La odisea es el número 10

  • Columna de Bruce Swansey
  • Bruce Swansey

Ciudad de México /
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Desde el inicio de su gobierno, Starmer despertó en los votantes un rechazo que se transformó en obsesión. A pesar de tener un proyecto dirigido a paliar los problemas causados por Brexit, 14 años de austeridad conservadora y la emergencia amenazadora del populismo etno nacionalista, Starmer fue resentido desde que declarara que todo sería peor hasta que fuera mejor, una advertencia sombría que debió haber delegado a su ministra de Finanzas.

Su pecado original fue disminuir la subvención de combustible para los pensionistas y luego dar marcha atrás, cuando el daño ya era irreparable. Siguieron otros: subir impuestos a pesar de haber asegurado que no lo haría, negarse a controlar la renta y a subir impuestos a los más acaudalados, no controlar la inmigración ilegal a la que se refirió como una invasión que pronto haría al Reino Unido (RU) irreconocible en un discurso con tufo xenófobo, el escándalo Mandelson, quien fuera designado embajador en Washington a pesar de su estrecha amistad con Epstein y que luego fue destituido, la inestabilidad del gabinete que terminó con la renuncia del secretario de Defensa, prohibir las manifestaciones a favor de Palestina considerándolas terroristas y sucesivos bandazos terminaron por hacer inviable su gestión.

Con el tiempo se discernirán sus aciertos en medio de una crisis que corre el riesgo de hacer el RU ingobernable.

Andy Burnham, el séptimo primer ministro en una década, es el primer católico en mudarse al número diez de Downing Street. La tarea que lo espera es enorme y compleja y si le sucede lo mismo que a sus antecesores será también incapaz de torcer el rumbo del RU desde su desgajamiento de la Unión Europea (UE).

El país se encuentra en una situación grave: bancarrota de los servicios públicos, escasa productividad, fragmentación política y la dificultad para mantener el estado de bienestar son algunos de los problemas que Burnham enfrentará.

El estado de bienestar social exige un ajuste severo para que el presupuesto requerido no continúe creciendo, pero es imposible frenarlo sin afectar a quienes ya reciben ayuda.

Desde el covid se creó una partida para quienes quedaron incapacitados física o mentalmente. La ansiedad llegó para quedarse y muchos todavía se declaran al borde del ataque de pánico, malestar que prefieren en lugar de trabajar. Esto no sólo implica costo al erario público, sino que también es un obstáculo para la productividad que requiere combatir el desempleo. En medio de la emergencia de la Inteligencia Artificial (IA) y la amenaza a empleos tradicionales, el problema se vuelve más complejo.

La inversión en defensa es otro escollo enorme. Desde que el factor naranja decidiera que ya era hora de que la UE, que detesta, pagara su protección, los países miembros han elevado su inversión en armamento, pero no lo suficiente para ser realmente independientes del caos programado en la Casa Blanca. Los últimos días del gabinete de Starmer vieron la renuncia del secretario de la Defensa precisamente a causa de una partida insuficiente para garantizar la seguridad nacional. Ante eso una de las últimas decisiones de Starmer fue aumentar ese presupuesto dejando al nuevo gobierno con un déficit de 4.7 billones de libras. Además, el compromiso con la OTAN de destinar 3.5 por ciento del presupuesto a la defensa exige restringir el gasto en otras áreas, también prioritarias.

Los impuestos son clave para financiar el plan de gobierno. Como sus antecesores, Burnham ha asegurado que no subirá los impuestos, pero ha dicho que habrá espacio para redistribuirlos. Las grandes compañías como Amazon, con enormes almacenes fuera de las ciudades podrían pagar más, mientras los pequeños comerciantes en los centros urbanos pagarán menos. Otras posibilidades son fiscalizar el valor agregado en lugar del trabajo.

