Décimo grano

Estado de México /
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Lucero sube al autobús escolar cargando un canasto repleto de mazorcas, entre peripecias logra presentar su credencial al operador y tomar el último asiento disponible. Durante el trayecto, la pesadez de los días pasados culmina con una siesta que, a pesar de ser corta, se siente como si fuera la noche más larga de su vida. Sin embargo, todo inicio tiene un fin, y al filo de las 6:39 de la mañana, el vehículo arriba al espacio escolar. Con una expresión cálida el operador les desea buen día a todos los educandos mientras abre las puertas para que realicen su descenso. Hoy pudo ser un día cualquiera, pero se tiene una fiesta, una celebración, una memoria, pues se llevará a cabo un año más del Día Nacional del Maíz, aunque sea unos días antes.

La Licenciatura en Gastronomía del Centro Universitario UAEM Tenancingo llevó a cabo la décima edición del Festival del Día del Maíz. Esta edición, más allá de las conferencias, talleres, presentaciones y convivencia gastronómica, tuvo un toque de nostalgia, pues representa una celebración que poco a poco toma tintes de tradición. La relevancia del maíz en la vida cotidiana es indudable, de él nos alimentamos millones de mexicanas y mexicanos, sobre él se ha escrito, y se seguirá haciendo, hasta el cansancio, pues representa una historia, una nación y un gusto. Sin embargo, al mirar atrás, se puede percibir un legado, donde el esfuerzo de docentes y antiguas generaciones toma forma y significado.

Es cierto que los modelos sociales actuales absorben a las nuevas generaciones, las redes sociales y su inmediatez complican o limitan la capacidad de asombro en los jóvenes. No obstante, la gula, el sazón, los aromas y la convivencia parecieran permanecer intactos, especialmente entre los alumnos del primer semestre, quienes, más allá de haber visto Ratatouille, mantienen el referente de la gastronomía como una carrera donde aprenderán a elaborar platillos famosos, de moda y novedosos, sin siquiera imaginar que, en sus propios hogares, colonias, comunidades, pueblos, villas o ciudades, se encuentra un tesoro que pocas naciones tienen.

La décima edición contó con conferencias a cargo de especialistas en arqueología, quienes ampliaron el abanico conceptual de la comida como ente de identidad. Por otra parte, contaron con talleres de bebidas tradicionales a base de maíz, un paseo por la comida poblana y la combinación del maíz con hongos nativos del Estado de México, todos con amplio interés por parte de la comunidad. Para, finalmente, culminar con un ejercicio nuevo, como parte de una auto exploración, alumnos de quinto semestre presentaron platillos típicos de sus hogares, los cuales debían ir acompañados de una narración, en la cual se expusiera cómo dichos alimentos forman parte de su vida cotidiana y el significado que tienen tanto para sí mismos como para sus familias. El cual dejó a flor de piel la delicadeza de la mesa, la profundidad del alimento en los recuerdos y la conformación de la tradición culinaria en torno al maíz. 


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