La quimera

  • La pantalla del siglo
  • Annemarie Meier

Guadalajara /

Es maravilloso observar como el cine italiano se renueva, generación por generación, a través de creadores que se nutren, por un lado, de la larga y rica tradición, para, por el otro, actualizarla y enriquecerla con historias, temas y lenguajes visuales y sonoros que extienden convenciones cinematográficas. La realizadora Alice Rohrwacher (Toscana 1981) es el modelo de una realizadora italiana actual, culta, inteligente e inmensamente creativa y arriesgada.

Con Corpo Celeste (2011), Le meraviglie (2014, Lazzaro felice (2018), Le pupile (2023)

y La chimera (2023) la directora observa la Italia del pasado y presente con la intención de acercarse a lo profundamente italiano: El ambiente del campo, el terruño que guarda leyendas y mitos, el carácter de los italianos que integran en su vida la lucha por la sobrevivencia cotidiana con los encuentros y milagros que esperan a la vuelta de la esquina. Rohrwacher observa y narra desde lo local a lo universal. Al describir con extrema autenticidad tanto el entorno, como pueblos y personajes, construye un universo que atrapa con su densidad las emociones del espectador. El humor y la profunda empatía con la que Rohrwacher nos comparte su visión de Italia, nos da la impresión de conocer el país, explicarnos porqué nos atrae tanto, porqué ha creado mitos, mafias y géneros de cine y porqué es tan difícil de gobernar.

Con extrema libertad Rohrwacher arma un relato que se aleja de la narración cronológica. Todo fluye, se integra, desintegra y da lugar a sucesos, encuentros e historias. La quimera empieza en un tren que atraviesa la campiña italiana. En un compartimento varias mujeres observan divertidas a un enigmático extranjero de traje blanco que está profundamente dormido. Frente al auditor que verifica los boletos y un vendedor ambulante que ofrece todo tipo de mercancías, el extranjero se muestra sumamente agresivo. Más adelante nos enteramos que se llama Arthur (Josh O’Connor), es inglés y acaba de salir de la cárcel por el robo de tesoros arqueológicos etruscos. Estamos en los años 80 del siglo pasado y en un pueblo del centro de Italia un grupo de cómplices esperan la llegada del hábil buscador de tesoros.

El grupo de pillos que viven de la búsqueda y venta de tesoros etruscos, una maestra de canto que vive con sus hijas en un palacio, su sirvienta de nombre Italia y un médico veterinario que sirve de mediador entre los pueblerinos y la red internacional de traficantes de piezas arqueológicas, son mucho más que personajes secundarios ya que en ciertos momentos del filme adquieren carácter protagónico. Nos recuerdan las ocurrencias de I Vitelloni de Federico Fellini, los filmes de Roberto Rosellini (la maestra de canto es interpretada por la actriz Isabella Rossellini, hija de Ingrid Bergman y Roberto Rossellini) y Pier Paolo Pasolini (en especial por los elementos mitológicos como el hilo rojo de Ariadna que rige el destino de Arthur).

La cultura italiana resalta en un desenfrenado desfile de hombres vestidos de mujer, la utopía de una comuna de mujeres con hijos pero sin hombres en una estación de ferrocarril abandonada y el descubrimiento de un santuario con una bellísima estatua etrusca que descubre la red internacional de traficantes de piezas arqueológicas. La mujer de nombre Italia vive y sueña con el futuro, los pillos y la mafia internacional se nutren del pasado, el buscatesoros inglés es adicto al duelo y el pasado. Alice Rohrwacher narra las características y los dramas de su país con imágenes en formatos análogos de 35, 16 y super 16 mm, creados por la cinefotógrafa Hélène Louvart. Para los espectadores es un deleite involucrarse en este universo de milagros, mitos y leyendas, tiempos y espacios entretejidos y personajes tan bizarros como atractivos.


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