En cuanto a la inmigración, el nuevo gobierno adoptará una posición que consiste en alargar el tiempo de espera para legalizar a los inmigrantes de cinco a diez años y deportar inmigrantes y refugiados si se considera que sus países de origen son seguros. El riesgo es que incluso Ruanda, notable infractor de los derechos humanos, fue considerado un país seguro para contener la inmigración ilegal. Es uno de los grandes obstáculos para estabilizar la opinión pública y combatir la xenofobia que está en la raíz del etnonacionalismo de extrema derecha.

La situación de los juzgados se añade a la lista de problemas porque no se dan a basto. Quienes esperan juicio deben armarse de paciencia, y también es necesario invertir en las prisiones, sobrepobladas y al borde del colapso.

La relación con Washington, privilegiada hasta la presidencia de Biden, es el gran escollo geopolítico para Burnham, pero también para el resto del mundo. Los dirigentes europeos no han logrado aprender la mejor forma de reaccionar ante los ataques del factor naranja, excepto para dejarle claro que Groenlandia no está a la venta.

En cuanto a la situación geopolítica, la guerra en el Medio Oriente y sobre todo el limbo bélico contra Irán implica un grave problema moral y financiero. Burnham ha prometido mano dura contra Israel, pero el conflicto que afecta el estrecho de Ormuz y sus consecuencias financieras está fuera de sus manos. En noviembre habrá una reunión de mandatarios en la que el factor naranja participará. Ya se verá qué tipo de relación entabla Burnham con el impredecible Trump, siempre atento a manipular el mercado para su propio beneficio.

Otro asunto pendiente es el acercamiento a la UE que Starmer iniciara. La crisis del RU en gran parte se debe al referéndum que lo separó de la UE. El proceso es lento y exigirá negociaciones externas e internas con una población que continúa dividida, aunque de creer en las encuestas, estas favorecen a quienes desean reintegrarse en la UE. A pesar de la necesidad de reparar los nexos con el continente es posible que Burnham no le dé la importancia que tuvo para Starmer.

La experiencia de Burnham como alcalde de Mánchester fue positiva y le dio uno de sus caballos de batalla más populares: la descentralización. Según él, quienes saben más acerca de los problemas locales son las autoridades del lugar. La devolución de poderes para hacer más autónoma e independiente la provincia respecto de Londres es parte significativa de su política aunque no podrá realizar ese proyecto sin afectar la maquinaria de Westminster. Es previsible la oposición a la devolución de poderes porque involucra la mayor autonomía de Escocia y de Gales y de las alcaldías en manos de la extrema derecha.

La nacionalización de los recursos naturales es otro tema que exigirá inversiones formidables porque junto con otros servicios públicos, el manejo del agua y la electricidad es deplorable. La contaminación de ríos y lagos y el deterioro de la infraestructura exigen una solución urgente.

Todo esto sucede en los tiempos de la IA y la necesidad de regular los medios sociales, los centros de información que exigen enormes cantidades de agua y electricidad cuyo costo paga el erario público, es decir los impuestos de los ciudadanos, a pesar de que las grandes compañías norteamericanas hacen todo lo posible por obstaculizar la regulación.

Por si fuera poco, Burnham deberá decidir el futuro energético de la isla. Están las reservas de petróleo y gas en el Mar del Norte, pero el gobierno de Starmer prometió no dar más concesiones, algo que el nuevo gobierno mantendrá a pesar de la presión ejercida por el alza del precio de los energéticos. La aspiración ecológica ejerce cada vez más presión en favor de energías limpias y de la revalorización de las centrales nucleares.

En una reunión en Mánchester, en lo que se considera un discurso inaugural de su mandato, Burnham pidió imaginar crecimiento en cada región y esperanza en cada ciudadano. Habló de una mayor densidad residencial en los pueblos, del proyecto más ambicioso de vivienda popular desde la posguerra, de la creación del número 10 del norte y del renacimiento del RU. El mensaje es claro: hay motivos para tener esperanza. El lunes 20 inició la odisea de Burnham en el número 10 de Downing Street. Comenzó dando a conocer la lista de quienes formarán su gabinete y eso aclarará lo que por el momento se sospecha: las líneas de trabajo que determinarán el éxito o el fracaso de otro nuevo primer ministro.


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