Cantinflas vuelve a cantinflear y divertir

  • La pantalla del siglo
  • Annemarie Meier

Ciudad de México /

Con enorme gusto los amantes del cine festejamos la decisión de las empresas exhibidoras de aprovechar los aniversarios de películas, directores y actores clásicos y populares para exhibir filmes y ciclos retrospectivos. Para los cinéfilos empedernidos es un gozo volver a ver en una sala los filmes que han hecho historia y para los jóvenes una experiencia única observar en la “pantalla grande” - y en compañía - , películas que sólo conocieron en televisión, en una versión de video o en una plataforma de streaming. En estas semanas le tocó a Cantinflas, el cómico mexicano más conocido a nivel mundial que falleció hace treinta años y regresa a las salas de cine **El supersabio (1948), **Abajo el telón (1955), **Por mis pistolas (1968), **Don Quijote sin mancha (1969), **Conserje de condominio (1974), **El ministro y yo (1976) y **A sus órdenes, jefe (El patrullero 777, 1978). Aunque para los que admiramos la obra temprana de Cantinflas faltarían películas como **Ahí está el detalle (1940) y **Ni sangre ni arena (1941), que fueron importantes para el desarrollo del estilo cómico de Cantinflas, el ciclo representa un abanico de filmes representativos para los temas y el humor de la comedia mexicana.

Desde títulos como **Don Quijote sin Mancha y **El patrullero 777 y Abajo el telón salta a la vista que Cantinflas, sus guionistas y directores, se nutrieron abundantemente de la literatura, el teatro, cabaret y el cine mundial para desarrollar los personajes e historias de sus filmes. Sin embargo, la verdadera gracia de Cantinflas no reside en caricaturizar a personajes de la cultura popular mundial sino en captar con sus personajes a un tipo de hombre que despierta empatía por jugar con elegancia y coquetería con los rituales de la buena conducta y el habla popular. En **Ahí está el detalle el mismo Cantinflas nos da una pista de cómo construyó su personaje que provoca la risa: A la pregunta de un personaje “¿qué gracia tiene Usted?”, Cantinflas responde en tono orgulloso “la facilidad de la palabra”. Al volver a ver sus filmes nos damos cuenta que esta “facilidad de palabra” no ha perdido su encanto. Nos parece, además, que no corresponde a lo que el diccionario de la lengua española RAE define como el verbo cantinflear: “Hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia”.

La manera “disparatada e incongruente” de la definición se refiere quizás a cómo el interlocutor del personaje interpretado por Cantinflas recibe el mensaje. Para Cantinflas, sin embargo, la manera de expresarse es una estrategia para ganarse la simpatía, esconder una falta cometida o descontrolar a su interlocutor. La avalancha de palabras y frases que no concuerdan con los rituales y convenciones de un diálogo o una conversación, son una estrategia mediante la cual Cantinflas se enfrenta a personas de clase media y alta, esconde su inseguridad, se salva de ser criticado, se gana la simpatía y logra, por lo general, conseguir alguna recompensa, aunque sea una sonrisa de desconcierto. No creo que a eso le podamos llamar “hablar sin sustancia” como lo define la RAE. Al contrario, significa no sólo utilizar sino dominar una estrategia de comunicación. No olvidemos que el habla y la palabra no sólo dicen sino que actúan sobre nuestro entorno. Y Cantinflas desarrolló las herramientas como un verdadero maestro.


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