Compañeros alados en ciudades

Estado de México /

Es fascinante observar la presencia y conducta de plantas y animales presentes en diferentes épocas del año en nuestro entorno.

Este espectáculo merece dedicarle un tiempo para apreciar el ritmo del ciclo de la vida, su armónico proceso y cómo los seres vivos se las ingenian para garantizar su reproducción.

Las aves se encuentran en múltiples espacios como zonas urbanas, en el campo, la playa, lugares cálidos, fríos, templados, etcétera, todas ellas con diversas adaptaciones para sobrevivir.

Algunas como los conocidos zanates, que no son cuervos, se han adaptado a las ciudades y la convivencia con humanos, esta polifacética ave es capaz de tomar el alimento de las mesas y salir volando, abrir empaques para buscar comida, anunciar su presencia con el brillante color negro de sus plumas y su estridente canto, el zanate mexicano (Quiscalus mexicanus) es un ave que frecuentemente se encuentra en diversos lugares.

El zanate es originario de Mesoamérica considerando México y Centroamérica, registros en la obra de Sahagún, Historia General de las cosas de la Nueva España, en el libro XI “De las aves”, menciona que “…es tan grande como un ave que se llama tzanatl, que es como una urraca o pega de España: tiene la cola de forma y composición de estas aves que se llaman tzanatl o teuzanatrl que se crían en los pueblos…”.

Esta ruidosa ave utiliza el sonido para confundir a los depredadores y proteger a otras aves, se ha observado que es muy inteligente y aprende observando a otros, a veces usa los nidos vacíos para sus polluelos, le gusta asolearse abriendo las alas al sol, que según los expertos es la mejor forma de eliminar parásitos y regular su temperatura. En la primavera y época de lluvias hace más ruido para impresionara a las hembras y ahuyentar a los machos, así que el que grita más fuerte gana, y además tiene que realizar un buen baile amenizando el cortejo con el canto. Los zanates son muy protectores con sus crías, los alimentan, limpian el nido, hasta parecen amorosas con su progenie. Las cubren con sus alas cuando llueve, les enseñan a volar, y también estrategias para sobrevivir; sus madres son las maestras para la vida, algo que comparten todas las madres de cualquier especie: cuidar a las crías y ser felices al verlas volar.

Muchísimas felicidades a las amorosas madres.


  • Arlette López
  • Facultad de Estudios Superiores Iztacala UNAM
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