La forma correcta de buscar un nuevo empleo

  • Cómo construir una vida
  • Arthur C. Brooks

Ciudad de México /
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M+.- “Mi trabajo es una pesadilla kafkiana”, me dijo un joven amigo. Entendí que se refería a La metamorfosis, la famosa novela corta surrealista de Franz Kafka publicada en 1915, en la que el protagonista, Gregor Samsa, está atrapado en una vida de viajante de comercio que considera monótona y carente de sentido. “Día tras día, siempre de viaje”, reflexiona Gregor. “El tormento de los viajes, la preocupación por los transbordos, la comida pésima a cualquier hora, el ver caras nuevas constantemente y la ausencia de relaciones que lleguen a durar o se vuelvan más íntimas”. Su vida no parece tener más trascendencia que la de, bueno, tal vez una cucaracha que corretea sin rumbo fijo de un sitio a otro y acaba muriendo en el más absoluto anonimato. Y es justo aquí donde entra en juego el genio surrealista del autor: Gregor se transforma realmente en un insecto gigante (representado a menudo en adaptaciones visuales como una cucaracha).

Supuse que mi amigo estaba haciendo una comparación figurativa, por lo que no creí necesario comprobar si había corrido la misma suerte que Gregor. En cambio, consideré que debía cambiar su situación y le ofrecí algunos consejos basados en las ciencias sociales sobre la mejor manera de enfrentarse al mercado laboral. Tal vez tú, en tu vida laboral, te identifiques con esa sensación de alienación e impotencia que sentía mi amigo. O tal vez simplemente te gustaría ganar más dinero. En cualquier caso, no estás solo: en un momento dado, una proporción considerable de trabajadores estadunidenses busca un empleo mejor.

Aun así, es posible que dudes a la hora de dar el paso en un entorno económico incierto, sin saber si el cambio mejorará o empeorará las cosas. Permíteme compartir contigo los consejos que le di a mi amigo; espero que te sirvan para estructurar la búsqueda de un trabajo que se adapte mejor a tus necesidades, comprendiendo tus temores y posteriormente enfrentándolos de manera racional.

Para la mayoría de las personas, cambiar de trabajo es una fuente importante de estrés. Según un estudio que utilizó la Holmes-Rahe Life Stress Inventory (Escala de Estrés de Holmes-Rahe), una herramienta estandarizada para medir el estrés, cambiar de empleo genera, en promedio, aproximadamente un tercio del estrés que provoca la muerte del cónyuge, la mitad que un divorcio, una cantidad similar a la muerte de un amigo cercano y un 50 por ciento más que dejar de fumar. No es de extrañar, entonces, que las personas comunes con empleos estables se muestren renuentes a dejarlos, incluso cuando su experiencia laboral no es particularmente buena.

Las personas se resisten a los grandes cambios de vida, como encontrar un nuevo trabajo, en parte por razones biológicas. Por ejemplo, el cerebro funciona de manera más eficiente y consume menos energía cuando puede apoyarse en recuerdos consolidados, es decir, cuando no tiene que procesar demasiada información nueva. Una hipótesis neurocientífica sugiere que esto explica por qué algunas personas son dogmáticas y de mente cerrada; también explica la resistencia a la novedad: la renuencia a aprender nuevas habilidades laborales, conocer a nuevos compañeros, averiguar cómo mantener una buena relación con un nuevo jefe o planear una ruta más rápida para llegar al trabajo.

Los psicólogos han estudiado las características de las personas que más se resisten a renunciar. Como era de esperar, descubrieron que esto se aplica a los que tienen personalidades con aversión al riesgo. En un estudio de 2015 con empleados alemanes del sector de tecnologías de la información, por ejemplo, los investigadores demostraron que, aun cuando los empleados tenían la misma intención de dejar su trabajo, aquellos que se resistían al cambio tenían aproximadamente un tercio de probabilidades de dar el paso en comparación con los que estaban abiertos al cambio.

Mi difunto padre pertenecía a esta categoría de personas reticentes al cambio. Recuerdo que una vez, al mirar anuncios de empleo de su profesión, comentó: “Me encantaría postularme para uno de estos puestos”. “¿Por qué no lo haces?”, le pregunté. Me miró como si estuviera loco por sugerir algo así. Sin embargo, mi padre poseía otra característica que explica aún mejor su renuencia a cambiar de empleo: un alto grado de responsabilidad y escrupulosidad. En 2016, los psicólogos plantearon la hipótesis de que las personas con este rasgo de personalidad positivo pueden ser especialmente reacias a ser percibidas como alguien que cambia constantemente de trabajo y tienden más a aprovechar al máximo el puesto que ya ocupan.

Ante tal resistencia, lo que la gente realmente quiere saber es si cambiar de trabajo, con todas las alteraciones e incertidumbres que esto implica, probablemente conducirá a una mayor felicidad. La respuesta probablemente sea sí. Por supuesto, la conclusión definitiva depende de lo desdichado que uno se sienta en el empleo actual y de la calidad del nuevo. Pero, como escribí en una columna anterior, según un estudio, las personas que cambian de trabajo solían calificar su satisfacción con el puesto que dejaban con un 4.5 en una escala del 1 al 7. El nuevo empleo obtenía un 6 durante las primeras seis semanas, aunque esa cifra tiende descender hasta situarse en torno al 5.5 en los siguientes seis meses. Aun así, una ganancia neta a largo plazo de un punto en la satisfacción no es algo que deba subestimarse.

