La pantalla del siglo

Blancanieves ayer y hoy

Annemarie Meier

Entre tantas Blancanieves cinematográficas que recuerdo y la experiencia de Blanca como la nieve (Blanche comme neige) de Anne Fontaine, sentí la necesidad de volver a leer el cuento de los hermanos Grimm que es uno de los textos más difundidos de la colección publicada entre 1812 y 1858. Como libro y comic para niños, obra de teatro, musical y, desde luego película de animación y de personajes reales, el cuento ha inspirado un gran número de versiones que, sin embargo, guardan los elementos principales: Una niña o jovencita de gran belleza que es perseguida por su madrastra que quiere su muerte, los siete enanos que le dan refugio y el príncipe enamorado que la regresa a la vida. Todo porque Blancanieves es “blanca como la nieve, roja como la sangre y tiene el cabello negro como el ébano”, según el deseo de su madre, la reina, quien murió después del alumbramiento. La realizadora Anne Fontaine (Luxemburgo,1959) se basó en elementos narrativos y un buen número de símbolos y metáforas del texto original para crear un cuento moderno alrededor de una joven de belleza impactante.  Claire (Lou de Laâge), cuyo nombre corresponde a la transparencia de la joven, acaba de perder a su padre y trabaja en el hotel de lujo administrado por su bella, religiosa y fría madrastra Maud (Isabelle Huppert). Claire no es consciente de la admiración que provoca, ni de la envidia de su madrastra. Logra salir con vida de un primer intento de asesinato y encuentra refugio en una casa de campo habitada por tres hombres asociales. Es ahí que la joven logra superar el duelo y experimentar un proceso de liberación y despertar del placer. Los toscos gemelos de un aserradero, el músico hipocondríaco, el librero que busca ser domado, el cura atraído por su aura y un adolescente rebelde conforman un ramillete de hombres (enanos) que desean a Claire y se sienten con el derecho de posesión. Sin embargo, Claire no se deja atrapar. Con un decisivo “no soy tuya, estoy contigo”, rechaza los reproches de uno de ellos. Anne Fontaine y sus coguionistas Pascal Bonitzer y Claire Barré juegan con símbolos, utilizan los colores rojo, blanco y negro, los espejos, los paisajes “de cuento” con bosques, montañas, ríos y pueblos, sin evadir ni los personajes, ni la estética cliché. El filme divierte con guiños como la extrema crueldad de la madrastra, la manzana envenenada y las ardillas de Walt Disney (y su película de 1937). La directora deja en claro que Claire salva la vida y se salva del deseo posesivo de los hombres por la energía con la que defiende su independencia y el derecho al placer. Con películas como Comment j’ai tué mon pêre (2001), Nathalie (2003), Coco Chanel (2009) y Agnus Dei (Las inocentes) (2016) la directora muestra la perspectiva femenina sobre el mundo y la vida. En Blanche comme la neige sostiene con humor y una estética refinada que la mujer libre es invencible. 

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