El espejismo de la diversificación

Ciudad de México /

Durante años, una idea ampliamente aceptada en los mercados fue que una combinación equilibrada de bonos y acciones y una diversificación geográfica lo hacían sentir protegido ante los vaivenes de mercados siempre volátiles. Sin embargo, al iniciar 2026 algunas dinámicas sugieren que los supuestos tradicionales están siendo puestos a prueba. Lo que muchos consideran hoy una cartera diversificada puede ser, en realidad, un “espejismo de diversificación”.

Este fenómeno se enmarca en un entorno macroeconómico distinto al de décadas anteriores, caracterizado por mayor volatilidad y fragmentación geopolítica donde las conexiones tradicionales se han roto. En el pasado, cuando las acciones caían, los bonos solían entregar cierto grado de protección. Hoy, en un entorno de inflación estructuralmente más persistente y tasas que se resisten a volver a los mínimos de la década pasada, esas relaciones pueden ser menos consistentes. El riesgo ya no se distribuye, se concentra en pocos factores que no siempre se ven a simple vista.

Una de las razones principales es que “lo micro se ha vuelto macro”. Antes se usaba el crecimiento del PIB para proyectar retornos. Decisiones de inversión de grandes empresas globales —sobre todo en tecnología e inteligencia artificial— hoy mueven mercados completos. Para México esto puede implicar oportunidades en sectores ligados a manufactura avanzada, relocalización de cadenas productivas y energía, pero también el reto de no sobreconcentrar portafolios en un puñado de empresas o temáticas de moda, según el análisis del BlackRock Investment Institute.

En este nuevo escenario, replicar índices amplios puede implicar exposiciones concentradas que no siempre son evidentes. Muchos indicadores de mercado globales muestran un peso elevado en acciones estadunidenses y, dentro de ellas, en un número reducido de grandes compañías tecnológicas. Por ello el análisis de las fuentes subyacentes de riesgo y retorno cobra creciente relevancia, sobre todo en un entorno donde no basta con una clasificación genérica por regiones o etiquetas como “mercados emergentes”. Para el inversionista mexicano, esto importa: la diversificación real no se logra solo con etiquetas como “global” o “emergentes”, sino entendiendo qué hay debajo del cofre. Comprender qué riesgos y oportunidades hay realmente detrás de cada exposición.

Para quienes toman decisiones de inversión —y para aquellos que analizan los mercados en su conjunto— esto implica repensar la diversificación como un concepto dinámico, más que estático. La resiliencia de una cartera puede depender menos del número de activos y más de la diferenciación real de sus motores de retorno. En un mundo donde el apalancamiento corporativo está aumentando para financiar transformaciones tecnológicas, la atención a la calidad del crédito y a la solidez de los modelos de negocio se vuelve especialmente relevante.

La reflexión para este año no es a abandonar la prudencia, sino a redefinirla. La diversificación sigue siendo un principio fundamental, pero requiere un análisis más profundo de las exposiciones subyacentes. En este entorno de “espejismos”, la claridad en el análisis y la capacidad de actuar fuera de los índices convencionales serán las herramientas clave para navegar las aguas de una economía global que no para de reconfigurarse.

Los mercados apuestan porel sector de tecnología. AP


  • Axel Christensen
  • Director de Estrategia de Inversiones para América Latina de BlackRock
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite