor ya que muestra como en la calle los hombres empujan carriolas mientras las mujeres en un bar toman absenta, fuman y se divierten entre mujeres. El desenlace, sin embargo, enseña cómo los hombres toman el bar por asalto y cómo todo regresa a la normalidad. El más divertido de los cortos que vimos empieza y termina con el primer plano de un perro. Lo que el perro protagonista vive durante el filme es la acelerada persecución por un creciente número de humanos que pretende quitarle una línea de salchichas que robó de una carnicería.

A la usanza del cine silente que en su época fue proyectado con acompañamiento en vivo de un pianista, grupo u orquesta, el programa de cortos de Alice Guy fue acompañado por el dúo de música experimental Marie Maiko. De manera altamente sensible e innovadora, Delphine con la guitarra eléctrica y Anna con el violín crearon una banda sonora que acompañó, dramatizó e interpretó la imagen. Será difícil que la historia oficial del cine cambie por medio del reconocimiento de una realizadora mujer. Sin embargo, Alice Guy y sus obras sí merecen ser citadas por su aporte al cine narrativo y la perspectiva femenina que muestran sus películas.


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