Para los Gregor Samsa del mundo laboral, resulta mucho más interesante saber qué ocurre si uno no renuncia a su empleo. Aunque probablemente no corras el riesgo de convertirte en una cucaracha, las investigaciones demuestran que una insatisfacción laboral crónica provoca problemas de salud mental. En un estudio de 2019 realizado con funcionarios japoneses, unos psicólogos analizaron los efectos en el estado de ánimo de los trabajadores un año después de que estos manifestaran insatisfacción laboral. Descubrieron que dicha insatisfacción estaba significativamente relacionada con la depresión en el seguimiento realizado al cabo de un año.

Como era de esperar, la calidad del trabajo también se resiente. Investigadores que estudiaron el fenómeno del “arraigo extralaboral” -cuando una persona permanece en un empleo concreto debido a factores externos como la cercanía a la escuela de sus hijos o la ubicación de su vivienda- descubrieron en 2017 que este comportamiento reduce el desempeño y el compromiso laboral, además de aumentar el ausentismo.

Si el mercado laboral estadunidense estuviera en recesión, cualquier preocupación que pudieras tener sobre renunciar estaría plenamente justificada. Sin embargo, dadas las condiciones actuales, tal vez te convenga buscar la manera de manejar tu ansiedad y dar el paso. La mejor forma de hacerlo es reconocer, en primer lugar, que la preocupación es una especie de miedo sin dirección. Para tomar buenas decisiones en situaciones de incertidumbre y con menos ansiedad, debes concentrar tu atención en los motivos exactos de lo que te hace infeliz y en qué es exactamente lo que deseas en su lugar. De este modo, todo el proceso de cambio de empleo resulta menos difuso e intimidante.

Una guía útil para abordar este proceso proviene de mi colega de Harvard Ethan Bernstein y sus coautores, Michael B. Horn y Bob Moesta. Su nuevo libro, Job Moves, documenta las experiencias de cientos de personas que han cambiado de trabajo y concluye que sus decisiones suelen estar motivadas, en gran medida, por una de cuatro “búsquedas”. Es muy probable que la causa principal de tu insatisfacción laboral encaje en alguno de estos cuatro escenarios, del mismo modo que una de esas búsquedas podría servirte para evaluar una nueva oportunidad.

Misión 1: Salir de ahí

Tu trabajo parece un callejón sin salida y, como resultado, tu futuro se ve bastante parecido al de una cucaracha. Esto puede deberse a que no ves margen para progresar o cambiar, situación que a veces implica tener un jefe que imposibilita cualquier avance. El objetivo aquí es buscar un nuevo empleo donde sientas que recibes apoyo y, al mismo tiempo, te planteen retos. Asegúrate de preguntar por estas posibilidades durante las entrevistas de trabajo.

Misión 2: Recupera el control

Aquí, el problema es que no tienes ninguna capacidad de decisión sobre tu manera de trabajar. La metáfora zoológica ya no es la de una cucaracha, sino la de un hámster. Por lo general, esto indica una cultura empresarial rígida o un jefe controlador. El objetivo al buscar empleo debe ser encontrar un puesto que te permita tener mayor capacidad de decisión sobre cómo, cuándo y dónde trabajas.

Misión 3: Recupera la sintonía.

Es posible que tu insatisfacción se deba a que sientes que no te comprenden, no te respetan o no te valoran. Esto casi siempre refleja un problema de gestión y es algo sumamente común. Según la Harvard Business Review, el 54 por ciento de los trabajadores estadunidenses afirma que no recibe suficiente respeto por parte de su jefe. La clave para encontrar un entorno más adecuado no solamentees evaluar a tu posible superior durante la entrevista, sino también hablar con otros empleados de la organización. Al hacerlo, asegúrate de preguntar específicamente si la institución fomenta una cultura de respeto y reconocimiento.

Misión 4: Da el siguiente paso

En este caso, la insatisfacción laboral no es culpa de tu empleador; simplemente has superado la etapa de tu antiguo trabajo o trayectoria profesional. Esta revelación suele producirse al alcanzar un momento importante de la vidal, como cumplir 50 años o ver cómo los hijos se independizan. La señal inequívoca es un aburrimiento persistente ante la situación actual. Diagnosticar esto requiere cierta capacidad de discernimiento: deberás escuchar atentamente tu intuición para descubrir otras opciones.

Los autores de Job Moves instan a sus lectores a tener presente un punto fundamental al cambiar de empleo: busca mejorar, no alcanzar la perfección. Cuando sientes que estás estancado en la vida, es fácil imaginar que un cambio de trabajo es la solución mágica para todos tus problemas. Por supuesto, las cosas rara vez son tan sencillas. Como vimos anteriormente, lo más realista es que, durante el primer año después de cambiar de empleo, tu nivel de satisfacción pase de 4.5 a 5.5, y no directamente a un 7. Un nuevo trabajo no arreglará tu matrimonio ni hará que me crezca el pelo. Además, es probable que encuentres aspectos que te gusten menos en el nuevo puesto; por ejemplo, un trabajo mejor puede ser también más exigente.

Si lo piensas bien, encontrar un trabajo perfecto en todos los sentidos resultaría algo surrealista. Como convertirse en cucaracha.

Braulio Montes



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