“O agente secreto”

  • La pantalla del siglo
  • Annemarie Meier

Jalisco /

“Un país y sus tiburones” sintetizó una crítica de cine alemana el filme “Un agente secreto” de Kleber Mendonça Filho mientras que el realizador comenta en una entrevista “quise narrar lo invisible”. Lo invisible en 1977, durante la dictadura militar que estranguló a Brasil y sembró el terror entre 1964 y 1985. Con sus contrastantes, colores saturados al estilo tecnicolor, personajes bizarros y su narración compuesta por situaciones, acciones, recuerdos, diálogos y secuencias fantásticas que reflejan una pesadilla, el filme no busca la identificación del espectador sino su apertura y placer por un discurso extravagante que apela a la reflexión. Reflexión sobre lo que una férrea y violenta dictadura causa en la sociedad y los individuos.

La primera secuencia es más que elocuente: A una gasolinera de un paraje solitario llega un volkswagen amarillo del que baja un hombre de unos cuarenta y tanto años para cargar gasolina. Con asombro mira hacia un cuerpo cubierto por cartones que yace a unos metros. “No se fije”, le comenta el despachador, “ahí tiene varios días sin que la policía lo recoja”. En este momento llega una patrulla de la que descienden dos policías. Recogerán el cuerpo, pensamos. Pero no, un policía se acerca al viajero, le pide sus papeles, un “donativo” y la patrulla toma de nuevo la carretera. La secuencia no sólo introduce al protagonista de nombre Marcelo (Wagner Moura), perseguido por matones a sueldo por sospechar que es espía o agente secreto. También nos ubica en el ambiente de abandono y corrupción, una consecuencia de la dictadura que siembra miedo, paranoia y muerte en un país con una población multirracial alegre y sociable que vive la vida como carnaval. Así la reconocemos al inicio del filme y a través de un montaje de imágenes en blanco y negro acompañados por el ritmo de una Samba.

Como hilo narrativo la película sigue a Marcelo quien llega de Sao Paolo a su natal Recife para reencontrarse con su hijo al que había dejado al cuidado de sus abuelos, y buscar el acta de nacimiento de su madre en los archivos del municipio. A través del encuentro con su hijo, sus padres, habitantes del lugar, la policía, una banda de gangsters y el cine, donde en su niñez vio películas como Tiburón, Marcelo experimenta el ambiente de represión que domina, el abandono del orden público y la pérdida de la identidad. Además de recordar a su esposa fallecida, convivir con su familia y buscar a sus antepasados, tiene que huir de la persecución y los asesinos a sueldo.

La metáfora del tiburón que aparece a lo largo del filme - ya que un tiburón que encontraron muerto guardaba en sus entrañas la pierna peluda de un hombre – se convierte en leyenda popular y la pierna acaba atacando a hombres y mujeres en actos prohibidos. Aparte de remitir a una leyenda de Recife y a la película Tiburón, la bestia también nos recuerda el tiburón de la Opera de tres centavos de Bertold Brecht, en la que el tiburón es Mackie Messer, un criminal que esconde su cuchillo después de matar. La sospecha no me parece arriesgada ya que Mendonça, como guionista y director, introduce en su filme un personaje de nombre Hans, un judío alemán que se exilió en Recife como sastre y adquirió fama por las cicatrices que la tortura de los nazis le dejaron en piernas y pecho. El actor alemán Udo Kier quien interpreta a Hans como sobreviviente de la dictadura nazi, trabajó en varios filmes de Rainer Werner Fassbinder antes de insertarse al cine estadounidense donde le solían encargar los roles de gangster o vampiro. Hans fue su último rol de cine ya que Kier murió en noviembre del 2025. No cabe duda, “El agente secreto” trata del miedo y terror que sembró tanto la dictadura nazi como la brasileña y los regímenes de poder autoritario como el de Bolsonaro y otros jefes políticos que hoy en día marcan los tiempos que vivimos.

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