Charolastre

Estado de México /
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Uno de los aprendizajes más significativos que tengo vino de alguien que un día me soltó: “hay dos cosas en la vida para las cuales se debe tener cuidado, para hablar y para comer pescado”. La frase me ha venido a la cabeza por culpa de Gael García Bernal y ese desliz, en una entrevista en Canal 22, donde se avienta la puntada de no poder ver la película La Odisea por estar hablada en inglés.

Aunque el segmento forma parte de una entrevista de poco más de una hora, hecha por Cassandra Ciangherotti para el programa Léemelo, ha servido para patear el avispero y poner a dar lata a eso que la política woke insiste en llamar “las-audiencias”.

“Inmamable” es el término con el que mileniacos y centeniales tildan este tipo de ocurrencias, mientras le dan hasta por debajo de la lengua al espécimen en cuestión, que queriendo o no termina trepado en el tren del mame.

No cabe duda que a los implicados, como cantaba Alaska, la envidia les corroe, su vida les agobia. El hecho de que Gael tenga ese dejo de autenticidad, desparpajo y soberbia es motivo suficiente para que la perrada se le vaya encima. Y con ello pone en evidencia que le odia por no ser de la estatura de su vida.

Ahora resulta que llama la atención el nivel de “hiperlactosidad” al que puede llegar el mequetrefe en cuestión, cuando por años ha prodigado trazos que confirman que lo suyo lo suyo es la pedantería con aspiraciones intelectualoides.

Me extraña que, siendo araña, el respetable no sepa las mañas de las que se vale el actor para ganarse la antipatía de quien osa exponerse a la profundidad de sus razonamientos. Y es que casi de a tiro por viaje van de la mano sus exabruptos verborreicos con la reacción virulenta de los haters, que no valoran semejante tesoro de la cinematografía.

Hace años tuve oportunidad de entrevistar a Patricia Bernal, madre del ente en cuestión. La charla derivó en una grata sensación de haber conversado con una persona con don de gente. Me queda claro que lo que se mama desde la cuna es fundamental, pero también que hay maderas en las que el barniz no agarra.

Si es intención de Gael caer mal o no, es lo de menos, pero es una realidad que se le facilita la animadversión. Porque se le puede pasar la cuestionable calidad de los churros en los que participa y hasta la característica pose “mugro”, pero es demasiado que cada que abre el pico suelta dos o tres sandeces, poniendo de manifiesto la falta de sentido de la vergüenza pública.

Se atribuye a Groucho Marx la máxima de resultar más conveniente estar callado y parecer tonto, que abrir la boca y disipar dudas. Con el ejemplo en cuestión queda claro una vez más el papel que en la película de la cruda realidad le ha tocado interpretar al Charolastra.


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